lunes, 24 de octubre de 2016

LA MODA Y EL DINERO

Comprar por moda no es innecesario. Podríamos decir que en la mayoría de los casos no cubre necesidades básicas, pero cada adquisición llena algún tipo de necesidades.
Lo importante al comprar lo que está de moda es saber cuál necesidad nos está cubriendo. Abraham Maslow nos entregó su estudio sobre las necesidades de los humanos. Su conclusión es que tendemos a cubrir unas necesidades antes que otras, según resume en su famosa Pirámide de Maslow.
Él dice que una persona con necesidad de alimentación da prioridad a conseguir comida ante necesidades como las de seguridad o de reconocimiento. Recordando, la pirámide está sostenida por las necesidades básicas (nutrición, ciclo de sueño, relaciones íntimas, entre otras), encima de ellas están las de seguridad, subiendo a las sociales, escalamos luego a las de reconocimiento y terminamos en la cima con las de autorrealización.
Las empresas diseñan sus productos y buscan satisfacer necesidades de las personas. La moda cubre varias, los mercadólogos están claros cuando trazan sus estrategias; la venta debe cubrir necesidades, los clientes tienen que sentir que el producto es útil… o sea, cubre una o más necesidades.
Hemos llegado al punto que existen empresas que no tienen clientes, los han hecho seguidores. Con esta estrategia no piensan cubrir necesidades que están a la vista. Sus seguidores adquieren emocionalmente. Las necesidades a cubrir están más en el metaconsciente que en la razón.
Destinar dinero a cubrir mis necesidades de la parte superior de la pirámide, como las de reconocimiento de los demás, no debe implicar una desmejoría de mi futuro mediato. Las empresas de la moda no están interesadas en clientes que la próxima temporada no puedan comprar sus productos o servicios, ellos quieren seguidores, personas que adquieran cualquier modificación de su producto o alguna nueva colección.
¿Qué necesidad estoy cubriendo cuando compro el teléfono más caro del mercado? Sí, ya sé, muchos no consideran este artículo moda, yo sí, las necesidades que cubre son las que cubre la moda. Algunos necesitan vestirse, la pregunta es si algo que haya pasado de moda no viste. El que compra la nueva colección lo hace por lo mismo que alguien paga mucho más por tener el teléfono de la última generación. Mi intención no es provocar a los que lo hacen, si no necesita usar el dinero de otros lo considero un gusto necesario.
El “qué dirán” guía muchas compras. Por un lado nos defendemos de las malas críticas, por otro buscamos aprobación. La primera razón es muy típica, la sociedad tiene algunos dogmas que de no ser cumplidos conllevan a desaprobación.
El “qué dirán” guía muchas compras. Por un lado, nos defendemos de las malas críticas, por otro buscamos aprobación. La primera razón es muy típica, la sociedad tiene algunos dogmas que de no ser cumplidos conllevan a desaprobación.
El segundo grupo siente la necesidad social en déficit. El que pertenece o pretende pertenecer a esa manada no quiere ser rechazado. Adaptarse a los dogmas de la tribu es indispensable.
No menos importante son las compras para sentir éxito. En lo más alto de la pirámide están las necesidades de autorrealización, la moda tiende a cubrirlas muy bien. Pensamos que el dinero las cubre, con él podemos medir nuestro avance. Pero lo que adquirimos nos da una comparación que tiende a satisfacernos internamente.
La moda viene a cubrir muchas necesidades, de no ser así no existiría. Podemos pensar que los productores nos las crean, pero no es así, solo nos ponen en evidencia la realidad. Queremos pertenecer a una sociedad o grupo que tiene sus pautas…

FRASE DE LA SEMANA
“Cuando algo me trae felicidad es porque una necesidad me cubre”
Consultor, Conferencista, Coach y Escritor
  

miércoles, 19 de octubre de 2016

EFECTOS PLACEBO Y NOCEBO

Un interesante experimento trajo a la luz lo que muchos sospechaban. A unos voluntarios le hicieron punciones y le explicaron las consecuencias que podían tener. A un grupo se les dijo que podrían sentir dolor de cabeza, al otro no. Del segundo contingente el malestar fue sentido por el 5%, del primer conglomerado el 45% reportó malestares en sus cabezas.
El efecto placebo se conoce como la secuela positiva que sucede por una influencia mental. Muchas personas se sanan con medicinas que no son tal, solo porque están convencidas que les hará bien. El experimento demuestra que podemos ser influenciados también negativamente, el llamado efecto nocebo.
Cuando escucho a una persona expresarse con negativismo, o sea, que pudiendo decir lo bueno que podría suceder resalta lo malo, pienso que mentalmente se prepara para el fracaso. Nuestra mente es poderosa y en definitiva nos influencia.
Un tirador de arco y flecha que apunte pensando que fallará, muy posiblemente después de soltar la cuerda tensada tenga la razón. Mientras que uno que piensa que dará en el centro de la diana quizá lo logre con más frecuencia.
Buscar consejos de personas negativas suele ser un desastre. Ellos siempre buscarán las mejores razones para que nuestra acciones no den ciertas. Y peor, después de decirlo estarán atentos de lo que suceda, serán casi fanáticos del desastre… así podrán expresarnos con regocijo: “Te lo dije”.
Hace un tiempo decidí no buscar recomendaciones de ese tipo de personas. Los descubro fácilmente; nunca emprenden nada, se quejan de su mala suerte y envidian lo que se empeñan en llamar la buena suerte de los que triunfan.
Hay un tipo de personas que no son siempre negativas, es fantástico escuchar su punto de vista. Puedo ver lo que podría ser peligroso y tomar las precauciones necesarias para evitar lo evitable.
Por otro lado, los que ven todo positivo pocas veces me ayudan a encontrar las debilidades de mi plan. Sirven por el efecto placebo, y eso es lo que me llevo de ellos.
En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! planteo a profundidad los pasos a dar para ser realistas, aquellos que hacen un plan y se guían de él. Se apoyan en personas que empujan, ayudan a los rezagados y así convierten los sueños en realidades. ¿Quiere reconocer la próxima frase negativa que le digan o diga y cambiarla por una positiva?


sábado, 15 de octubre de 2016

¿SON LAS RECOMPENSAS EL MEJOR CAMINO PARA EDUCAR?

En la ciudad de Hanoi hubo una gran plaga de ratas. El gobierno intentó de varias formas exterminarlas y no conseguía su propósito. Alguien tuvo la idea de incentivar a toda la población para terminar con la plaga. Crearon una ley y se comenzó a pagar por cada rata muerta que se entregara.
La medida surtió una motivación extraordinaria y la población comenzó a llevar ratas a las autoridades. Decenas de miles de ratas eran pagadas cada día y parecía que los habitantes de Hanoi pronto serían liberados de la plaga. Lamentablemente, las ratas seguían siendo las dueñas de la ciudad.
La medida había motivado, pero la solución no había llegado. ¿Qué había pasado? Tristemente la creatividad voló más alto que el objetivo de la iniciativa. Los habitantes de Hanoi buscaron la forma de ganar más dinero con la entrega de ratas al gobierno... ¿Ya se imagina cuál fue la solución que habían encontrado? Sí, armaron criaderos de ratas. Ni siquiera se tenían que molestar en cazarlas, simplemente las sacaban de las jaulas y las vendían a la municipalidad.
Recordemos que si hay una recompensa como motivación, hemos declarado que los objetivos del que pone la recompensa son diferentes del que la recibe, él tendrá como objetivo la recompensa.
Por ejemplo: Un banco le pide a sus empleados que coloquen préstamos, por cada adquisición recibirá una motivación monetaria. El empleado tiene un objetivo y el banco tiene otro. La empresa quiere una gran cantidad de préstamos, ¿y el empleado? Exacto, mucho dinero en su cuenta de ingresos. ¿Se tendrá que preocupar el empleado por la sanidad de su cartera? Para eso tendría que tener otra variable en su carta de motivación.
Existen directores de empresas que ganan hasta 700 millones de dólares al año. ¿Si ganaran 500 estarían desmotivados? Créame que sí, quizá no logre los objetivos que le pongan si no le pagaran esa suma y, lo más seguro, cambiarían a un empleo donde le pagaran más. ¿Hasta dónde llega la ambición? Es difícil saberlo.
Hay que tener mucho cuidado al querer motivar con dinero. He visto empresas que definen el crecimiento como objetivo, motivan a todos sus empleados para lograr los números planteados... luego pagan con sangre un crecimiento sin una rentabilidad sana.
¿Y en la familia? Muchas veces ofrecemos recompensas para que nuestros hijos realicen actividades. Sacar la basura, arreglar su habitación, sacar buenas calificaciones, etc. ¿Qué queremos en realidad? Muchas veces sólo podemos ver la acción inmediata. Sin embargo, la realidad es que queremos criarlos. Queremos enseñarles costumbres y hábitos que van más allá de la simple actividad de dejar su cuarto ordenado. ¿Qué tienen que hacer ellos para recibir una recompensa? Claro, recoger su habitación.
Si nuestros hijos fueran habitantes de Hanoi dejaran cada día su habitación desordenada... me imagino que no le tengo que aclarar para qué. Sí, para que haya una recompensa. O sea, no estaríamos logrando inculcar un excelente y productivo hábito, y sí una mentalidad (aunque creativa) totalmente interesada.
Pensemos en cuántas recompensas ofrecemos y en lo que en realidad logramos. Si queremos motivar con recompensas, éstas deben ir alineadas con el objetivo final que tenemos. En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! explico en detalles la forma de motivar sin necesidad de recompensas. El objetivo final es formar individuos automotivados.

Aviso: En octubre estaré en la República Dominicana. Para consultorías o capacitaciones pueden escribirnos a ventas@diegososa.info.

Frase de la semana:
“Hacer algo con una visión total es lo que ayuda a un logro integral”

martes, 11 de octubre de 2016

¿ELEGIMOS A LA PAREJA POR SU CAPACIDAD FINANCIERA?

Con frecuencia me encuentro en las redes con un tipo de carteles que en cierta forma me sorprenden. Uno de ellos es: “Un ‘te quiero’ es bueno, pero no hay nada como un ‘te deposité’ ”.
Conocer a nuestros antepasados nos ayuda a entender el porqué de nuestro comportamiento. Saber que el mundo cambia a mayor velocidad de la que nuestro cerebro puede evolucionar es una obligación si queremos modificar conductas que ya no son útiles.
Hasta hace unas cuantas decenas de años, la necesidad de encontrar una pareja con la capacidad de mantenerla era para la dama una necesidad básica. Sin asegurar su techo y comida podía convertirse en una presa fácil para el sufrimiento. El cerebro femenino sigue procurando defenderla de dicho peligro. Y el masculino intenta aprovecharse de tal comportamiento para lanzarse a la conquista. Demostrarle a esa dama que él es capaz de darle protección y alimento es su forma de conquistarla, quizá prehistórica, pero le da resultados. Hasta algunos tratan de impresionarlas gastando dinero que no se han ganado y que en el futuro les hará mucha falta, ya sea para las crías o para tener un techo seguro.
Una diferencia hoy es que muchas mujeres ya no necesitan al hombre para suplir la comida en su casa. No les hacen falta las habilidades y destrezas del cazador antiguo; hoy ella sale a trabajar y consigue el dinero para suplir las necesidades básicas, y cada vez en más casos muchas necesidades más.
El hombre que conquista una mujer mostrándole sus capacidades de mantenerla a la altura que ella está interesada puede estar entrando en un partido peligroso. Si mostrar dinero es la divisa, la categoría en que jugará el hombre sube de acuerdo a su capacidad de endeudamiento.
Un macho con una tarjeta de crédito de abundante cabida puede pasar a jugar en las grandes ligas del apareamiento instantáneo. Una mujer con pretensiones importantes y atributos cautivadores estará jugando en las ligas mayores. Un juego peligroso se percibe en el ambiente. Solo será posible mantenerlo mientras el macho pueda aparentar y la joven mantenga sus atributos. Bajar de liga es más que cuestionable para ambos; el resultado, por lo general, es desastroso.

En mi libro Migomismo II muestro cómo nos comportamos para lograr la empatía y crear relaciones de larga duración. ¿Tendremos que transparentar las finanzas antes de emparejarnos?

sábado, 8 de octubre de 2016

"EL HUMANO ES UN SER DE COSTUMBRES"

Hacer cosas porque así las hicimos siempre puede salir caro. No buscamos alternativas o trabajamos para que el cliente se quede en una zona de confort que termina no beneficiando a nadie.
Es totalmente natural que nuestro cerebro trate de evitar los peligros. Hace miles de años salirse de la zona de confort conllevaba un riesgo de vida. Una cueva segura aportaba tranquilidad. Una pareja fuerte y ágil traía la comida cada día a la casa y defendía a la familia de peligros constantes. Un lugar productivo y con abundancia de animales daba facilidad para producir y nutrir a la comarca.
Algunos se vieron obligados a cambiar sus lugares de origen: grandes inundaciones, guerras, desplazamientos, sequías y otras precariedades les llevaron a un nuevo espacio.
Acostumbramos a defender lo logrado. En la antigüedad, mantenernos dentro de unos muros solía ser esencial para seguir vivos. Todo lo que estaba más allá podría llevarnos a no regresar. Algunos osados decidieron dar más pasos, quizá previendo que no sería siempre igual, o tal vez por obligación.
Los restos humanos más antiguos se han encontrado en África, por lo que se dice que de ahí venimos. Este continente hoy vive pobrezas extremas, mientras que los descendientes que no se quedaron en la zona de confort han logrado poblar y desarrollar el mundo, dejándoles a los suyos uno mucho mejor que el construido por quienes se aferraron a sus costumbres y raíces.
Hoy nos acostumbramos con más rapidez. Compramos las mismas cosas, visitamos los mismos restaurantes, vamos a las mismas tiendas, etc. Comprar por costumbre es muy peligroso; el comerciante que logra una clientela seguidora nos sube los precios y no nos ofrece alternativas. Solemos creer que salir de esos lugares resultaría peligroso… la zona de confort nos ha tendido una trampa, como explico en mi libro sobre el manejo de los cambios Forastero yo.
En un mundo tan cambiante los empresarios piden al cliente lealtad; yo pienso que cuando debo comprar por lealtad es porque el producto o servicio no es el que merezco por el precio que estoy pagando, y quizá ni me está cubriendo mis necesidades.
Hay casos famosos de empresas que han creado una legión de seguidores; sacar un nuevo equipo al mercado suele ser un éxito, no importa si los avances son mínimos o si cubre nuevas necesidades, lo importante es darle la sensación al cliente que pertenece a ese enjambre que los demás no comprenden… pero al que muchas veces quisieran pertenecer.
La era de los monopolios está casi abolida, como comerciantes debemos contar con la competencia y saber que si no salimos de nuestra zona de confort empresarial podemos perder nuestros clientes.
Los comerciantes deben conseguir que su cliente sea fiel, no exigirle lealtad. La lealtad es una obligación y la solicitamos como un favor, o por lo menos, como un acto de reciprocidad, ya que sentimos que antes lo apoyamos en algo. Pienso que la fidelidad es una mejor opción, la conseguimos cuando nuestro cliente sabe que con nosotros cubrirá su necesidad y está haciendo un trato justo.
Como consumidor suelo ser fiel, pero no pretendo ser leal. Busco alternativas y siempre intento quedarme con la que me conviene, aunque le dé más oportunidades a mi lugar favorito. Le doy la prioridad a quien me trata como cliente y no como paciente. No tolero abusos y soy egoísta… al final de cuentas, si trato bien a mis clientes, pretendo ser bien tratado donde suelo ser cliente

FRASE DE LA SEMANA
“Si rehúso salir de mi zona de confort, me niego a vivir mejor”
Consultor, Coach, Conferencista y Escritor