La muerte de Facundo Cabral me lleva a pensar en lo difícil que es para la mayoría de los hombres expresar los sentimientos. Él lo hacía… y de qué manera. Los hombres somos moldeados para esconder lo que sentimos, desde el dolor hasta el amor. Tenemos expresiones mecánicas para sentirnos entendidos por los demás hombres y acudimos al marketing para que el sexo complementario se sienta bien con nosotros y acepten nuestras propuestas.
Por millones de años el hombre que dejaba a su cuerpo o a sus ojos mostrar el miedo que recorría su interior era una presa fácil para los animales o sus enemigos. Una mirada hostil y puños apretados intimidaban a cualquiera. En la conquista no se podía ser sutil, las mujeres necesitaban un macho que trajera el sustento, que defendiera el nido de ataques y que le diera a los mejores herederos, o sea, los que fueran fuertes para darle continuidad a la raza. Bajo esas condiciones un hombre que mostrara sentimientos era un seguro fracasado y de corta vida.
Hasta hace menos de cincuenta años la situación apenas había variado. Sólo a los artistas se les permitían expresiones fuera de las estipuladas para los hombres. Pero llegó la revolución de la mujer… ella salió del nido y la era industrial cambió la forma de mantener una familia. Ya no es con trabajo duro y presas que se cazan en la selva. Ahora se gana dinero y la mujer es capaz de ganarlo. El mantenimiento de la casa es asunto de dos… la evolución es rápida, es momento de adaptarnos.
Ahora la mujer ya no depende de un macho, ella quiere un hombre. Pero las confusiones llegan por doquier y en la adaptación a la evolución podemos quedar atrapados en una nueva sociedad que nadie realmente quiere. El macho quiere la mujer que atienda el nido y le prepare la comida como fue hasta la generación que nació antes de mediados del siglo XX. Pero también quiere que lo comprenda en su rol de proveedor. La mujer antigua ya casi no existe, por eso la vida en pareja de esos machos se extingue cuando la mujer comienza a ganarse el sustento. Ella se da cuenta que el proveedor no es tan necesario como parece y las madres solteras se multiplican en las sociedades.
La mujer moderna procura un hombre evolucionado, él tiene que dar parte del sustento y a la vez pensar casi como mujer. Buen conversador, con sentimientos a flor de piel, delicado e inteligente. La mujer pone requerimientos de un hombre evolucionado, pero sentimentalmente muy parecido a una mujer.
¿Dónde está el equilibrio? El hombre quiere que lo comprendan y la mujer también. El hombre quiere a la mujer de antes y la mujer al hombre que no es el de antes. ¿Llegaremos al punto de equilibrio? En lo que recorremos el camino, yo diría que debemos dedicarnos a entendernos mejor y darnos a entender.
¿Qué tiene de malo sentir dolor? Siempre nos han dicho que: “Los hombres no lloran”. Sencillamente para no escuchar los molestos gritos. Los niños lloran para llamar la atención y que les busquen soluciones, no por el dolor recibido. Los hombres lloramos más de rabia que de dolor.
¿Qué tiene de malo sentir amor? Pero nos dicen: “Esa mujer te va a dominar”. Mostrar el amor sentido es tomado como una muestra de vulnerabilidad.
Mi propuesta es que seamos más sinceros en la expresión de nuestras necesidades y en el reconocimiento de la forma de ser de los demás. Si elige una pareja sólo con el corazón, a la corta o a la larga terminará la época del marketing y la verdadera persona saldrá a flote, usted querrá que las cosas cambien y todo será tan difícil. No esperen que los hombres pensemos y actuemos como mujeres, eso sería una catástrofe. Por nuestro lado, los hombres no podemos esperar que la mujer piense toda la vida como cuando tiene veinte años, ella cambiará y modificará sus necesidades. Mantener una familia en esta era es más que llevar el sustento: Hoy tenemos que hablar; resolver problemas en conjunto; mostrar el amor que corre por nuestras venas… más que con regalos, con actos y comprensión; estar en el hogar; estar integralmente en el desarrollo de nuestro gran proyecto… nuestros hijos; y mucho más.
Hasta la próxima entrega–.
FRASE DE LA SEMANA
“Ser cada día menos macho no me hace ser menos hombre.”
Diego A. Sosa
Consultor, Coach, Conferencista y Escritor
Artículos de crecimiento personal y profesional. También los puedes encontrar en mi página www.diegososa.info al igual que mis libros.
lunes, 11 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
¿ QUIÉN DOMINA MIS EMOCIONES ?
Desde pequeños los demás se hacen cargo de nuestras emociones… los padres nos dicen que no lloremos, los compañeros nos hacen enojar y llorar. Cuando crecemos son las parejas las que se encargan de demostrarnos que no somos nada cuando juegan a hacernos deprimir.
Llega un momento en la vida que tenemos que decidir quién debe estar a cargo de nuestras emociones. Yo propongo que, así como debemos hacernos cargo de nuestro destino, así mismo nuestras emociones deben estar bajo nuestras decisiones. No es que dominaremos nuestras emociones, pero sí podemos dominar lo que haremos con ellas, o sea, nuestras reacciones.
Parece fácil, pero no lo es… los niños y nosotros tendemos a culturizarnos, con la mente en que otros nos dominen. Para empezar, le diré que podemos ayudar a los niños a que ellos decidan por sus emociones. Es hora de hacerles entender que lo que los demás le digan no debe incidir en sus emociones. Ellos deben decidir cuando lloran y cuando se enojan. Cuando alguien quiere hacerlos enojar, es hora de no hacerle caso, eso los hará ganar el juego. La idea es que sepan que si se enojan están dejando que los otros ganen, y en esa competencia entenderán que ellos son lo que pueden ganar cuando no le hacen caso a comentarios tontos que los demás hacen para hacerlos enojar.
Para los adultos suele ser más difícil, tenemos una cultura de muchos años y nos parece imposible cambiarla. No podemos darnos por vencido antes de comenzar. Como decía, lo que dominaremos no serán nuestras emociones, sino las reacciones que tendremos cuando ellas sean llamadas.
Así como podemos controlar la rabia y no golpear a alguien, podemos controlar que esa rabia sea menor, eso cuando nos mentalizamos en que nosotros somos los únicos dueños de nuestras reacciones.
Cuando hacemos algún deporte nos damos cuenta que nos molestan para que nos enojemos y cometamos errores, entonces tenemos que aprender a controlar el enojo, de lo contrario siempre nos tendrán los demás a su merced.
¿Qué haría si la bocina de su auto no funcionara? ¿Cree que se angustiaría más en el tránsito? Le diré que depende de cómo usted lo tome. Si se siente impotente y abandonado, entonces podrá recibir un ataque al corazón. Sin embargo, si se da cuenta que no podrá cambiar nada fuera de su auto ya que nadie le está oyendo, entonces transitar por las calles se convertirá en una felicidad. Y le aseguro que, con o sin claxon, llegará al mismo tiempo... Usted elige si llegar estresado o sin estrés.
Un día, apresurado en las calles, toqué tan fuerte la bocina de mi auto que se quedó directa, no paraba de sonar… eso me llevó a tener que pararme y desconectarle los cables. Además de llegar más tarde a mi cita, la señora que manejaba de forma errática al frente mío, no se apresuró en lo más mínimo. Y no sólo eso, mis manos estaban sucias.
Luego de eso dejé la bocina desconectada cerca de dos años, esto me terminó enseñando que se vive más feliz cuando uno domina sus emociones.
Más sobre este tema en mi libro:
- ¡Alcanza la Cumbre!
Llega un momento en la vida que tenemos que decidir quién debe estar a cargo de nuestras emociones. Yo propongo que, así como debemos hacernos cargo de nuestro destino, así mismo nuestras emociones deben estar bajo nuestras decisiones. No es que dominaremos nuestras emociones, pero sí podemos dominar lo que haremos con ellas, o sea, nuestras reacciones.
Parece fácil, pero no lo es… los niños y nosotros tendemos a culturizarnos, con la mente en que otros nos dominen. Para empezar, le diré que podemos ayudar a los niños a que ellos decidan por sus emociones. Es hora de hacerles entender que lo que los demás le digan no debe incidir en sus emociones. Ellos deben decidir cuando lloran y cuando se enojan. Cuando alguien quiere hacerlos enojar, es hora de no hacerle caso, eso los hará ganar el juego. La idea es que sepan que si se enojan están dejando que los otros ganen, y en esa competencia entenderán que ellos son lo que pueden ganar cuando no le hacen caso a comentarios tontos que los demás hacen para hacerlos enojar.
Para los adultos suele ser más difícil, tenemos una cultura de muchos años y nos parece imposible cambiarla. No podemos darnos por vencido antes de comenzar. Como decía, lo que dominaremos no serán nuestras emociones, sino las reacciones que tendremos cuando ellas sean llamadas.
Así como podemos controlar la rabia y no golpear a alguien, podemos controlar que esa rabia sea menor, eso cuando nos mentalizamos en que nosotros somos los únicos dueños de nuestras reacciones.
Cuando hacemos algún deporte nos damos cuenta que nos molestan para que nos enojemos y cometamos errores, entonces tenemos que aprender a controlar el enojo, de lo contrario siempre nos tendrán los demás a su merced.
¿Qué haría si la bocina de su auto no funcionara? ¿Cree que se angustiaría más en el tránsito? Le diré que depende de cómo usted lo tome. Si se siente impotente y abandonado, entonces podrá recibir un ataque al corazón. Sin embargo, si se da cuenta que no podrá cambiar nada fuera de su auto ya que nadie le está oyendo, entonces transitar por las calles se convertirá en una felicidad. Y le aseguro que, con o sin claxon, llegará al mismo tiempo... Usted elige si llegar estresado o sin estrés.
Un día, apresurado en las calles, toqué tan fuerte la bocina de mi auto que se quedó directa, no paraba de sonar… eso me llevó a tener que pararme y desconectarle los cables. Además de llegar más tarde a mi cita, la señora que manejaba de forma errática al frente mío, no se apresuró en lo más mínimo. Y no sólo eso, mis manos estaban sucias.
Luego de eso dejé la bocina desconectada cerca de dos años, esto me terminó enseñando que se vive más feliz cuando uno domina sus emociones.
Más sobre este tema en mi libro:
- ¡Alcanza la Cumbre!
FRASE DE LA SEMANA
“Me puedo enojar, la diferencia de mi tranquilidad la hace cuánto tiempo me quedo enojado.”
Diego A. Sosa
Consultor, Coach, Conferencista y Escritor dominicano
lunes, 27 de junio de 2011
¡ AUXILIO, TENGO UN JEFE !
Normalmente hablo de qué hacer con los subordinados, o sea, los componentes más importantes del equipo… Esta vez, quiero referirme al jefe, a aquel que no es líder, pero que lo tenemos por encima en la jerarquía. Es difícil cambiar a los demás, a veces, el sólo pensarlo, es perder el tiempo, pero muchos tenemos que vivir con un jefe.
No se debe ser negativo, aunque así se escucha mi frase anterior. Quiero ser realista, no le daré esperanzas, le daré herramientas para llevar su vida con el jefe un poco más aliviada. Pero no se haga la ilusión de que podrá cambiarlo.
Los que son jefes siempre creen tener la razón, llevarles la contraria sólo traerá problemas. Le recomiendo que conozca a su jefe para saber cómo hacer las cosas, entonces no tendrá problemas en ese sentido. Por ejemplo:
• ¿Las comunicaciones tienen que ser escritas, o sólo con una llamada telefónica bastaría, o le gustan a su jefe las reuniones?
• ¿Las cosas pueden esperar o prefiere que le informen inmediatamente?
• ¿Quiere que le informen de los problemas o prefiere que le hagan saber las soluciones?
• Hay que saber el humor que se encuentra el jefe antes de informarle algo o de solicitar alguna información.
• ¿Cuál estilo de trabajo prefiere?
• ¿Conoce y acepta nuestro estilo de trabajo?
Será importante que conozca las presiones por las que pasa su jefe, esto no justificará nunca el comportamiento que él tiene, pero hará más fácil su vida saber que no puede colocar más presión; podría ser, en su presencia y por su actitud, que explote la caldera.
No podremos cambiar al jefe, pero sí podemos cambiar de jefe o de trabajo. Lo que le recomiendo es, antes de tomar un trabajo, examinar y conocer a su jefe realmente; pregunte a los que trabajan con él. Así como la empresa tiene derecho a buscar referencias suyas, usted está en la obligación de encontrar informaciones de la forma gerencial de su futuro manejador.
Cuando comience en un lugar o un nuevo jefe llegue al equipo, usted tiene la mejor, y muchas veces la única, oportunidad de conseguir una buena relación profesional. Para eso es necesario poner las cosas claras, pero no en el sentido de imposición, sino de cooperación. Es el momento de tomar unos minutos y preguntar cómo quiere que se hagan las cosas. Además, es oportuno pedir que les enseñe, si es necesario, lo que le haga falta para poder conseguir los objetivos del equipo.
Tenga una reunión y apunte lo que se habla, con esas notas haga un memorando para que el nuevo jefe tenga la opción de corregirlo, aclararlo, o anexarle información. Además, así le quedará por escrito, eso compromete a las partes a mantener una conducta adecuada a lo que se habló.
Su jefe puede ser un mal necesario, lo bueno sería que él se diera cuenta de lo bueno que es para todos ser líder, convertir al grupo en un equipo y conseguir los mejores resultados de la forma más eficiente y efectiva posible.
Más sobre este tema en mi libro:
- Click
No se debe ser negativo, aunque así se escucha mi frase anterior. Quiero ser realista, no le daré esperanzas, le daré herramientas para llevar su vida con el jefe un poco más aliviada. Pero no se haga la ilusión de que podrá cambiarlo.
Los que son jefes siempre creen tener la razón, llevarles la contraria sólo traerá problemas. Le recomiendo que conozca a su jefe para saber cómo hacer las cosas, entonces no tendrá problemas en ese sentido. Por ejemplo:
• ¿Las comunicaciones tienen que ser escritas, o sólo con una llamada telefónica bastaría, o le gustan a su jefe las reuniones?
• ¿Las cosas pueden esperar o prefiere que le informen inmediatamente?
• ¿Quiere que le informen de los problemas o prefiere que le hagan saber las soluciones?
• Hay que saber el humor que se encuentra el jefe antes de informarle algo o de solicitar alguna información.
• ¿Cuál estilo de trabajo prefiere?
• ¿Conoce y acepta nuestro estilo de trabajo?
Será importante que conozca las presiones por las que pasa su jefe, esto no justificará nunca el comportamiento que él tiene, pero hará más fácil su vida saber que no puede colocar más presión; podría ser, en su presencia y por su actitud, que explote la caldera.
No podremos cambiar al jefe, pero sí podemos cambiar de jefe o de trabajo. Lo que le recomiendo es, antes de tomar un trabajo, examinar y conocer a su jefe realmente; pregunte a los que trabajan con él. Así como la empresa tiene derecho a buscar referencias suyas, usted está en la obligación de encontrar informaciones de la forma gerencial de su futuro manejador.
Cuando comience en un lugar o un nuevo jefe llegue al equipo, usted tiene la mejor, y muchas veces la única, oportunidad de conseguir una buena relación profesional. Para eso es necesario poner las cosas claras, pero no en el sentido de imposición, sino de cooperación. Es el momento de tomar unos minutos y preguntar cómo quiere que se hagan las cosas. Además, es oportuno pedir que les enseñe, si es necesario, lo que le haga falta para poder conseguir los objetivos del equipo.
Tenga una reunión y apunte lo que se habla, con esas notas haga un memorando para que el nuevo jefe tenga la opción de corregirlo, aclararlo, o anexarle información. Además, así le quedará por escrito, eso compromete a las partes a mantener una conducta adecuada a lo que se habló.
Su jefe puede ser un mal necesario, lo bueno sería que él se diera cuenta de lo bueno que es para todos ser líder, convertir al grupo en un equipo y conseguir los mejores resultados de la forma más eficiente y efectiva posible.
Más sobre este tema en mi libro:
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FRASE DE LA SEMANA
“Un líder es como una nebulosa; de su seno nacen las estrellas.”
Diego A. Sosa
Consultor, Coach, Conferencista y Escritor dominicano
lunes, 20 de junio de 2011
MI TELÉFONO TRABAJA PARA MÍ
El tiempo es un recurso no renovable; cada día es más difícil tener tiempo suficiente para dedicarlo a todas las actividades que quisiéramos realizar. Tenemos obligaciones, y ellas se llevan gran parte de nuestro tiempo. Cada día tiene 24 horas y así será por mucho tiempo más.
Tenemos fuentes que se alimentan de nuestro tiempo… debemos controlarlas al máximo, de lo contrario, estaremos estresados y no podremos disfrutar de lo que realmente nos hace felices, ni podremos realizar nuestras funciones de una manera eficiente y eficaz (bien hechas y con pocos recursos).
Si quiere o tiene que llamar a alguien, sea consciente de lo que vale su tiempo y el de los demás.
• Antes de llamar, identifique el motivo de la llamada. Piense todo lo que necesita y haga una lista. Cuando realice la llamada siga, su lista hasta terminarla.
• Piense si sería más rápido o efectivo el envío de un correo electrónico. Sí, muchas cosas que se dicen deben quedar por escrito… entonces, hágalo la primera vez. Si me dice que no tiene tiempo para hacerlo, le diré que no tiene tiempo porque trata sus tareas de esa manera, o sea, hacer algo provisionalmente es duplicar el trabajo.
• Piense si es el momento adecuado para llamar, o si le llevaría menos tiempo una comunicación por correo–e. Hay cosas que requieren una respuesta inmediata, otras no. También hay personas que devuelven eficientemente sus correos, téngalos en cuenta; para el resto, la llamada es esencial.
• Después de su cordial saludo, haga su introducción, o sea, diga el motivo de su llamada; de inmediato, comience a perseguir los objetivos que se planteó.
• Si se le ocurre algo nuevo mientras conversa, anótelo, pero no desvíe la atención del tema que está tratando.
• Nunca cambie el tema antes de cerrarlo, de lo contrario, quedará inconcluso y le llevará mucho tiempo volverlo a tratar.
• Cuando tenga sus objetivos cubiertos no retrase más el final de la llamada, despídase cordialmente y prosiga con sus próximas tareas… el día sólo tiene 24 horas.
Si alguien lo llama:
• Después del saludo cordial, pregunte el motivo de la llamada: “¿Para qué podría serle útil?” Las personas que quieren algo de nosotros tienden a dar muchas vueltas para preguntar. Haga que ellos estructuren su llamada haciéndoles preguntas puntuales.
• No tema en preguntar lo que en realidad quieren: “¿Qué necesita de nosotros?”.
• No deje que se abran varios temas a la vez, regrese siempre al tema de inicio hasta que se concluya.
• Sepa terminar. Despídase cordialmente y cierre la llamada: “¿Tiene alguna pregunta o necesidad más? Tengo una persona esperando (o una llamada, reunión o salida)”. “Cualquier otra necesidad que podamos cubrirle no dude en comunicarse, muchas gracias por llamarnos. Hasta la próxima”. El cierre es lo más temido, pero si tiene su discurso preparado, no le temerá a escucharse mal educado. Si no sabe terminar la llamada, desperdiciará minutos en cada llamada, lo que puede significar horas al final del día.
Los teléfonos inteligentes:
• Dedicarle horas al Facebook, al Twitter y al MSN es algo que puede divertir, pero si se queja de la brevedad del tiempo, entonces ya sabe dónde conseguirá ese preciado recurso.
• Las redes sociales se visitan a su debido tiempo y con tiempo límite.
• Desactive las alarmas que le avisan cada vez que alguien le habla, le envía un mensaje o le llega un correo. Si interrumpe lo que está haciendo, le aseguro que necesitará tiempo para volver a concentrarse. No importa que no lea lo que le enviaron, la preocupación de que algo le está esperando, le quitará concentración y su trabajo no saldrá ni en el menor tiempo, ni con la mejor calidad. Eso puede convertirse en errores que le harán repetir el trabajo, o se creará lo que algunos llaman interrupciones.
• Lea los mensajes sólo cuando pueda asignar tiempo para responderlos. Si los lee y no los contesta, le aseguro que para responderlos tendrá que leerlos nuevamente, lo que duplica el tiempo utilizado en el mensaje.
• Tenga bien separado lo que es trabajo y placer. Además, no envíe todo a todos; tenemos un diluvio de informaciones, eso hace que leamos mucha inservible y perdamos mucha importante.
El teléfono es como el martillo, puede servir para construir o para destruir. No permita que él lo convierta en su esclavo.
Este tema está ampliado en mi libro:
–¿No Tienes Tiempo?
Hasta la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“Nunca seré víctima de mi teléfono; yo fui quien decidió darle trabajo a él.”
Diego A. Sosa
Coach, Consultor, Escritor y Conferencista dominicano
Tenemos fuentes que se alimentan de nuestro tiempo… debemos controlarlas al máximo, de lo contrario, estaremos estresados y no podremos disfrutar de lo que realmente nos hace felices, ni podremos realizar nuestras funciones de una manera eficiente y eficaz (bien hechas y con pocos recursos).
Hoy me quiero referir a uno de los mayores ladrones: El teléfono… fuente inagotable de desperdicio de tiempo. Comencemos con las llamadas telefónicas:
Si quiere o tiene que llamar a alguien, sea consciente de lo que vale su tiempo y el de los demás.
• Antes de llamar, identifique el motivo de la llamada. Piense todo lo que necesita y haga una lista. Cuando realice la llamada siga, su lista hasta terminarla.
• Piense si sería más rápido o efectivo el envío de un correo electrónico. Sí, muchas cosas que se dicen deben quedar por escrito… entonces, hágalo la primera vez. Si me dice que no tiene tiempo para hacerlo, le diré que no tiene tiempo porque trata sus tareas de esa manera, o sea, hacer algo provisionalmente es duplicar el trabajo.
• Piense si es el momento adecuado para llamar, o si le llevaría menos tiempo una comunicación por correo–e. Hay cosas que requieren una respuesta inmediata, otras no. También hay personas que devuelven eficientemente sus correos, téngalos en cuenta; para el resto, la llamada es esencial.
• Después de su cordial saludo, haga su introducción, o sea, diga el motivo de su llamada; de inmediato, comience a perseguir los objetivos que se planteó.
• Si se le ocurre algo nuevo mientras conversa, anótelo, pero no desvíe la atención del tema que está tratando.
• Nunca cambie el tema antes de cerrarlo, de lo contrario, quedará inconcluso y le llevará mucho tiempo volverlo a tratar.
• Cuando tenga sus objetivos cubiertos no retrase más el final de la llamada, despídase cordialmente y prosiga con sus próximas tareas… el día sólo tiene 24 horas.
Si alguien lo llama:
• Después del saludo cordial, pregunte el motivo de la llamada: “¿Para qué podría serle útil?” Las personas que quieren algo de nosotros tienden a dar muchas vueltas para preguntar. Haga que ellos estructuren su llamada haciéndoles preguntas puntuales.
• No tema en preguntar lo que en realidad quieren: “¿Qué necesita de nosotros?”.
• No deje que se abran varios temas a la vez, regrese siempre al tema de inicio hasta que se concluya.
• Sepa terminar. Despídase cordialmente y cierre la llamada: “¿Tiene alguna pregunta o necesidad más? Tengo una persona esperando (o una llamada, reunión o salida)”. “Cualquier otra necesidad que podamos cubrirle no dude en comunicarse, muchas gracias por llamarnos. Hasta la próxima”. El cierre es lo más temido, pero si tiene su discurso preparado, no le temerá a escucharse mal educado. Si no sabe terminar la llamada, desperdiciará minutos en cada llamada, lo que puede significar horas al final del día.
Los teléfonos inteligentes:
• Dedicarle horas al Facebook, al Twitter y al MSN es algo que puede divertir, pero si se queja de la brevedad del tiempo, entonces ya sabe dónde conseguirá ese preciado recurso.
• Las redes sociales se visitan a su debido tiempo y con tiempo límite.
• Desactive las alarmas que le avisan cada vez que alguien le habla, le envía un mensaje o le llega un correo. Si interrumpe lo que está haciendo, le aseguro que necesitará tiempo para volver a concentrarse. No importa que no lea lo que le enviaron, la preocupación de que algo le está esperando, le quitará concentración y su trabajo no saldrá ni en el menor tiempo, ni con la mejor calidad. Eso puede convertirse en errores que le harán repetir el trabajo, o se creará lo que algunos llaman interrupciones.
• Lea los mensajes sólo cuando pueda asignar tiempo para responderlos. Si los lee y no los contesta, le aseguro que para responderlos tendrá que leerlos nuevamente, lo que duplica el tiempo utilizado en el mensaje.
• Tenga bien separado lo que es trabajo y placer. Además, no envíe todo a todos; tenemos un diluvio de informaciones, eso hace que leamos mucha inservible y perdamos mucha importante.
El teléfono es como el martillo, puede servir para construir o para destruir. No permita que él lo convierta en su esclavo.
Este tema está ampliado en mi libro:
–¿No Tienes Tiempo?
Hasta la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“Nunca seré víctima de mi teléfono; yo fui quien decidió darle trabajo a él.”
Diego A. Sosa
Coach, Consultor, Escritor y Conferencista dominicano
lunes, 13 de junio de 2011
¡ NO PUEDO CRECER ?
Desde Ecuador me escribe una de mis lectoras solicitándome varios temas y uno es el del crecimiento profesional. Las técnicas para crecer son muchas, dependiendo del autor y la filosofía del mismo. Para mí, es algo sencillo… es cuestión de planificación y preparación sobre los cambios. Pero, en realidad, es que sólo suena sencillo; al ser humano no le gusta planificar y se opone tajantemente a los cambios, no importando de dónde vengan, ni para dónde nos puedan llevar.
La clave está en hacer un plan de carrera, no tiene que ser muy detallado, pero usted debe tener bien claro que tendrá que dar pasos para llegar a donde se propone. Sólo entonces usted verá las cosas más claramente.
Por ejemplo, si usted piensa llegar tres peldaños más alto de lo que hoy está en su empresa, entonces tendrá que comenzar escalando uno por uno, y para eso tendrá que prepararse.
Siempre les recomiendo a las personas que determinen qué conocimientos y habilidades tiene que tener quien ocupa el peldaño que se quiere alcanzar. Entonces, es hora de comenzar a aprender y a desarrollar esas habilidades. Cuidado con confundir las habilidades necesarias, con las habilidades que tiene la persona que ocupa la posición. Muchas veces el que desarrolla la tarea no es apto, aunque esté en dicho puesto.
Si usted se prepara para el próximo puesto, cuando sea el momento adecuado muy posiblemente usted será el elegido para ocuparlo, y de no ser así, podrá pedir cambio de departamento, o en su defecto estará preparado para hacer su propio camino. Entonces, es el momento de estar preparado para enfrentar el gran cambio.
El cambio que enfrentará será favorable y usted tendrá que hacerse cargo de él, ya sea que cambié de posición, de departamento, de empresa, o se haga independiente.
Recuerde que ponerse viejo en una posición es responsabilidad suya, y de nadie más. Usted es quien tiene que tomar las riendas de su destino... haga un plan y miré dónde quiere estar en 5 años, así podrá saber si lo logra o no.
Si planificó hace 5 años su posición de hoy, y siguió su plan, le apuesto que está más lejos de lo que pensó llegar. Pero si no lo hizo, no importa donde esté, llegó a un lugar no planificado.
No se arrepienta de lo que pudo ser, comience hoy con su plan, su preparación y su aprendizaje del cambio. En otros artículos hablo de cómo hacerse cargo de los cambios, o puede leer mi libro, “¿Forastero yo?”, donde Ramón, un anciano que ha tenido que hacerse cargo de muchos cambios, enseña su filosofía de vida. Puede bajar el primer capítulo gratis o comprarlo en http://www.lulu.com/mercurio
Por último, le diré: para cualquier puesto que desee desempeñar en un futuro, si quiere desarrollarlo bien, y ser efectivo en él… tendrá que ser un líder. Prepare su carrera de liderazgo, ella siempre le servirá, profesional, o personalmente.
Más sobre este tema en mis libros:
- ¡Alcanza la Cumbre!
- ¿Forastero yo?
FRASE DE LA SEMANA
“Crecer depende de mí… por eso, tengo mi propio plan, y así siempre estoy automotivado.”
Diego A. Sosa
Consultor, Coach, Conferencista y Escritor dominicano
lunes, 6 de junio de 2011
¿CUÁNTO CUESTA O CUÁNTO VALE?
Los bienes materiales y los servicios tienen un valor y un costo. No siempre son iguales y no siempre estaremos de acuerdo. Por eso en una subasta alguien está dispuesto a pagar millones de dólares por un objeto que perteneció a un artista famoso o por un cuadro pintado por alguien de renombre. Mientras que otros odian al artista y muchos no colgarían ese cuadro en su casa.
Veo que muchos le suben el valor de algunos servicios o bienes por eso no pueden avanzar financieramente. Saber calcular el valor, no el costo, es una de las especialidades de las personas que saben guardar dinero. Claro está que para la gran mayoría esos son actos de tacañería. Sin embargo, ellos son los que comandan el precio que pagan por lo que reciben.
Tomemos un ejemplo conocido, un restaurante. Un plato de pasta con una salsa simple puede costar diez veces más en un restaurante de lujo que en una sencilla taberna italiana. ¿Por qué? Aquí viene lo interesante, lo que la mayoría no calcula, o sea, no le da valor.
En la taberna pagamos el costo de compra de los materiales, los costos del local, de los sueldos y del servicio. No olvidemos los impuestos. Quizá algo de ganancia, pero por lo regular el dueño vive de su sueldo como trabajador.
En el restaurante de lujo se agregan algunas cosas. Claro que los sueldos y el local cuestan más, pero no para subir tanto. La realidad es que pagamos cosas como prestigio, ganancias del dueño, que no es sólo un sueldo, sino jugosas ganancias que cubran sus lujos y sus gastos de relaciones públicas. Pagamos los anuncios televisivos. Y pagamos por una componente que casi nunca calculamos y que casi siempre cuesta mucho... El ver y ser vistos.
Si queremos pagar por ese lujo, deberíamos saber cuánto estamos dispuestos a invertir de nuestro capital. No podemos decir que el dinero no alcanza para ahorrar y estar pagando costos que no le hemos dado su justo valor. Los ricos lo pagan porque sus gallinas compran esos caballos. Como explico en mi libro “Arco Iris Financiero”. Si usted tiene inversiones (gallinas), es muy fácil pagar los lujos (caballos) con lo que ellas producen. Pero si primero compra caballos, nunca estos le comprarán gallinas.
Esto nos pasa con muchas cosas que compramos: Autos, vestimenta, vacaciones, teléfonos móviles, adornos de la casa, etc. Cada elemento cubre una necesidad, pero lo que no calculamos es cuánto pagamos por cubrir varias necesidades con la misma compra.
Muchas veces tenemos el caso contrario, no sabemos ver el valor incluido en un servicio. Si lo que queremos pagar es sólo cubrir una necesidad quedamos ciegos para completar la fórmula matemática. Vamos al médico y los honorarios nos parecen altos. “Sólo ocupó treinta minutos y me cobró...” No podemos ver el tiempo que utiliza, tenemos que saber lo que significa su servicio. ¿Cuántos años de estudio? ¿Cuántos seminarios y congresos para poder estar con los últimos adelantos? ¿Cuántas revistas y libros leídos? Y lo más importante: ¿Qué efectividad tratando a los pacientes? Al final de cuentas, lo que nos interesa no es el tiempo que dure la consulta, sino que nos sane. Por eso no es lo mismo un doctor que un doctor.
Eso lo tenemos en muchos renglones. Por ejemplo, un libro no vale por la cantidad de páginas, sino por el conocimiento que tenga dentro y la utilidad que tenga. Un seminario, no vale por el costo del salón y la comida, sino por lo que yo pueda hacer con el conocimiento adquirido. Una foto de un profesional, no es la impresión o el CD que me entrega, es arte lo que está detrás de todo.
Los que vendemos intangibles tenemos problemas para ponerle el valor real a lo que entregamos. Es cuestión de oferta y demanda. No todos están dispuestos a pagar el valor que tiene lo que entregamos. Por eso tenemos que encontrar el equilibrio justo. El que hace fotos compra una cámara profesional y equipos. Invierte su tiempo y coloca su arte. Tiene que cobrar no sólo para sobrevivir, tiene que saber valorar el arte. Pero tiene que ser un buen vendedor para que la gente entienda todo lo que vale tener una buena foto. Porque una foto no es igual a una foto.
La idea es que sepamos valorar lo que implica para nosotros el precio a pagar. Nos daremos cuenta que podemos pagar menos y cubrir las necesidades. O decidimos pagar más y elegir el servicio que cubrirá realmente nuestras necesidades. Pagar por un plato de pasta para pasarla bien con mis amigos tiene un valor, posiblemente no lo tengo que pagar con dinero. Pagar más para tener el médico que me sanará, lo más seguro que vale la pena. Comprar el libro que me ayudará en lo que necesito, esa es una buena inversión.
Este tema está ampliado en mi libro:
· Arco Iris Financiero
Nos vemos en la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“El valor de lo que compro no me lo dice el precio; sino las necesidades que me cubra.”
Diego Sosa
Consultor, Coach, Escritor y Conferencista dominicano
Veo que muchos le suben el valor de algunos servicios o bienes por eso no pueden avanzar financieramente. Saber calcular el valor, no el costo, es una de las especialidades de las personas que saben guardar dinero. Claro está que para la gran mayoría esos son actos de tacañería. Sin embargo, ellos son los que comandan el precio que pagan por lo que reciben.
Tomemos un ejemplo conocido, un restaurante. Un plato de pasta con una salsa simple puede costar diez veces más en un restaurante de lujo que en una sencilla taberna italiana. ¿Por qué? Aquí viene lo interesante, lo que la mayoría no calcula, o sea, no le da valor.
En la taberna pagamos el costo de compra de los materiales, los costos del local, de los sueldos y del servicio. No olvidemos los impuestos. Quizá algo de ganancia, pero por lo regular el dueño vive de su sueldo como trabajador.
En el restaurante de lujo se agregan algunas cosas. Claro que los sueldos y el local cuestan más, pero no para subir tanto. La realidad es que pagamos cosas como prestigio, ganancias del dueño, que no es sólo un sueldo, sino jugosas ganancias que cubran sus lujos y sus gastos de relaciones públicas. Pagamos los anuncios televisivos. Y pagamos por una componente que casi nunca calculamos y que casi siempre cuesta mucho... El ver y ser vistos.
Si queremos pagar por ese lujo, deberíamos saber cuánto estamos dispuestos a invertir de nuestro capital. No podemos decir que el dinero no alcanza para ahorrar y estar pagando costos que no le hemos dado su justo valor. Los ricos lo pagan porque sus gallinas compran esos caballos. Como explico en mi libro “Arco Iris Financiero”. Si usted tiene inversiones (gallinas), es muy fácil pagar los lujos (caballos) con lo que ellas producen. Pero si primero compra caballos, nunca estos le comprarán gallinas.
Esto nos pasa con muchas cosas que compramos: Autos, vestimenta, vacaciones, teléfonos móviles, adornos de la casa, etc. Cada elemento cubre una necesidad, pero lo que no calculamos es cuánto pagamos por cubrir varias necesidades con la misma compra.
Muchas veces tenemos el caso contrario, no sabemos ver el valor incluido en un servicio. Si lo que queremos pagar es sólo cubrir una necesidad quedamos ciegos para completar la fórmula matemática. Vamos al médico y los honorarios nos parecen altos. “Sólo ocupó treinta minutos y me cobró...” No podemos ver el tiempo que utiliza, tenemos que saber lo que significa su servicio. ¿Cuántos años de estudio? ¿Cuántos seminarios y congresos para poder estar con los últimos adelantos? ¿Cuántas revistas y libros leídos? Y lo más importante: ¿Qué efectividad tratando a los pacientes? Al final de cuentas, lo que nos interesa no es el tiempo que dure la consulta, sino que nos sane. Por eso no es lo mismo un doctor que un doctor.
Eso lo tenemos en muchos renglones. Por ejemplo, un libro no vale por la cantidad de páginas, sino por el conocimiento que tenga dentro y la utilidad que tenga. Un seminario, no vale por el costo del salón y la comida, sino por lo que yo pueda hacer con el conocimiento adquirido. Una foto de un profesional, no es la impresión o el CD que me entrega, es arte lo que está detrás de todo.
Los que vendemos intangibles tenemos problemas para ponerle el valor real a lo que entregamos. Es cuestión de oferta y demanda. No todos están dispuestos a pagar el valor que tiene lo que entregamos. Por eso tenemos que encontrar el equilibrio justo. El que hace fotos compra una cámara profesional y equipos. Invierte su tiempo y coloca su arte. Tiene que cobrar no sólo para sobrevivir, tiene que saber valorar el arte. Pero tiene que ser un buen vendedor para que la gente entienda todo lo que vale tener una buena foto. Porque una foto no es igual a una foto.
La idea es que sepamos valorar lo que implica para nosotros el precio a pagar. Nos daremos cuenta que podemos pagar menos y cubrir las necesidades. O decidimos pagar más y elegir el servicio que cubrirá realmente nuestras necesidades. Pagar por un plato de pasta para pasarla bien con mis amigos tiene un valor, posiblemente no lo tengo que pagar con dinero. Pagar más para tener el médico que me sanará, lo más seguro que vale la pena. Comprar el libro que me ayudará en lo que necesito, esa es una buena inversión.
Este tema está ampliado en mi libro:
· Arco Iris Financiero
Nos vemos en la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“El valor de lo que compro no me lo dice el precio; sino las necesidades que me cubra.”
Diego Sosa
Consultor, Coach, Escritor y Conferencista dominicano
lunes, 30 de mayo de 2011
¿ NOS COMPARAN NUESTROS HIJOS ?
Hace unas semanas escribí sobre cómo nos pasamos la vida comparando a nuestros hijos con los hijos de los demás. Queremos que sean los mejores y así debe ser. Pero pasarles a ellos la idea de que tienen que serlo, puede ser frustrante.
El problema es que cuando los comparamos tomamos ejemplos de varios niños o adultos cuando eran niños. Si queremos un buen jugador de golf como hijo, le decimos lo que hacía Tiger Woods cuando era un niño. Si tiene una buena nota le preguntamos por el resultado de los demás, o le contamos cómo éramos nosotros. Y así con cada área de sus vidas. Queremos que ese niño tenga lo mejor de todo lo que podemos unir en nuestra cabeza. O sea, un humano más que perfecto.
¿Y ellos? ¿Qué quieren de nosotros? Si tenemos el derecho a pedir “nuestro” niño perfecto: ¿Tienen derecho ellos a solicitar “su” padre perfecto? Pongo algunas palabras entre comillas porque lo que es perfecto para uno no lo es para otros.
Es difícil ser el padre que siempre está en los juegos de fútbol y las presentaciones del ballet, pero a su vez es dueño de una gran empresa y tiene casas y vehículos de lujo. Es difícil jugar golf profesionalmente y estar en casa todos los días.
Todo requiere un equilibrio. Los que pueden pasar más tiempo con sus hijos por lo regular no pueden darle viajes y tener grandes lujos. Pero los hijos quizá sólo vean lo que no tienen. Aunque los hijos de los otros que quizá tienen el lujo quisieran un padre que los vaya a ver a la presentación del día de las madres en el colegio.
¿Somos igual con nuestros hijos? Digo; ¿estamos exigiendo sólo por lo que no tienen? ¿Podemos pulir más sus fortalezas?
Vuelvo a nosotros. Los niños serán siempre menos conscientes que los adultos (bueno, debería ser así), entonces está en nosotros no exigirles que nos quieran como somos, sino hacerlos entender que la vida tiene cosas buenas y otras que no son tan buenas. Podemos hacer nuestros deberes y hacerlos conscientes de las cosas que tienen para que no se pasen la vida sólo queriendo lo que no poseen sin aprovechar lo que ya lograron.
Podemos revisarnos y dar más de lo que ellos quieren, pero estando conscientes de que no lo podemos dar todo. Más tiempo en casa puede significar menos ingresos. Me pregunto: ¿Lo material es lo más importante? Si es así será difícil encontrar la felicidad, siempre hay más material que lo que cualquier humano pueda comprar. Creo que lo emocional es lo primordial en la crianza.
Encontrar el equilibrio es lo más importante. La familia y la carrera están en nuestras vidas. Los momentos con los hijos son restringidos y se marchan más rápido de lo que pensamos. A los dos años requieren una cosa y a los catorce otra. Cada etapa hay que vivirla a su tiempo. Si basamos la felicidad de nuestros hijos en darles lo material y que aprendan a compararse con lo que otros tienen o pueden hacer, entonces el techo será el cielo. Sí, sé que para muchos eso es ser feliz... Cada uno decide cómo lo quiere.
Si comparamos a nuestros hijos con otros niños, tenemos que aceptar ser comparados con otros adultos. Le aseguro que es más difícil ser el padre perfecto que aceptar al hijo que no será perfecto.
Hasta la próxima entrega.
El problema es que cuando los comparamos tomamos ejemplos de varios niños o adultos cuando eran niños. Si queremos un buen jugador de golf como hijo, le decimos lo que hacía Tiger Woods cuando era un niño. Si tiene una buena nota le preguntamos por el resultado de los demás, o le contamos cómo éramos nosotros. Y así con cada área de sus vidas. Queremos que ese niño tenga lo mejor de todo lo que podemos unir en nuestra cabeza. O sea, un humano más que perfecto.
¿Y ellos? ¿Qué quieren de nosotros? Si tenemos el derecho a pedir “nuestro” niño perfecto: ¿Tienen derecho ellos a solicitar “su” padre perfecto? Pongo algunas palabras entre comillas porque lo que es perfecto para uno no lo es para otros.
Es difícil ser el padre que siempre está en los juegos de fútbol y las presentaciones del ballet, pero a su vez es dueño de una gran empresa y tiene casas y vehículos de lujo. Es difícil jugar golf profesionalmente y estar en casa todos los días.
Todo requiere un equilibrio. Los que pueden pasar más tiempo con sus hijos por lo regular no pueden darle viajes y tener grandes lujos. Pero los hijos quizá sólo vean lo que no tienen. Aunque los hijos de los otros que quizá tienen el lujo quisieran un padre que los vaya a ver a la presentación del día de las madres en el colegio.
¿Somos igual con nuestros hijos? Digo; ¿estamos exigiendo sólo por lo que no tienen? ¿Podemos pulir más sus fortalezas?
Vuelvo a nosotros. Los niños serán siempre menos conscientes que los adultos (bueno, debería ser así), entonces está en nosotros no exigirles que nos quieran como somos, sino hacerlos entender que la vida tiene cosas buenas y otras que no son tan buenas. Podemos hacer nuestros deberes y hacerlos conscientes de las cosas que tienen para que no se pasen la vida sólo queriendo lo que no poseen sin aprovechar lo que ya lograron.
Podemos revisarnos y dar más de lo que ellos quieren, pero estando conscientes de que no lo podemos dar todo. Más tiempo en casa puede significar menos ingresos. Me pregunto: ¿Lo material es lo más importante? Si es así será difícil encontrar la felicidad, siempre hay más material que lo que cualquier humano pueda comprar. Creo que lo emocional es lo primordial en la crianza.
Encontrar el equilibrio es lo más importante. La familia y la carrera están en nuestras vidas. Los momentos con los hijos son restringidos y se marchan más rápido de lo que pensamos. A los dos años requieren una cosa y a los catorce otra. Cada etapa hay que vivirla a su tiempo. Si basamos la felicidad de nuestros hijos en darles lo material y que aprendan a compararse con lo que otros tienen o pueden hacer, entonces el techo será el cielo. Sí, sé que para muchos eso es ser feliz... Cada uno decide cómo lo quiere.
Si comparamos a nuestros hijos con otros niños, tenemos que aceptar ser comparados con otros adultos. Le aseguro que es más difícil ser el padre perfecto que aceptar al hijo que no será perfecto.
Hasta la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“Ser el padre “perfecto” requiere tiempo y dinero; ser el mejor padre requiere de tiempo y emociones.”
Diego A. Sosa
Escritor, Coach, Conferencista y Consultor
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