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domingo, 26 de noviembre de 2017

DESTRUYENDO UN PLEITO

Hace unos días impartía un taller de Inteligencia Emocional. Al explicar la forma de resolución de conflictos, un joven que se había convertido ya en mi colaborador por sus interesantes aportes nos contó una experiencia que vivió.
–Estaba subido en mi camión y delante de mí dos vehículos se habían encontrado de frente y ninguno quería retroceder para darle paso al otro. La discusión se extendía y el congestionamiento detrás de cada vehículo también. Yo quería llegar a hacer mi entrega y ellos se acaloraban.
Reynaldo Lluberes le imprimía dramatismo a sus palabras y con lenguaje noverbal nos empotraba en su relato.
–Yo los miraba desde arriba y decidí bajar. Me dirigí al señor que tenía su vehículo delante del mío y le dije: “Don, usted va a echar para atrás”. Me miró raro y me dijo: “¿Por qué yo y no él?” “Porque a usted se le ve que es más inteligente.”
Todos reímos de la ocurrencia de quien sus compañeros llaman El Español… aunque es de San José de Ocoa.
–Él me miró, sonrió y me dijo: “Me convenciste”. Todo terminó ahí.
Muchas veces dejamos que el orgullo nuble nuestra razón y nos dedicamos a competir en vez de enfocarnos en conseguir nuestro objetivo.
Ceder un poco de espacio puede llevarnos a nuestra verdadera meta, que en este ejemplo no era ganar la batalla generada, sino llegar al lugar al que se dirigían estos dos caballeros.
Mi amigo Reynaldo los pudo haber dejado discutir o hasta empujarlos o amenazarlos con su gran camión, pero buscó una solución creativa. Como lo que estaba en juego era el orgullo, sabiamente le dijo a uno que él era más inteligente… y no tan sencillo como decirlo, le sugirió que sería quien rompería el tranque demostrando que era el más inteligente.
Puede ser que no seamos parte del problema, o que nos afecte indirectamente, interponiéndose ante nuestros objetivos. Lo importante es identificar cuál es la meta de cada uno. Teniendo la información podemos buscar una solución creativa que cubra las necesidades de los involucrados.

Si se encuentra en un conflicto le sugiero no concentrarse en sus objetivos, es mejor enfocarse en determinar cuál es el de las demás partes involucradas. Luego haga una propuesta que cubra las necesidades de todos. Pero, siempre hay un pero, solo cuéntele cómo ellos llegarán a sus metas. ¿Se atreve a experimentarlo?

Más en mi libro: Migomismo II

martes, 15 de agosto de 2017

¿DECIDIMOS POR CORAZONADAS?

“Me resulta muy difícil decidir si lo pienso dos veces”, me dijo una amiga hace unos días. La primera decisión la tomamos por intuición, luego entra la razón. ¿A quién le debemos hacer más caso?
Diría que depende de varios factores, entre ellos:
1. º La importancia del resultado: Un cirujano no puede accionar según corazonadas. Es necesario pensar varias veces antes de decidir. Otras decisiones no tienen resultados de tanto impacto. Es como un bateador en cuenta de 3 bolas sin strikes. Puede elegir con facilidad si atacar al próximo lanzamiento o no. No es igual en 0 bolas y 2 strikes. Un atacante en fútbol puede arriesgarse a fallar un pateo a puerta, pero si el defensa yerra cerca de su arco puede costarle el juego a todo el equipo… muchas veces el campeonato o hasta el primer lugar en el mundial.
2. º Experiencia: Claro que en el ámbito que se requiere tomar la decisión. Cuando en ocasiones anteriores hemos accionado sobre un caso idéntico, nuestro cerebro pensará rápidamente en lo que hizo en el pasado. Si estuvimos conformes con el resultado, lo más probable es que rápidamente tengamos la tendencia, que será involuntaria.
La ciencia nos ha dado muchas respuestas a lo que pasa en nuestro cerebro para tomar una decisión. Nos puso en evidencia sobre lo que el inconsciente hace mientras nos enfrentamos a una situación.
Nuestro cerebro hace conexiones entre las neuronas. Esto sucede cada vez que enfrentamos una información nueva. Mientras más usamos esa carretera, más fuerte se convierte la conexión y más fácil es andar el camino. Es como si la carretera se ensanchara.
En caso de enfrentar una situación nueva, o con variables no conocidas, el camino a recorrer puede ser otro, pero la información llega, tomamos una decisión inconsciente y ella influenciará todo el tiempo, no importa que la razón no llegue a una conclusión.
Cuando nos encontramos en una encrucijada nuestro inconsciente presiona de todas las maneras posibles para que su decisión sea la tomada en cuenta. La indecisión es una manipulación muy bien elaborada por nuestro amigo de las tinieblas. Al final casi siempre tomamos la decisión que él quiere… en conclusión, es una corazonada lo que nos ayuda.
¿Se atreve a tomar su próxima decisión que no importe el resultado con la primera decisión que le venga a la mente?  




miércoles, 26 de julio de 2017

PESIMISMO ÚTIL


Unos meses atrás un cliente me solicitó evaluar a su personal, especialmente a la jefa del Departamento de Finanzas. Al finalizar me confesó que buscaba una cierta excusa para salir de ella. Le resultaba pesimista y sentía que lo frenaba en sus nuevos emprendimientos. Tengo que anexar que esa señora además era su madre.
El pesimismo llega cuando al evaluar una situación sentimos que lo que podemos ganar no vale la pena ante la posible pérdida. Muchas veces es por desconocimiento, otras por falta de información y en algunos casos es una actitud endógena de la persona. O sea, existen individuos que se concentran solo en lo que se puede perder.
Curiosamente, mi cliente es un gran emprendedor y ha tenido mucho éxito en sus aventuras comerciales. Él decía que “a pesar de su madre”; yo le expliqué que “debido a su madre”.
El temor es una emoción útil en demasía. Sin ella estaríamos positivos todo el tiempo y los riesgos no existirían… bueno, no en nuestras mentes, sí en la realidad. No tomar en cuenta situaciones negativas con altas probabilidades de ocurrir puede llevarnos a un suicidio comercial.
Temer es de humanos y no se aprende, viene muy dentro de nosotros, como explico junto a las otras emociones y la forma de controlar nuestras reacciones en mi libro “Migomismo – Su inteligencia emocional interna”. Las alertas son magníficas si queremos prepararnos para convertir eventualidades en obstáculos saltables. Es solo hacerle caso al aviso.
Un pesimista al mando es posible que no permita el avance. El mismo, al lado de un optimista, hace una combinación que, bien llevada, pocas veces fallará.
Un freno puede reducir nuestra marcha y hasta no dejarnos arrancar. Por otro lado, es indispensable para no chocar. Como vemos, no es andar con el freno activado, sino utilizarlo cuando es necesario.
Los optimistas tienden a minimizar los riesgos. Analizan la situación sin medir bien los peligros. Contrario a los pesimistas, que se centran más en lo desconocido que en las opciones de triunfo.
Cada vez que mi cliente le mostraba a su jefa de finanzas un negocio, ella le enseñaba las paredes con que se encontraría (dejando salir los miedos). Él tomaba las precauciones (buscando soluciones) y cuando emprendía se convertía en un éxito. Esa es la fórmula.
¿Se atreve a traducir los miedos para accionar, convirtiendo los riesgos en obstáculos salvables?

jueves, 20 de julio de 2017

IMPLICACIONES DEL PERFECCIONISMO

En un coaching hace unos días mi cliente quiso trabajar cómo tratar con una compañera de trabajo que es perfeccionista. “Ella sabe que lo es y no tiene la menor intención de cambiar”.
En la vida los extremos tienden a complicar la existencia propia y la de los que nos rodean. Y más si se encuentran personas de polos opuestos. No quiero decir que mi coachee fuera lo opuesto a ella, pero así lo considera su compañera.
Para que seamos complementarios debe haber de los dos lados. La situación se complica cuando una de las partes está muy alejada del centro. El perfeccionista siempre verá a los demás como deficientes, el que está en el otro extremo sentirá demasiada exigencia para situaciones que según él no lo ameritan; todo dependerá del punto de vista.
Los perfeccionistas, por lo regular, viven con más estrés del necesario, hasta llegan a enfermarse con facilidad. Una coma mal colocada puede llevarlos al borde de un ataque de nervios. Cuando son tantas las versiones que hay de usar tan útil amiga (según los escritores, no los lingüistas)… Debo reconocer que hay reglas inviolables, la gran mayoría no las tomamos en cuenta y muchos ni las conocen. Le aseguro que a los del extremo de la perfección les es muy difícil sobrellevar la situación.
Pongo el ejemplo de la coma porque en la mayoría de los casos los perfeccionistas desarrollan una dedicación a las letras que me sorprende. No sé por qué, pero les encanta la gramática. ¡Cuánto sufren!
Las relaciones humanas con perfeccionistas son complejas. Ya sea en lo familiar, personal o laboral. No podemos cambiarlos, debemos tratar de llevarnos lo mejor posible.
Cuando son nuestros jefes no podemos más que aprender a cometer la menor cantidad de errores posibles. Si no está dispuesto o no podrá llegar al nivel requerido, es mejor que busque otro jefe. Pasarse la vida tratando de trabajar con una persona de estas características no será lo más divertido que tendrá en su existencia.
Si es jefe de un perfeccionista puede aprovechar para complementarse. Con el cuidado de no tender a la parálisis. Hay trabajos que no tienen que ser perfectos, lo importante es que se terminen con la menor cantidad de errores.
Mi método para ser más asertivo está por completo en mi libro ¿No tienes tiempo? En él muestro las formas de tomar la decisión cuando tenemos las opciones de buscar la perfección o atender a la urgencia.

¿Se atreve a ser más tolerante moviéndose un poquito hacia el centro siendo menos de uno y más del otro?

miércoles, 12 de julio de 2017

lunes, 15 de mayo de 2017

¿SEXO OPUESTO? (Audio)

Estar opuestos lo considero como estás de espaldas. Es un término que no creo ayude a una verdadera colaboración y compenetración.
En el audio de esta semana están mis consideraciones de una buena relación entre personas diferentes.
Por: Diego Sosa




martes, 9 de mayo de 2017

SIGUIENDO A LOS GUÍAS

Desde que mis hijos estaban muy pequeños me interesé bastante por observar el comportamiento de los niños en los parques de juegos. El proceder innato me ayuda a entender qué perseguimos cuando no educamos nuestro consciente para que venza al subconsciente.
En los lugares donde se juntan los niños a jugar se forman manadas de diferentes tamaños. Sabemos que existe una variedad de tipos de individuos: Están los alfa, los de mayor rango en la manada, a los que los demás siguen; los beta, segundo rango, en su mayoría quieren ser un día alfa; y por último, los omega, subordinados a todos y sin muchas aspiraciones, los que más humillaciones reciben.
Los jefes de la manada, sean masculinas, femeninas o mixtas, pueden darse por diferentes causas. Entre otras, existen los autoritarios, que a la fuerza se hacen seguir (principalmente se rodean de omegas) y los líderes, que por su comportamiento reciben la autoridad para ser los guías.
En las manadas de niños muy pequeños la fuerza no ayuda en mucho, los padres están cerca y no dejan que el más fuerte domine a su pequeño. Cualquier gesto que pueda poner en peligro la integridad de un hijo será detenido a tiempo. Entonces, lo único que puede resultar para ser guía de la manada es ser como los demás desean ser.
Las conclusiones de muchos experimentos es que seguimos a los más comunes, con los que nos identificamos, no a quien sobresale. Aquí está la paradoja del liderazgo. La mayoría de los líderes desean sobresalir con actuaciones que los demás no pueden ejecutar. Mientras la gente desea seguir a alguien con quién se sienta identificado. Quizá nunca logre lo que ella o él alcance, pero lo desea y cree que lo puede conseguir.
Lo más importante es que en lo demás sea una persona común, no un superhéroe.
Cuando somos jóvenes, por lo general, los hombres queremos lograr hazañas deportivas. Está en nuestra programación que el que tiene mayores habilidades físicas comandará la manada. Viene de muy atrás, cuando se necesitaban esas habilidades para conseguir la comida, al cazar, o para defender a la familia, en las guerras y peleas. Hoy ya no es así.
Sabiendo cómo somos es más fácil ser líder. ¿Se atreve a detectar qué tipo es usted y son los de su alrededor: Alfa, beta u omega?

Más sobre el tema en mi libro: Migomismo II - Su Inteligencia Interpersonal


miércoles, 3 de mayo de 2017

CUANDO TODO SALE MAL

Hace unos días me encontré con un amigo y al preguntarle cómo estaba me respondió: “No es un buen día para hacerme esa pregunta”. Quizá otro me hubiese respondido “¡BIEN!” por aquello de “al mal tiempo buena cara”. Conversando un poco, sin extenderme por aquí, me dijo que estaba en uno de esos días que todo sale mal. ¿Ha tenido alguno así?
En sicología hay muchos estudios al respecto, otros lo justifican por el lado de las energías y los astros, etc. La pregunta que le hago es: ¿Podemos cambiar el rumbo de esos malos días?
Si cree en el destino o le entrega su futuro a los astros me imagino que tendrá su respuesta bien clara. Le indico que este es el momento de dejar de leer el artículo, porque como siempre le explicaré algo para que pueda cambiar… en este caso le daré recetas para que convierta su mal día en uno bueno, o por lo menos, en uno no malo.
¡Oh, siguió leyendo!, usted es de los que quiere saber cómo cambiarlo o de los que buscará todos los argumentos para desmontar mi método… no importa, le agradezco que haya seguido.
1.     Olvídese de lo que ya pasó: Si salieron varias cosas mal no hay forma de cambiarlas. Quizá podemos lograr que en otra ocasión no pase; por ejemplo, saber que levantarse tarde llevará a una cadena de hechos desastrosos, aumentará el estrés, lo cual nos debe llevar a no perder tiempo cuando el despertador suena.
2.     Elija tareas que le guste hacer: En momentos negativos vemos todo con lentes oscuros en medio de la oscuridad. Lo que nos sale bien nos da confianza. Por lo general, le echamos mano a lo que no nos gusta hacer… “total, hoy estoy de malas”.
3.     Déjese contagiar: Cuando vea a alguien positivo acérquesele y tome de su energía. Su inconsciente tratará de contagiar al otro, pero si recuerda esta sugerencia se le acercará y le dirá: “Ven, dame de tu energía positiva”. Reconocer y manejarse con las emociones lo detallo en mi libro Migomismo.
4.     Tenga identificado a un payaso: Ese amigo o compañero que usted le puede decir: “Sácame de este bache”. Una persona especial que le hará reír y olvidarse del mal momento, girando hacia lo bueno.

Ahora le toca a usted: ¿Se atreve a contagiarse o contagiar de buenas energías para que el día de muchos sea mejor?




domingo, 23 de abril de 2017

LA HORMONA DE LAS RELACIONES

“Es que a mí no me dieron leche materna” escuché a un comediante decir hace unos días. Con esta expresión intentaba justificar la mala relación con su madre… era un chiste, pero ¿qué tan atinada es su aseveración?
La oxitocina es la llamada hormona de las relaciones. Ilustraré su importancia sin entrar en demasiados detalles científicos de tan interesante elemento.
Cuando la oxitocina corre por nuestro sistema sanguíneo nos sentimos más unidos a la persona que está provocando dicho flujo. Los casos de mayor explosión se dan al lactar (por la estimulación al pezón) y al tener distención del cuello uterino, como al momento del parto. Puede concluir que además del bebé otra persona puede provocar que dicha hormona desborde el flujo sanguíneo.
El cerebro guarda en su programación las conexiones necesarias para recordar inconscientemente los eventos y las personas que hicieron desencadenar el flujo de oxitocina.
Una madre que amamanta a su hijo desarrolla un vínculo especial, hasta su voz lo calma. No es que la que no lo amamanta no lo logra, solo que es diferente el recuerdo y el flujo de hormonas.
De la misma forma, una pareja puede lograr mejores vínculos cuando se libera oxitocina. Aclaro, no estoy incitando a quebrar normas morales, solo me refiero a la parte científica…
Algunas consecuencias deben ser tomadas en cuenta. Cuando la hormona de las relaciones anda desbocada solemos ser más generosos, según recientes estudios en humanos. Es importante saber que estamos en ese estadio para no tomar decisiones de las que luego podremos arrepentirnos.
Un sí a una solicitud matrimonial o la oferta en sí pueden ser peligrosas decisiones. Siempre sugiero que estas acciones deben ser tomadas sin la influencia de químicos extras en nuestra sangre. Si es una buena opción, lo será también en estado de equilibrio, no solo por la influencia externa.
La hormona en cuestión también nos sube el nivel de autoconfianza. Lo que influye en reducir el miedo social. Nos es más fácil relacionarnos bajo la influencia de nuestra amiga.
No le solicito que busque ayuda externa (medicamentos), ni que salga a la calle a comportarse diferente cuando de manera natural su nivel de oxitocina ha subido. Mi sugerencia es que si le gusta como se comporta cuando está en ese estado busque la forma de hacerlo cuando lo desee… el mundo afuera es igual con o sin ella: ¿Se atreve?


domingo, 16 de abril de 2017

HASTA QUE EL SMARTPHONE NOS SEPARE

Hace unos días cenando en un restaurante observé a la pareja de la mesa contigua. Lo que parecía una velada romántica me llevó a ver cómo han cambiado las cosas desde mis tiempos mozos.
En contadas ocasiones los vi hablar con miradas sostenidas… bueno, sostenidas entre ellos, porque el aparato inteligente sí las obtenía. Sé que es una nueva forma de relacionarse y que estoy viejito (porque quiero estarlo o porque no deseo cambiar), pero deseo llamar la atención de todos con relación a otras intromisiones del nuevo amigo íntimo.
Al casarnos podría ser tomado en cuenta el teléfono móvil. La declaración de amor debería conllevar un aparte de tolerancia para el uso, de lo contrario, llegará el día que será el causante de la separación. Cuando el amor irracional empieza su decadencia comenzamos a notar cómo es de útil esa tolerancia.
Falta de atención: Dedicarle más tiempo a los que no están presentes puede producir roces o competencias. Sé que hoy ambos hacen lo mismo, pero créame que nuestro cerebro aún no está preparado para compartir a la persona que amamos irracionalmente. Quitando el tiempo que no estamos juntos y el que pasamos durmiendo, queda poco para compartir. Ya sé, existe una gran frase: “Yo le dedico tiempo de calidad”. Siga durmiendo de ese lado y se lamentará.
Trabajo permanente: Es insólito que nos exijan siempre estar a la orden. Me refiero también a los clientes. Como ya todos tienen nuestros números personales creen que a cualquier hora debemos responderles. Los jefes obtienen cada día más la patología de adicción al trabajo. Por ende, envían mensajes de texto a cualquier hora por el medio inadecuado… sí, por el WhatsApp.
Lo nuestro es primero para nosotros: Las parejas tienen códigos secretos de comportamiento que ni ellos conocen. Saber antes que los demás lo que al otro le sucede es algo más que especial. La cámara del teléfono y su acceso a las redes destruye toda posibilidad de mantener esa vieja costumbre. Compartirlo todo a gran velocidad no es lo más romántico.
Hay muchos puntos más. La comunicación es la base de una relación sana y duradera, la que trabajo por extenso en mi libro Migomismo II.

¿Se atreve a revisar si el inteligente aparatito le está distanciando de su pareja y tomar determinaciones para que le una a ella?

domingo, 9 de abril de 2017

MOSTRANDO LO QUE NO SOMOS

Estoy sentado en un restaurante después de almorzar y veo en la mesa contigua a una joven parejita. No es que sea entrometido, me quedan de frente y llaman mi atención. Como estaba escribiendo comparto lo que observo de la conducta humana.
Ambos hacen el mayor de los esfuerzos por no mostrar una parte que piensan el otro rechazará; mientras, intentan por todos los medios dar una imagen de lo que piensan causará la mejor impresión.
En el ajedrez social que jugamos estamos convirtiéndonos en entes que no somos, que no queremos ser, pero que pensamos que debemos ser. A la larga nos conocen como somos y se sienten engañados.
Los jóvenes que tengo en frente salen por primera vez. ¿Qué cómo lo sé? No es difícil saberlo al observar su lenguaje corporal e interpretar su comportamiento y vestimenta, es solo ponerlo todo en contexto… deducción lógica. Quizá se conviertan en pareja, sus esfuerzos por impresionarse deben ser recompensados y el lenguaje corporal de ella me lo confirma al tiempo que avanzo en este escrito. Si quiere saber más de esa lengua casi muerta puede encontrarlo en mi libro: Ventas, Oratoriay Lenguaje del Cuerpo.
Quisiera que ellos pasaran rápido esta etapa de mercadeo y dejen de esconder lo que en realidad son (hasta podría gustarle al otro). Al final, la duración de esa relación estará condicionada a esas personas que esconden, no a la que tratan de mostrar, las que yo como profesional desde mi mesa puedo ver con transparencia.
Ser auténtico conlleva sus riesgos, lo entiendo. No sugiero que desde el inicio dejemos salir esa parte de la que no estamos orgullosos. ¿Por qué pienso así? De estar orgullosos no la esconderíamos. Reconocer que algo puede ser rechazado nos debe llevar a rechazarlo, cambiarlo de raíz y sentir autenticidad en nuestro accionar con ese nuevo yo.
Tratar de ser aceptados socialmente consume demasiadas energías y nos lleva a una unión con una persona que no es compatible con nosotros.
La temporada del mercadeo debe ser para conocer a la verdadera persona, como explico en mi libro sobre las relaciones interpersonales, Migomismo II. Debemos estar abiertos a aceptar y poner en una balanza. Decidir racionalmente si es la persona para pasar parte o el resto de nuestra vida. Debemos vivir las emociones sin lanzarnos a un precipicio. Les cuento, están cada vez más cerca… ya casi.

Por: Diego A. Sosa
Coach, Conferencista, Consultor y Escritor


martes, 17 de enero de 2017

¿AYUDAR O ENSEÑAR?

Decidir entre ayudar y enseñar puede hacer la diferencia en la vida completa de una persona.
En estos días me encontré con un video que muestra cómo una madre osa enseña a su cría en una situación de peligro. El pequeñín cayó al agua y al intentar salir no lograba su objetivo. La madre se da cuenta que su vástago está en peligro y se lanza al agua. Nadó hasta él y se colocó detrás… sin tocarlo ni ayudarlo. El jovencito dejó de chapotear con rapidez y comenzó a buscar donde apoyar sus garras.
Si quiere ver el video lo encuentra en mi muro de Facebook.
Para muchos la madre hizo lo correcto. Pero no todos vieron la forma en que ella actuó. Una mamá humana posiblemente lo sacaba del agua. Con el poder del habla muchas le intimidarían a altos decibeles para que no volviera a exponerse al peligro.
Lo que pude ver de la osa fue su forma de enseñar. Simplemente actuó rápido para quitarle el temor a su hijo, pero sin quitarle su proceso de aprendizaje. Se colocó por detrás dándole tranquilidad y lo dejó hacer su camino… si le volvía a pasar y ella no se daba cuenta, él tendría que encontrar la forma de salir, la ya aprendida. No era cuestión de no volver a entrar al agua, lo importante era aprender a salir.
Muchos padres tendemos a quitarle temor a nuestros hijos, pero por la vía de eliminarles el proceso de aprendizaje o quitándoles el peligro de su camino. ¿Aprenderán algo? Sí, la mayoría aprende a que no debe dar pasos diferentes. Otros a que sus padres siempre les sacarán de los problemas.
Cuando aprendemos a no dar pasos diferentes no logramos aprender. Solo sabemos lo que nos enseñan. Vivimos temerosos. Hasta nuestra autovaloración sufre. Buscamos una zona de confort, en una nacimos y nos criamos.
Los que aprenden a que sus padres los sacan de los problemas tienden a ser irresponsables e inmaduros. Por naturaleza son arriesgados, pero no aprenden a medir el peligro, al final saben que sus padres entrarán al agua a sacarlos. ¿Que les hablarán fuerte? No les importa, terminan acostumbrándose.
Hay mucho que aprender de esa osa y de tantos animales. Debemos observar y ver la mejor forma de preparar a nuestros hijos o colaboradores, como muestro en mi libro MigomismoII. Podemos ser sus guías, sus mejores maestros. ¿Te atreves ahora a observar a alguien aprender sin sacarlo del agua de inmediato?



lunes, 2 de enero de 2017

“Espejito mágico en la pared…”

“Espejito mágico en la pared: ¿quién es de todas las damas en este reino la más hermosa?” Es una frase muy famosa del cuento de Blancanieves.
Hoy todos preguntamos a todos a través de las redes. Quizá no si somos los más hermosos, pero por lo menos queremos estar entre los más… ya sea: hermosos, que más viajan, que mejor comen, que más salen, etc.
Si solicitamos a diez personas a nuestro alrededor que evalúen su forma de conducir, probablemente todos quedarán por encima del promedio. En algún caso puede pasar porque no estamos tomando una muestra científica. En la vida real la mitad debería estar por debajo.
La realidad es que si tomamos todo en serio y hacemos una encuesta, más del 90 % de las personas dirá que está por encima del promedio. Ya sea en su forma de conducir, éxito, hijos más bellos o inteligentes, etc.
¿Es viable que más de la mitad de las personas estén por encima del promedio? Estadísticamente es imposible. La percepción de ser mejores en lo que hacemos o logramos es muy típica, pero también puede ser nociva.
Cuando creemos que a nosotros no nos pasará como a los demás, podemos estar viviendo en una burbuja. “A mí no me dará cáncer por fumar”. “Yo no tendré un accidente por andar rápido, yo manejo mejor que casi todos”. “Cuando bebo es que mejor manejo, no soy como los demás, ahí es que más me cuido”. Y otras aseveraciones que pueden llevar a ver las leyes de la probabilidad como un acto extraño que solo le aplica a los que están fuera de la burbuja.
Existe también un efecto gemelo y de sentido contrario. Es cuando creemos que somos peores que el promedio. Hasta llegamos a pensar que estamos entre el 10 % más desafortunado.
Al pensar de esa manera no hacemos el intento por lograr algo que no está tan distante como pensamos. Muchas veces no necesitaremos de talento para estar cerca del promedio; con algunas técnicas y un poco de práctica lograremos estar más allá de lo que necesitamos.
No te sugiero que trates de convertir una debilidad en fortaleza. Tampoco que pienses que no eres tan bueno como eres. Es cuestión de ser realista y sacarle provecho. ¿Te atreves a intentar algo que piensas nunca podrías, como manejar tecnología, bailar o hacer algún deporte?

Por: Diego Sosa

martes, 22 de noviembre de 2016

RECIPROCIDAD O RECOMPENSA

Una amiga me contó hace unos días que su hijo la acompañó con mucho placer a hacer diligencias. Al principio estaba muy feliz, luego comenzó a sospechar de tanta amabilidad. “Ese huevo quiere sal”, dice el adagio.
Al terminar la jornada llegó la solicitud de permiso para una salida al cumpleaños de un amiguito. Mi pregunta es si su accionar fue con la intención de conseguir el permiso a cambio o en cambio de.
Buscar una recompensa es algo muy típico. Una de las tendencias de la crianza es basada en la opción del “gánatelo”. Si quieres algo, haz algo. En ese sentido, el joven a quien me refiero no estaba haciendo nada que la sociedad no le haya enseñado; aprendió un método y lo puso en práctica. Quieres dinero, trabaja; quieres buenas notas, estudia; quieres un permiso…
La segunda opción es también interesante, utilizada más por los mayores para conseguir algo de sus semejantes. “Si te doy algo, recibo algo en cambio”. Para mí no pasa de ser un sistema manipulativo. Algunos lo llaman: “Tengo una a mi favor”. Lo peor es que elegimos a nuestro favor: si me conviene hacerlo, voy ganando, porque luego me dan algo que quizá ni merezco o la otra persona no quiere hacer. Es un sistema también muy establecido en la sociedad.
Si sigue mis escritos, o ha leído mis libros, en especial en el que trato por extenso el tema: Migomismo II – Su Inteligencia Interpersonal, sabrá que no soy defensor de ninguno de estos sistemas. Prefiero tomar decisiones racionales y hacer por los demás por gusto propio y no por esperar algo a cambio.
A mis hijos siempre les otorgué permisos porque la situación lo ameritaba y no por un buen comportamiento anterior. Y ellos casi siempre han ayudado por razones internas y no por obligación o por buscar algo a cambio. Por ejemplo, por motu proprio no aceptan dinero de los abuelos por cortarles la grama y arreglarles el jardín. Aunque se lo reciban cuando ellos se los dan sin motivo ni razón.

Enseñar a los jóvenes a hacer cosas esperando algo a cambio los convierte en egoístas, luego no harán nada si no esperan recibir algo a cambio. De la misma forma, perpetran acciones solo por interés. ¿Se atreve a ayudar a alguien sin esperar que algo le llegue a o en cambio?

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿TACAÑO O AHORRATIVO?

¿TACAÑO O AHORRATIVO? 
En una sociedad que predomina el consumismo, el que no gasta todo lo que ingresa por lo regular es observado con cuidado por sus semejantes. Como la mayoría me dice que el dinero no alcanza para ahorrar, entonces podemos casi deducir que el que no lo gasta todo es por tacaño.
Siempre pregunto en mis cursos de Inteligencia Financiera Personal: Si el que no lo gasta todo brinda a los demás, ¿sigue siendo tacaño? La respuesta categórica es “no”. Con esta sencilla prueba queda demostrado que guardar no define al tacaño, sino el que no brinde.
Hoy existen diferentes categorías de tacaños, iniciando con el envidiado por su comportamiento y llegando hasta el miserable o más allá. Algunos viven tranquilos con su forma de ser, otros se sienten incomprendidos, y los más agarrados pasan por indeseables.
El tacaño real es muy difícil de tratar. Son personas que: Pudiendo cubrir una necesidad no lo hacen; todo se lo encuentran caro, para ellos nada vale su precio; se aprovechan de los demás; no disfrutan un compartir si involucra pago; etc. Las relaciones humanas con alguien así son muy complejas. Tienden a terminar aislados de los grupos que comparten momentos y costos.
En la categoría más alta del tacaño encontramos al miserable. Individuo que teniendo dinero para disfrutar de algo que le gusta, prefiere esperar una víctima que se lo brinde. No come bien por no gastar, mucho menos acompaña a los demás, para que no le hagan erogar el más mínimo centavo. 
El ahorrativo no es obligatoriamente tacaño. Él tiene un plan y le asigna su dinero a necesidades propias. No es que guarde dinero por no utilizarlo, sino que tiene una asignación para diferentes necesidades. Diversión, educación, imprevistos, futuro, etc. Una parte no parece tener un fin específico, pero sabe que lo necesitará más adelante, como para no pagar intereses por necesitar el dinero de otros.
Muchos no lo entienden, piensan que el ahorrativo desperdicia su vida. “Tienes que disfrutar, no sabes si te mueres mañana”–le dicen buscando que gasten su dinero en gustos presentes, aunque no cubran necesidades que mejoren su calidad de vida.
“El dinero está hecho, solo hay que buscarlo”. Es otro de los pronunciamientos que sentencian el futuro de muchos. Con una filosofía acorde a ésta escuché a un ‘asesor en enriquecerse’ hace unos días y sentí pavor. Dice que meterse en un lío nos hace salir de la zona de confort. Para algunos estoy seguro que funciona… verse en la necesidad puede moverlos, se llenan de adrenalina y cortisol y salen a la batalla. Lo malo es lo que sufren en el camino. Lo peor es que la mayoría no encontrará la salida de tan arbitraria encrucijada.
Por mi parte prefiero ofrecer a las personas herramientas para que primero se muevan y luego gasten. Una de ella es el ahorro. Reunir dinero para iniciar un negocio lo considero más útil que una deuda para sentir que tengo la necesidad de crear un negocio.
Vivir la inmediatez o hasta la vida por adelantado (adquiriendo lujos con dinero que no nos hemos ganado) no es de vivebien, es de desorganizados sin visión ni previsión de futuro.
El dogma que recomiendo no es no adquirir el lujo, debemos disfrutar de muchas cosas que se adquieren con dinero. Algunas satisfacen necesidades muy importantes en la vida. Pero sin pagar más por no esperar.

FRASE DE LA SEMANA
“Construir el futuro en vez de empeñarlo lo considero de sabios”
Diego A. Sosa
Consultor, Conferencista, Coach y Escritor



miércoles, 2 de noviembre de 2016

KARŌSHI: MUERTE POR EXCESO DE TRABAJO

Los japoneses tienen un nombre particular a la causa de que las personas se queden sin vida por motivos laborales. Principalmente derrames cerebrales y problemas cardíacos son los encargados de aumentar la mortalidad.
En el 1969 se conoció formalmente el primer caso y en el 1987 el departamento de salud lo reconoció como tal. Un caso muy comentado fue el ingeniero de una automotriz que trabajó más de 80 horas extras en sus últimas dos semanas de vida… todo por llevar a fin un proyecto importante de la empresa. Su hija lo encontró en su apartamento el día antes de su siguiente viaje de negocios.
Siempre reconocemos la disciplina de los japoneses, su tenacidad para lograr resultados, su obediencia y mucho más. Todo lo que lograron para levantar esa gran nación de las cenizas después de la segunda guerra mundial. Pero, porque siempre debe haber un pero, ¿es esa la mejor forma o la que debe ser constante?
Me parece que muchas empresas están pasando por una peligrosa situación, la llamaré “adicción al éxito”. Es como una escalera sin fin: Ser mayores cada año; luego ser las mayores; y cuando ya lo son, proteger ese lugar y romper nuevos records.
Nada de eso es malo, por el contrario, es motivador y trae bienestar a sus trabajadores… ¡Oh, disculpe! Me confundí en el tiempo verbal utilizado; dije “trae” donde debí decir “debería traer”. Qué lindo y específico es el lenguaje.
Digo “debería traer” porque en la gran mayoría de los casos el sacrificio personal de los trabajadores es lo que lleva a ese logro total de la empresa, y estoy en completo desacuerdo. “Dar la milla extra”; “Saber trabajar bajo presión”; y otras consabidas frases que hoy usan las empresas son mortales para el equilibrio interno de sus colaboradores, quienes hacen que la empresa logre los resultados… sí, a los que despiden cuando deciden que alguien debe tener la culpa, que lo puede hacer mejor o por menos dinero.
Karōshi viene a definir un efecto que está pasando sigilosamente en muchas sociedades. La tendencia es a incrementarse y la apatía de las empresas por el humano es cada día más hipócrita… Sí, antes había un departamento de personal, ahora se llama gestión humana, pero no veo que haya una tendencia real a salir de lo que fue, departamento de recursos humanos. Estamos tratando a las personas como recurso, sacándoles cada vez más como si no tuvieran límites, comparándolos como si no fueran diferentes (o sea, humanos)… Podría resumirlo: Tratamos a las personas como si nosotros no fuéramos semejantes.
Al final de cuentas exigimos porque nos exigen, no sabemos romper la cadena de maltrato y no nos damos cuenta que somos parte de esa cadena, un día también romperá por nosotros y nos sustituirán para seguir el ritmo cada día más frenético.
Abogo por empresas conscientes, donde la gente guste de trabajar, no por el salario, sino por el balance personal: Tiempo, dinero, salud, emociones y relaciones. Lo que trabajo en mi libro Tú eres la estrella. Necesitamos esa armonía.
Lamentablemente las personas le damos más valor al dinero que al equilibrio y al final de cuentas el karōshi se va introduciendo con fuerza en la sociedad y más personas van perdiendo facultades o la vida por causa de accidentes cardiovasculares, depresiones o del ya tan de moda Burnout.


FRASE DE LA SEMANA
“Llevarnos de poseer nos hace valorizar un trabajo por el ingreso; prefiero valorar el balance de vida”

Consultor, Conferencista, Coach y Escritor

martes, 1 de noviembre de 2016

DESPEDIDA RETARDADA


Hace unos días compartí avión con un joven al que escuché expresar que tenía cuatro años sin visitar a su familia. Llegaba desde Europa; el receptor de su mensaje le manifestó su alegría.
–¡Qué feliz debes sentirte! Te deseo unas buenas vacaciones.
–No son vacaciones, tristemente fue un viaje inesperado, mi padre murió ayer.
No es la primera vez, ni será la última, que me encuentro con una situación similar. Las personas piensan que no pueden ir a ver a sus seres queridos, o descuidan la frecuencia de encuentros, y luego acontece un evento y hacen lo indecible por despedirse de un ser amado. Imagino que el padre de este joven hubiese preferido verlo y abrazarlo. Un día demasiado tarde llegaron sus extremidades superiores.
Quisiera no tener que despedirme de nadie; lamentablemente no creo que sea realista mi pensamiento. A uno que otro no podré ver con la frecuencia que quiero. Tampoco deseo que nadie se despida de mí en un momento que no pueda despedirme de él.
Para mí las despedidas no son cierres de puertas. Prefiero disfrutar en vida a quienes amo. Compartir y no hacerles más falta de lo necesario, demostrarles con hechos más que con palabras cuánto los quiero.
En muchas ocasiones nuestros seres queridos más entrados en experiencia solo quieren compartir, no desean sentirse abandonados. Tienen tiempo y necesitan del contacto a la manera antigua, esa que se hace estando presente, la que libera hormonas de las relaciones y de la felicidad. Hormonas que tienen hasta poder sanatorio cuando les permitimos transitar por nuestro sistema circulatorio.
Despedirnos en un muro de una red social tiene un efecto importante para nosotros mismos y quizá para los que lo leen (me quedan dudas aún si en el más allá se pueden leer los mensajes personalizados que les dejamos a los que ya partieron desde aquí).
Expresar cariño es para muchos bien cuesta arriba, principalmente a los del género masculino criados bajo la premisa de que se pierde la hombría si se demuestra una emoción. Quizá no se tiene que pasar por un mal momento para demostrar cariño a un ser querido, pienso que acompañar a quien queremos ya es un gran motivo de alegría y una enorme demostración de lo que sentimos. ¿Se atreve a desempolvar la lista de seres queridos y visitar alguno en los próximos días?

martes, 11 de octubre de 2016

¿ELEGIMOS A LA PAREJA POR SU CAPACIDAD FINANCIERA?

Con frecuencia me encuentro en las redes con un tipo de carteles que en cierta forma me sorprenden. Uno de ellos es: “Un ‘te quiero’ es bueno, pero no hay nada como un ‘te deposité’ ”.
Conocer a nuestros antepasados nos ayuda a entender el porqué de nuestro comportamiento. Saber que el mundo cambia a mayor velocidad de la que nuestro cerebro puede evolucionar es una obligación si queremos modificar conductas que ya no son útiles.
Hasta hace unas cuantas decenas de años, la necesidad de encontrar una pareja con la capacidad de mantenerla era para la dama una necesidad básica. Sin asegurar su techo y comida podía convertirse en una presa fácil para el sufrimiento. El cerebro femenino sigue procurando defenderla de dicho peligro. Y el masculino intenta aprovecharse de tal comportamiento para lanzarse a la conquista. Demostrarle a esa dama que él es capaz de darle protección y alimento es su forma de conquistarla, quizá prehistórica, pero le da resultados. Hasta algunos tratan de impresionarlas gastando dinero que no se han ganado y que en el futuro les hará mucha falta, ya sea para las crías o para tener un techo seguro.
Una diferencia hoy es que muchas mujeres ya no necesitan al hombre para suplir la comida en su casa. No les hacen falta las habilidades y destrezas del cazador antiguo; hoy ella sale a trabajar y consigue el dinero para suplir las necesidades básicas, y cada vez en más casos muchas necesidades más.
El hombre que conquista una mujer mostrándole sus capacidades de mantenerla a la altura que ella está interesada puede estar entrando en un partido peligroso. Si mostrar dinero es la divisa, la categoría en que jugará el hombre sube de acuerdo a su capacidad de endeudamiento.
Un macho con una tarjeta de crédito de abundante cabida puede pasar a jugar en las grandes ligas del apareamiento instantáneo. Una mujer con pretensiones importantes y atributos cautivadores estará jugando en las ligas mayores. Un juego peligroso se percibe en el ambiente. Solo será posible mantenerlo mientras el macho pueda aparentar y la joven mantenga sus atributos. Bajar de liga es más que cuestionable para ambos; el resultado, por lo general, es desastroso.

En mi libro Migomismo II muestro cómo nos comportamos para lograr la empatía y crear relaciones de larga duración. ¿Tendremos que transparentar las finanzas antes de emparejarnos?