Visitar a los mayores no debe dejarse para después.
Intercambiar abrazos no se sustituye por fotos en las redes o mensajes que quizá ellos no leen.
Llegar a tiempo a la funeraria es llegar muy a destiempo de su vida.
De mi libro: Migomismo II - Su inteligencia interpersonal
Diego A. Sosa
Artículos de crecimiento personal y profesional. También los puedes encontrar en mi página www.diegososa.info al igual que mis libros.
viernes, 28 de julio de 2017
miércoles, 26 de julio de 2017
PESIMISMO ÚTIL
Unos meses atrás un cliente me solicitó evaluar a su personal, especialmente a la jefa del Departamento de Finanzas. Al finalizar me confesó que buscaba una cierta excusa para salir de ella. Le resultaba pesimista y sentía que lo frenaba en sus nuevos emprendimientos. Tengo que anexar que esa señora además era su madre.
El pesimismo llega cuando al evaluar una situación sentimos que lo que podemos ganar no vale la pena ante la posible pérdida. Muchas veces es por desconocimiento, otras por falta de información y en algunos casos es una actitud endógena de la persona. O sea, existen individuos que se concentran solo en lo que se puede perder.
Curiosamente, mi cliente es un gran emprendedor y ha tenido mucho éxito en sus aventuras comerciales. Él decía que “a pesar de su madre”; yo le expliqué que “debido a su madre”.
El temor es una emoción útil en demasía. Sin ella estaríamos positivos todo el tiempo y los riesgos no existirían… bueno, no en nuestras mentes, sí en la realidad. No tomar en cuenta situaciones negativas con altas probabilidades de ocurrir puede llevarnos a un suicidio comercial.
Temer es de humanos y no se aprende, viene muy dentro de nosotros, como explico junto a las otras emociones y la forma de controlar nuestras reacciones en mi libro “Migomismo – Su inteligencia emocional interna”. Las alertas son magníficas si queremos prepararnos para convertir eventualidades en obstáculos saltables. Es solo hacerle caso al aviso.
Un pesimista al mando es posible que no permita el avance. El mismo, al lado de un optimista, hace una combinación que, bien llevada, pocas veces fallará.
Un freno puede reducir nuestra marcha y hasta no dejarnos arrancar. Por otro lado, es indispensable para no chocar. Como vemos, no es andar con el freno activado, sino utilizarlo cuando es necesario.
Los optimistas tienden a minimizar los riesgos. Analizan la situación sin medir bien los peligros. Contrario a los pesimistas, que se centran más en lo desconocido que en las opciones de triunfo.
Cada vez que mi cliente le mostraba a su jefa de finanzas un negocio, ella le enseñaba las paredes con que se encontraría (dejando salir los miedos). Él tomaba las precauciones (buscando soluciones) y cuando emprendía se convertía en un éxito. Esa es la fórmula.
¿Se atreve a traducir los miedos para accionar, convirtiendo los riesgos en obstáculos salvables?
Más en mi libro: Migomismo - Su Inteligencia Emocional Interna
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lunes, 24 de julio de 2017
CRIANZA PERFECCIONISTA OBTIENE HIJOS... (Audio)
¿Qué logramos con una crianza perfeccionista?
Cuando intentamos que nuestros hijos sean perfectos podemos estar llevándolos por un lugar que no siempre es el mejor para afrontar la vida moderna. Aquí mis consideraciones.
Más en el libro: Migomismo II . Su inteligencia Interpersonal
Diego A. Sosa
Cuando intentamos que nuestros hijos sean perfectos podemos estar llevándolos por un lugar que no siempre es el mejor para afrontar la vida moderna. Aquí mis consideraciones.
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Diego A. Sosa
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jueves, 20 de julio de 2017
IMPLICACIONES DEL PERFECCIONISMO
En un coaching hace unos días mi cliente quiso trabajar cómo
tratar con una compañera de trabajo que es perfeccionista. “Ella sabe que lo es
y no tiene la menor intención de cambiar”.
En la vida los extremos tienden a complicar la existencia
propia y la de los que nos rodean. Y más si se encuentran personas de polos
opuestos. No quiero decir que mi coachee fuera lo opuesto a ella, pero así lo
considera su compañera.
Para que seamos complementarios debe haber de los dos lados.
La situación se complica cuando una de las partes está muy alejada del centro.
El perfeccionista siempre verá a los demás como deficientes, el que está en el
otro extremo sentirá demasiada exigencia para situaciones que según él no lo
ameritan; todo dependerá del punto de vista.
Los perfeccionistas, por lo regular, viven con más estrés
del necesario, hasta llegan a enfermarse con facilidad. Una coma mal colocada
puede llevarlos al borde de un ataque de nervios. Cuando son tantas las
versiones que hay de usar tan útil amiga (según los escritores, no los lingüistas)…
Debo reconocer que hay reglas inviolables, la gran mayoría no las tomamos en
cuenta y muchos ni las conocen. Le aseguro que a los del extremo de la perfección
les es muy difícil sobrellevar la situación.
Pongo el ejemplo de la coma porque en la mayoría de los
casos los perfeccionistas desarrollan una dedicación a las letras que me
sorprende. No sé por qué, pero les encanta la gramática. ¡Cuánto sufren!
Las relaciones humanas con perfeccionistas son complejas. Ya
sea en lo familiar, personal o laboral. No podemos cambiarlos, debemos tratar
de llevarnos lo mejor posible.
Cuando son nuestros jefes no podemos más que aprender a
cometer la menor cantidad de errores posibles. Si no está dispuesto o no podrá
llegar al nivel requerido, es mejor que busque otro jefe. Pasarse la vida
tratando de trabajar con una persona de estas características no será lo más
divertido que tendrá en su existencia.
Si es jefe de un perfeccionista puede aprovechar para
complementarse. Con el cuidado de no tender a la parálisis. Hay trabajos que no
tienen que ser perfectos, lo importante es que se terminen con la menor
cantidad de errores.
Mi método para ser más asertivo está por completo en mi libro ¿No tienes tiempo? En él muestro las formas de tomar la decisión cuando tenemos las opciones de buscar la perfección o atender a la urgencia.
¿Se atreve a ser más tolerante moviéndose un poquito hacia
el centro siendo menos de uno y más del otro?
Por: Diego A. Sosa
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domingo, 16 de julio de 2017
CAMBIANDO QUEJAS POR PROPUESTAS (Audio)
Cuando nos quejamos es muy difícil crear el cambio que queremos. Hacer una propuesta puede llevarnos a donde queremos estar.
Por: Diego A. Sosa
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DISTRACCIONES QUE CUESTAN
Hace unos días, una amiga me enrostró mi deficiencia (atraso, falta de evolución, etc.) tecnológica. Quería comunicarse conmigo y no me encontró en WhatsApp. No valió explicarle que existen otros medios de comunicarse conmigo… y con todas las personas.
Ya lo sé, luzco como un inadaptado social y lo acepto. No estoy aún en disposición de entrar en algunos medios “sociales” y pago el precio. Mi pregunta es ¿Cuánto pagamos por estar al alcance de todos y a todo momento?
Desde hace dos décadas vengo luchando contra la corriente del diluvio de informaciones. Es una lucha que tengo pérdida desde antes de iniciarla, pero… el problema no es la herramienta en sí, sino el uso que muchos le damos.
Para una persona retirada que quiere estar en comunicación con sus seres queridos es una ventaja desde todos los puntos de vista. El problema puede estar en la recepción de mensajes que no aportan (incluyendo en lo emocional) o a horas no provechosas.
Levantar la vista de lo que se está haciendo para ver si el mensaje que llegó es importante ya es una distracción en sí. No se puede imaginar cuántas veces lo hacemos hoy en día: ¿Cuánto tiempo nos cuesta? Le aseguro que una cantidad demasiado valiosa.
No es el tiempo de leer el mensaje, que es el que la mayoría cuenta, es el de la distracción. Si al escribir esta columna le pongo atención a lo que pasa a mi alrededor (estoy sentado en un café con un delicioso capuchino) posiblemente necesite una hora para redactar lo que en mi oficina me lleva unos quince minutos.
Una señora que entró en este momento me hubiese hecho desviar la vista de no haberme puesto de espaldas a la entrada. El joven que habla altísimo por su teléfono móvil no me dejaría concentrarme de no tener una suave música en mis auriculares (y como quiera lo escucho y me hala con enormes fuerzas la atención).
Como ve, antes de iniciar me preparé para disminuir las fuentes de distracción que sabía podían impedirme terminar mi trabajo en el tiempo que considero efectivo, como enseño en mi libro ¿No tienes tiempo? Si me descuido no puedo hacer mi trabajo y eso me quita dinero del bolsillo… las distracciones me cuestan.
¿Se atreve a identificar alguna distracción que vaya a tener y tomar medidas para anular o aminorar su efecto?
POR: Diego A. Sosa
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