viernes, 10 de noviembre de 2017

¿NOS PARECEMOS A NUESTROS HOBBY?

Almorzando hace unos días con parte del equipo de trabajo de un cliente conocí a una nueva colaboradora. No hablaba y bromeé con su comportamiento introvertido. Mi amiga Michelle dijo desde el otro extremo de la mesa: “Pregúntale por su hobby y sabrás cómo es”.
No entendí bien y solicité explicación. Me detalló que las personas muestran cómo son con la pasión que ejercitan.
–“¿Cuál es tu hobby?” –interpelé a la novata de la oficina.
–“Motocross” –me respondió con seguridad.
Definitivamente que la callada joven no aparentaba practicar un deporte como ese.
–“¿Qué me dices de ella, Diego?” –me retó Michelle.
Es interesante cómo decimos tanto con nuestras actuaciones. Queremos conocer a las personas y nos fijamos mucho en lo que dicen y muestran, pero poco en lo que hacen y lo que dejan de decir.
Aunque también lo que muestran nos dice mucho… Si sabemos leerlos vemos lo que ocultan. Alguien con un teléfono que no debería haber comprado porque el dinero no le alcanza o por tener deudas u otras tantas necesidades prioritarias no cubiertas nos dice que no está contento con lo que es. Quiere que lo reconozcan como alguien que aún no ha llegado a ser… y de seguir ese comportamiento quizá nunca llegue.
–Luchadora –dijo el más experimentado de la mesa.
Los demás se arriesgaron también con sus observaciones. Le recomiendo que haga el ejercicio: Cierre los ojos y comience a detallar cómo es una joven dama que sube a una motocicleta, salta, se ensucia, compite… todo esto en un terreno hostil y entre una parvada de individuos que luchan por llegar primero mientras dejan atrás innumerables obstáculos.
–Corre riegos, pero reconocen el terreno antes de acelerar al máximo. Calcula cada salto y reconoce cada obstáculo. No le teme, pero los respeta –me aventuré a decir.
Mi nueva conocida recibió una retroalimentación detallada entre todos:
Individualista, calculadora, arriesgada, etcétera. Solo reía y asentía. Me imagino que no todas las chicas que montan motocross son iguales, pero el juego dio resultado en esta ocasión.
Pensemos en alguien que monta caballo o que juega tenis. Toca guitarra o quizá violín. Todos caminamos por hobbies que nos gustan y quizá nos moldean. Me imagino que preguntarle a los que nos rodean por sus aficiones podrá ayudarnos a conocerlos mejor. ¿Se atreve a interpelarlos?
 


domingo, 24 de septiembre de 2017

ALEGRANDO EL PASADO

Un día una amiga me contaba que no quería volver a vivir sus años de infancia. Me extrañó mucho, ya que visita su pueblo con mucho cariño, cuenta bellos momentos y no se le nota rechazo a ese pasado. “No es que me arrepienta, solo que hubiese preferido otra vida”, me expresó para hacerme entender la situación.

Muchas personas se empeñan en cambiar su pasado, como si se pudiera. Especulan sobre cómo hubiese sido de haber tenido otras oportunidades, los padres otros ingresos, haber vivido en otro país, etc.
Lo malo es que dejan de lado lo que hoy son, que tampoco lo pueden cambiar… Preciso: podemos influenciar en lo que seremos, lo que somos es ya un hecho.
“Mientras más feliz sea tu presente, más feliz será tu pasado”, le dije a mi amiga. Me puso cara de no entender mi raro planteamiento. “Soy feliz”, me encaró: “Tengo una bella familia, mis padres son maravillosos y mis hermanos son lo mejor que me ha tocado”.
El pasado nos forja, para bien o para mal. El presente es la suma de lo que hemos vivido, lo que ya construimos y la base sobre la que construiremos el futuro.
Lo complejo es concentrarse en lo malo del presente para aborrecer el pasado. Lo que no nos gusta del hoy debe ser el motor para cambiar un porvenir y no dejarlo que llegue por pura suerte… nos debe servir para construir el futuro en que queremos estar, en el que deseamos vivir.
En ocasiones no nos planteamos ese futuro y terminamos colocando la vela para que tome el viento desde el lado que venga. No nos damos cuenta que la dirección del bote no la da el viento, sino el timón.
Si nos concentramos en lo bueno del presente podremos alegrarnos del gran pasado que tuvimos. Tomaremos los hechos que forjaron nuestro hoy y estaremos en el mejor camino de construir un porvenir armonioso y feliz, como enseño por extenso en mi libro ¡Alcanza la cumbre!, un relato de mi experiencia de subir al pico Duarte, donde cada paso me enseñó que la vida es como esa caminata, se construye con pasos firmes y disfrutando el camino andado.
¿Se atreve a sacar un punto positivo de su presente y reconstruir lo bueno del pasado que lo llevó ser como es?

lunes, 18 de septiembre de 2017

SI CAMBIO LOGRO

Si cambio lo que puedo logro lo que quiero. Es una filosofía que tengo y me da mis resultados. Manejar los cambios es cada día más importante y diría que en el momento que vivimos es imprescindible.
Veo personas que logran lo que quieren porque planifican y se enfocan en ello. Hasta no conseguirlo no descansan. Mientras otros solo lo consiguen cuando los empujan, o sea, cuando no les queda de otra. También existe un grupo que un día mirará atrás y dirá que en su próxima vida lo hará diferente. Pienso que ya será tarde.
Hay cosas que no podemos cambiar, otras es preferible no modificarlas. La diferencia puede ser grande, pero no se percibe a simple vista. Lo importante es concentrarnos en las que sí podemos cambiar, las que están en nuestras manos. Aquellas que al transformarlas, ya sean por completo o parcialmente, nos llevarán a lo que queremos.
Esperar no es de sabios. La evolución de nuestro alrededor sin nuestra participación nos suele llevar a un lugar donde no sabemos si queremos estar. Lo que estoy seguro es que no es el lugar elegido.
La clave puede estar en hacernos protagonistas de nuestra situación o ser víctimas por abandono. Siempre hay razones de peso para echarle la culpa a lo externo. Lamentablemente hay pocos argumentos para movernos a cambiar lo que no nos gusta o lo que sabemos podemos mejorar.
Vivir en una zona de confort es maravilloso, siempre que ese lugar no tenga potencial para ser mejor. No quisiera dar un paso fuera de mi zona de confort si pusiera en peligro todo mi bienestar. Prefiero mirar fuera de mi comarca y encontrar potencial de mejora. Luego trazo un plan para extender mi territorio.
Claro que hay microclimas dentro de mi zona que no son de mi simpatía. Pero muchas veces no tenerlos puede significar estar peor… antes de cambiarlos tengo que encontrar una posible mejora.
Querer algo y perseguirlo es primordial para el humano. En el camino encontraremos obstáculos, algunos hasta insalvables. Trazaremos otro camino y modificaremos los objetivos, para bien y para mal.
Debo tomar en mis manos el guía para obtener los logros que parecen metas. Se ven distantes y quizá sean solo sueños… nunca dejemos de soñar, ni tampoco de despertar y convertir esas fantasías en realidades. ¿Se atreve a cambiar algo para lograr lo que sueña?




martes, 5 de septiembre de 2017

¿QUÉ ES UN PROBLEMA?

“Tengo demasiados problemas” me expresó un lector hace unos días. Desde verse empujado a salir de su país, no tener papeles para poder trabajar en donde hoy vive, relaciones tensas con su pareja, condiciones de nacimiento y más; algunas las ha ido mejorando y otras no tiene forma.
En ocasiones escucho a personas decir que tienen problemas por no poder comprar lujos que quisieran. Muy típico es no poder salir de vacaciones donde desean. ¿Son problemas todos los que consideramos y llamamos problemas?
La palabra problema tiene una amplia acepción y mucho más variada utilización. Tener problemas es de humanos, la pregunta es si queremos y podemos resolverlos, o si nos quedaremos esperando que se resuelvan por sí solos o que exploten. Veamos algunas diferencias:
Lo que no puedo resolver: Sea porque no está en mis manos o porque no tengo la posibilidad. No creo que sea para preocuparme si no me puedo ocupar. Vigilarlo es lo único que puedo hacer para sentir que estoy un poco en sobreaviso. Utilizar mis energías para lamentarme no me ayudará. Quizá por eso veo personas con enfermedades terminales que son más felices que otros que no las tienen y quizá nunca las tendrán… inclusive sufren menos su condición que quienes los rodeamos.
Lo que creo que no puedo resolver: Una cosa es no poder y otra es creer que no se puede. Un dicho reza: “Si una persona te dice que te pareces a un camello no hay por qué preocuparte; si dos te lo expresan, corre al espejo a verte la joroba”. Si creo que no puedo y varios me insisten en que hay solución, no es momento para lamentarme, sino para accionar.
Lo que puedo resolver: No es tan problema, es un inconveniente que debo superar con acciones. Es cuestión de actitud.
Posibilidades de mejora: Utilizamos la palabra problema para situaciones que podemos mejorar. Es un buen inicio ponerle ese nombre, nos ayuda a focalizarnos en acciones. Querer unas vacaciones y sentir que existe un problema nos puede ayudar a encaminarnos a su realización.
Como enseño en mi libro Migomismo, es cuestión de hacernos protagonistas de las situaciones y no quedarnos como víctimas de ellas, cambiando lo que puedo para lograr lo que quiero.
¿Se atreve a ver en profundidad el próximo evento que llame problema y tomar acciones propias para mejorar lo que puede cambiar?