martes, 7 de febrero de 2017

RECUERDOS FALSEADOS

Cada día veo como los mayores cambian los recuerdos. Me he llegado a preguntar a partir de cuándo la anécdota no es la realidad que fue. En ocasiones escucho amigos contar historias en las que participé y me luce que ahora son diferentes: ¿Quién las está viendo como fueron en realidad?
Los recuerdos son peligrosos. Está demostrado científicamente que después de un acontecimiento podemos comenzar a cambiar la historia. Un estudio demostró cómo a un grupo de voluntarios les influenciaron sus recuerdos. A un grupo de jóvenes les preguntaron por anécdotas de niños. Las preguntas eran específicas, supuestamente sus padres se las habían contado a los científicos a cargo del proyecto. La gran mayoría terminó recordando la historia y hasta detalles de ellas que los guías no les habían hecho referencia. Que conste, las historias eran totalmente inventadas por los que llevaron a cabo el experimento. No era posible hubiesen vivido lo que estaban contando.
Se ha demostrado que con técnicas de preguntas se influencian a los testigos en juicios. Se les hace recordar cosas que no han sucedido. Los hacen dudar de lo que está anclado en su mente poniéndoles a dudar con la inclusión de detalles inexistentes. “¿No será que usted estaba observando una parte de la dama que iba pasando y no vio si el acusado realmente apretó el gatillo?” Cosas como ésta se escuchan a diario en los tribunales. Lo malo es que se puede condenar a personas que no han cometido delito alguno, o liberar a un delincuente por falta de pruebas.
En otro estudio, científicos preguntaron a personas sobre su experiencia en el parque de Disney. Con preguntas específicas una gran parte llegó a jurar que habían visto a Bugs Bunny. Lo que es imposible por no ser un miembro de la familia de ese parque. Lo importante es que los voluntarios se lo llegaron a creer… a pesar de nunca haber pasado.

Cuando las emociones entran en juego nos pueden hacer recordar detalles de momentos específicos, como enseño en mi libro Migomismo. Por ejemplo, casi todos recordamos el momento que supimos del atentado a las Torres Gemelas, qué sentimos, fecha, hora, etc. Un coctel de hormonas corrió por nuestra sangre, lo que hace ese recuerdo anclarse muy bien. ¿Te atreves ahora a anotar lo que no quieres olvidar o tergiversar? Será de gran provecho, te lo aseguro.

martes, 24 de enero de 2017

AMENAZAS POR ESTEREOTIPOS

“¿Cómo es que tú siendo dominicano eres entrenador de fútbol en un club alemán?” Me preguntó un día uno de los padres de los niños que entrenaba. No fue el único, ni el último.
He vivido más de la mitad de mi vida como forastero en varios países. Muchos años en el extranjero, y hasta en mi propio país he gozado de ese estatus. Es interesante cómo la gente espera acciones y actitudes específicas de los demás, en ocasiones hasta contrarias al comportamiento observado. Pensar que los dominicanos somos todos peloteros es algo que no está lejos de la realidad… solo que es “casi” todos. Esa pequeña palabra hace una gran diferencia.
El problema de los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos y, por lo tanto, no son concluyentes.
Podemos pensar que el básquet no es un deporte para blancos, pero cuando vemos la más alta liga del mundo nos cercioramos de que no es así. Los dominicanos somos predominantemente peloteros, pero Alfred Horford triunfa junto a otros dominicanos en la NBA. Mariano Díaz inició su carrera de triunfos en el fútbol con uno de los equipos más importantes del mundo, el Real Madrid.
Algo muy interesante es ver cómo programamos y nos dejamos programar. Decimos y nos dicen que no podemos llegar a hacer o ser algo por llevarnos de los estereotipos. Si nos creemos esas conclusiones lograremos menos de lo que en verdad podemos.
Se han realizado muchos estudios que demuestran cómo las personas que se creen un estereotipo, por ejemplo por género, consiguen peores resultados. Por ejemplo, antes de realizar la prueba se les dice a un grupo que los hombres siempre consiguen peores resultados. En los grupos que no se les da esa información, falsa por demás, no existe diferencia en los resultados.
Existen experimentos que demuestran que no hay diferencia en rendimiento entre los niños que inician desde pequeños a tocar ciertos instrumentos musicales. No importa el color de su piel para llegar a dominarlo.
Somos bombardeados por estereotipos, solo tenemos que ver una película hecha en Estados Unidos y pensaremos que los italianos son mafiosos y los latinos delincuentes. Todos sabemos que no es así, pero hasta lo llegamos a creer sin ver a nuestro alrededor.
“Las mujeres (o los hombres) son malas (o malos) para…” ¿Te atreves a vencer hoy un estereotipo que no te deja avanzar en algo?



martes, 17 de enero de 2017

¿AYUDAR O ENSEÑAR?

Decidir entre ayudar y enseñar puede hacer la diferencia en la vida completa de una persona.
En estos días me encontré con un video que muestra cómo una madre osa enseña a su cría en una situación de peligro. El pequeñín cayó al agua y al intentar salir no lograba su objetivo. La madre se da cuenta que su vástago está en peligro y se lanza al agua. Nadó hasta él y se colocó detrás… sin tocarlo ni ayudarlo. El jovencito dejó de chapotear con rapidez y comenzó a buscar donde apoyar sus garras.
Si quiere ver el video lo encuentra en mi muro de Facebook.
Para muchos la madre hizo lo correcto. Pero no todos vieron la forma en que ella actuó. Una mamá humana posiblemente lo sacaba del agua. Con el poder del habla muchas le intimidarían a altos decibeles para que no volviera a exponerse al peligro.
Lo que pude ver de la osa fue su forma de enseñar. Simplemente actuó rápido para quitarle el temor a su hijo, pero sin quitarle su proceso de aprendizaje. Se colocó por detrás dándole tranquilidad y lo dejó hacer su camino… si le volvía a pasar y ella no se daba cuenta, él tendría que encontrar la forma de salir, la ya aprendida. No era cuestión de no volver a entrar al agua, lo importante era aprender a salir.
Muchos padres tendemos a quitarle temor a nuestros hijos, pero por la vía de eliminarles el proceso de aprendizaje o quitándoles el peligro de su camino. ¿Aprenderán algo? Sí, la mayoría aprende a que no debe dar pasos diferentes. Otros a que sus padres siempre les sacarán de los problemas.
Cuando aprendemos a no dar pasos diferentes no logramos aprender. Solo sabemos lo que nos enseñan. Vivimos temerosos. Hasta nuestra autovaloración sufre. Buscamos una zona de confort, en una nacimos y nos criamos.
Los que aprenden a que sus padres los sacan de los problemas tienden a ser irresponsables e inmaduros. Por naturaleza son arriesgados, pero no aprenden a medir el peligro, al final saben que sus padres entrarán al agua a sacarlos. ¿Que les hablarán fuerte? No les importa, terminan acostumbrándose.
Hay mucho que aprender de esa osa y de tantos animales. Debemos observar y ver la mejor forma de preparar a nuestros hijos o colaboradores, como muestro en mi libro MigomismoII. Podemos ser sus guías, sus mejores maestros. ¿Te atreves ahora a observar a alguien aprender sin sacarlo del agua de inmediato?



martes, 3 de enero de 2017

ME RESISTO...

En estos días he tratado de reducir un peso que se me ha colgado de la cintura. No es mucho ni es la primera vez, pero sé que es más fácil controlarme ahora que cuando sea más.
El ensayo siempre requiere de fuerza de voluntad. Han venido a mi mente varios experimentos hechos por los sicólogos en el transcurso de los años. He sentido en carne viva los resultados a que ellos han llegado.
Uno de los experimentos es aquel de darles a voluntarios algo específico de comer antes de resolver una tarea matemática que no tiene solución (los participantes no sabían esta parte). A algunos le dieron chocolates y a otros rábanos. ¿Cuáles abandonaron primero? Si dijo que los de los rábanos le diré que acertó.
Una de las conclusiones de este y otros experimentos es que cuando nos sacrificamos una vez es más difícil resistirnos a la segunda. O sea, comer rábanos en vez de chocolates no me lleva a quedarme haciendo una tarea de matemáticas por mucho tiempo.  
Traducido a mi proceso: Me paso el día evitando las dulzuras y reduciendo el volumen de la ingesta. Mi fuerza de voluntad hasta la noche es insuperable. El momento delicado llega cuando está terminando el día y se me presenta la oportunidad de doblar las rodillas. Si se me presenta la ocasión se me hace más difícil resistirme.
Mi solución ha sido no dejar que se presente la oportunidad de arrodillarme. No abrir la nevera ni pasearme por la despensa es una excelente forma de evitar la tentación. Aunque no es la mejor forma de prepararme para futuras ocasiones.
Lo bueno es que la fuerza de voluntad se entrena; es como un músculo, mientras más lo ejercitamos, más fuerza tendrá. Como explico en mi libro Migomismo– Su Inteligencia Emocional Interna, no conseguiremos dominar una emoción, pero sí la reacción que ella provoca. Es un proceso de evitar y exponernos al riesgo… en este caso, el de seguir aumentando de peso.

Debo resistirme todo el día a los excesos y luego en la noche pasar por la nevera con la pura convicción de que la abriré pero no entraré la mano por más que me llame la atención algún manjar. Debo también resistirme a dar la vuelta de reconocimiento. ¿Te atreves a fortalecer tu fuerza de voluntad resistiéndote a algo que no debes pero quieres?

lunes, 2 de enero de 2017

“Espejito mágico en la pared…”

“Espejito mágico en la pared: ¿quién es de todas las damas en este reino la más hermosa?” Es una frase muy famosa del cuento de Blancanieves.
Hoy todos preguntamos a todos a través de las redes. Quizá no si somos los más hermosos, pero por lo menos queremos estar entre los más… ya sea: hermosos, que más viajan, que mejor comen, que más salen, etc.
Si solicitamos a diez personas a nuestro alrededor que evalúen su forma de conducir, probablemente todos quedarán por encima del promedio. En algún caso puede pasar porque no estamos tomando una muestra científica. En la vida real la mitad debería estar por debajo.
La realidad es que si tomamos todo en serio y hacemos una encuesta, más del 90 % de las personas dirá que está por encima del promedio. Ya sea en su forma de conducir, éxito, hijos más bellos o inteligentes, etc.
¿Es viable que más de la mitad de las personas estén por encima del promedio? Estadísticamente es imposible. La percepción de ser mejores en lo que hacemos o logramos es muy típica, pero también puede ser nociva.
Cuando creemos que a nosotros no nos pasará como a los demás, podemos estar viviendo en una burbuja. “A mí no me dará cáncer por fumar”. “Yo no tendré un accidente por andar rápido, yo manejo mejor que casi todos”. “Cuando bebo es que mejor manejo, no soy como los demás, ahí es que más me cuido”. Y otras aseveraciones que pueden llevar a ver las leyes de la probabilidad como un acto extraño que solo le aplica a los que están fuera de la burbuja.
Existe también un efecto gemelo y de sentido contrario. Es cuando creemos que somos peores que el promedio. Hasta llegamos a pensar que estamos entre el 10 % más desafortunado.
Al pensar de esa manera no hacemos el intento por lograr algo que no está tan distante como pensamos. Muchas veces no necesitaremos de talento para estar cerca del promedio; con algunas técnicas y un poco de práctica lograremos estar más allá de lo que necesitamos.
No te sugiero que trates de convertir una debilidad en fortaleza. Tampoco que pienses que no eres tan bueno como eres. Es cuestión de ser realista y sacarle provecho. ¿Te atreves a intentar algo que piensas nunca podrías, como manejar tecnología, bailar o hacer algún deporte?

Por: Diego Sosa

lunes, 12 de diciembre de 2016

PROBLEMAS SIN SOLUCIONES (Audio)

Podemos pensar que un problema no tiene solución, la experiencia dice que dependerá siempre de cómo veamos el problema.
En ocasiones nos enfocamos en el culpable, por lo que no podremos solucionarlo.
No siempre tendremos nosotros la solución, pero podemos encontrar a quién lo pueda solucionar...

Por: Diego A. Sosa
Más en el libro: Mi Binomio.