jueves, 10 de agosto de 2017

O CAMBIO O ME CAMBIAN

Sentado hace unos días en el café de la librería me abordó un caballero. “Después de leer su libro ¿Forastero yo? sobre los cambios estoy convencido que me até hace muchos años a mi empleo y no quiero salir de la zona de mi confort”. En pocos minutos me explicó que ya pasa de los 40 años y ahora sabe que si no cambia lo cambiarán.
Las empresas evolucionan y el que no lo hace con ellas tiende a convertirse en un estorbo. Depende la posición que tenga tardará más o quizá menos en pasar el calvario. Podrá luego decir que cambió, pero la realidad es que lo cambiaron.
El que está alto en la jerarquía y no cambia tiende a desmotivar a los que debajo se han subido al tren, los que se encuentran en un dilema terrible. Un jefe que no subió y desde abajo los hala. Este tema lo trataré en otro escrito, seguiré con el caso de mi lector.
La zona de confort es preciosa, aunque si no la extendemos se convierte en nuestra propia cárcel. No pienso que siempre sea necesario salir de ella; no soy de la filosofía de cambiar solo por el hecho de que hay que cambiar. Cuando estoy bien lo que trato es de agrandar mi territorio, sin arriesgar el terreno adquirido. Es como comprar el terreno de junto a la casa. Aunque siempre intento prepararme para cambios que puedan venir, así estar prevenido.
Si no cambio paulatinamente, o de ser necesario bruscamente, puedo estar seguro que me cambiarán.
El caballero que me abordó en el café estaba peor de lo que él había notado. Su posición de dirección en la empresa lo había superado. Nuevos sistemas de liderazgo eran exigidos y él seguía en el método de jefatura. Sus compromisos financieros eran totalmente dependientes de su salario y no había pensado en una variación en su vida.
Salir de la zona de confort era obligatorio. Necesitaba un plan. En pocos minutos le hice entender que su mejor opción era adaptarse al sistema que la empresa le exigía. Si quería después probar suerte fuera ya tendría tiempo para accionar en ese sentido.
¿Se atreve a revisar en qué puede cambiar para mejorar su calidad de vida, y en qué debe cambiar para que no lo cambien?

lunes, 7 de agosto de 2017

viernes, 4 de agosto de 2017

EGOISTA, INDIVIDUALISTA Y FELIZ

Hace unos momentos recibí un interesante correo-e. La persona me felicitaba por mi libro ¿Forastero yo?, lo había terminado de leer hacía muy poco. Al final de su atento y motivador mensaje me preguntaba: “¿No es egoísta su filosofía de vida?”
Mi respuesta fue concisa, no sin antes pasarle mi agradecimiento por la valoración de mi libro. “Sí, es egoísta e individualista mi posición y filosofía de vida.”
Debemos entender que los seres humanos somos diferentes. Al formar una pareja no estamos uniendo nuestros gustos y filosofías de vida. Tampoco debemos hacer una nueva vida al 100% de nuestro tiempo.
Pienso que aceptar a los demás es un gran paso, adaptarme a ellos en lo que puedo, es otro. Querer ser un apéndice de otra persona es lo que no considero viable.
Veo como muchos se quejan porque han pasado parte de sus vidas endosándoles la de ellos a otros (pareja, amigos, familiares, hijos, etc.) y luego esperan la recompensa que no llega… por lo menos, en la dimensión que esperan.
Tengo siempre que dividir: Lo tuyo, lo mío y lo nuestro. Es aceptar, ser aceptado y vivir en conjunto. Son tres partes de la vida que no debemos olvidar en cada relación.
Analizar los gustos de otros y compararlos con los nuestros nos puede llevar a encontrar actividades de disfrute compuesto.
Aceptar que los otros son diferentes me debe llevar a entender que también lo soy. Además, cada persona es única. Entonces estoy en la obligación de tener gustos y actividades propias.
Obligar a los demás también es terrible. No sería egoísta, sino un terrorista. Mis hijos no eligieron los deportes que yo conocía; no podía yo exigir que les gustaran solo para tener su compañía.
Mi filosofía, la que cuestiona mi lector antes mencionado, dice que hago las cosas primero por mí. La consecuencia es que beneficio a los otros. Insisto, primero por mí y sin dañar a nadie.
Yo decidí aprender del deporte elegido por mis hijos, así lo vivía por mí y ellos se beneficiaban también. Hoy que están adultos buscan deportes que yo jugué, no creo que sea reciprocidad, sino que disfrutan a su viejito con una filosofía de vida que han aprendido viviéndola.
¿Se atreve a listar lo que le gusta hacer que no está haciendo y sacar el tiempo suyo para poner felicidad en su vida al ejecutar esa actividad?

viernes, 28 de julio de 2017

VISITAR A LOS MAYORES (Audio)

Visitar a los mayores no debe dejarse para después.

Intercambiar abrazos no se sustituye por fotos en las redes o mensajes que quizá ellos no leen.

Llegar a tiempo a la funeraria es llegar muy a destiempo de su vida.




De mi libro: Migomismo II - Su inteligencia interpersonal

Diego A. Sosa

miércoles, 26 de julio de 2017

PESIMISMO ÚTIL


Unos meses atrás un cliente me solicitó evaluar a su personal, especialmente a la jefa del Departamento de Finanzas. Al finalizar me confesó que buscaba una cierta excusa para salir de ella. Le resultaba pesimista y sentía que lo frenaba en sus nuevos emprendimientos. Tengo que anexar que esa señora además era su madre.
El pesimismo llega cuando al evaluar una situación sentimos que lo que podemos ganar no vale la pena ante la posible pérdida. Muchas veces es por desconocimiento, otras por falta de información y en algunos casos es una actitud endógena de la persona. O sea, existen individuos que se concentran solo en lo que se puede perder.
Curiosamente, mi cliente es un gran emprendedor y ha tenido mucho éxito en sus aventuras comerciales. Él decía que “a pesar de su madre”; yo le expliqué que “debido a su madre”.
El temor es una emoción útil en demasía. Sin ella estaríamos positivos todo el tiempo y los riesgos no existirían… bueno, no en nuestras mentes, sí en la realidad. No tomar en cuenta situaciones negativas con altas probabilidades de ocurrir puede llevarnos a un suicidio comercial.
Temer es de humanos y no se aprende, viene muy dentro de nosotros, como explico junto a las otras emociones y la forma de controlar nuestras reacciones en mi libro “Migomismo – Su inteligencia emocional interna”. Las alertas son magníficas si queremos prepararnos para convertir eventualidades en obstáculos saltables. Es solo hacerle caso al aviso.
Un pesimista al mando es posible que no permita el avance. El mismo, al lado de un optimista, hace una combinación que, bien llevada, pocas veces fallará.
Un freno puede reducir nuestra marcha y hasta no dejarnos arrancar. Por otro lado, es indispensable para no chocar. Como vemos, no es andar con el freno activado, sino utilizarlo cuando es necesario.
Los optimistas tienden a minimizar los riesgos. Analizan la situación sin medir bien los peligros. Contrario a los pesimistas, que se centran más en lo desconocido que en las opciones de triunfo.
Cada vez que mi cliente le mostraba a su jefa de finanzas un negocio, ella le enseñaba las paredes con que se encontraría (dejando salir los miedos). Él tomaba las precauciones (buscando soluciones) y cuando emprendía se convertía en un éxito. Esa es la fórmula.
¿Se atreve a traducir los miedos para accionar, convirtiendo los riesgos en obstáculos salvables?

¿NECESITAMOS UN TECHO PROPIO? (Video)