lunes, 24 de julio de 2017

CRIANZA PERFECCIONISTA OBTIENE HIJOS... (Audio)

¿Qué logramos con una crianza perfeccionista?

Cuando intentamos que nuestros hijos sean perfectos podemos estar llevándolos por un lugar que no siempre es el mejor para afrontar la vida moderna. Aquí mis consideraciones.



Más en el libro: Migomismo II . Su inteligencia Interpersonal

Diego A. Sosa

jueves, 20 de julio de 2017

IMPLICACIONES DEL PERFECCIONISMO

En un coaching hace unos días mi cliente quiso trabajar cómo tratar con una compañera de trabajo que es perfeccionista. “Ella sabe que lo es y no tiene la menor intención de cambiar”.
En la vida los extremos tienden a complicar la existencia propia y la de los que nos rodean. Y más si se encuentran personas de polos opuestos. No quiero decir que mi coachee fuera lo opuesto a ella, pero así lo considera su compañera.
Para que seamos complementarios debe haber de los dos lados. La situación se complica cuando una de las partes está muy alejada del centro. El perfeccionista siempre verá a los demás como deficientes, el que está en el otro extremo sentirá demasiada exigencia para situaciones que según él no lo ameritan; todo dependerá del punto de vista.
Los perfeccionistas, por lo regular, viven con más estrés del necesario, hasta llegan a enfermarse con facilidad. Una coma mal colocada puede llevarlos al borde de un ataque de nervios. Cuando son tantas las versiones que hay de usar tan útil amiga (según los escritores, no los lingüistas)… Debo reconocer que hay reglas inviolables, la gran mayoría no las tomamos en cuenta y muchos ni las conocen. Le aseguro que a los del extremo de la perfección les es muy difícil sobrellevar la situación.
Pongo el ejemplo de la coma porque en la mayoría de los casos los perfeccionistas desarrollan una dedicación a las letras que me sorprende. No sé por qué, pero les encanta la gramática. ¡Cuánto sufren!
Las relaciones humanas con perfeccionistas son complejas. Ya sea en lo familiar, personal o laboral. No podemos cambiarlos, debemos tratar de llevarnos lo mejor posible.
Cuando son nuestros jefes no podemos más que aprender a cometer la menor cantidad de errores posibles. Si no está dispuesto o no podrá llegar al nivel requerido, es mejor que busque otro jefe. Pasarse la vida tratando de trabajar con una persona de estas características no será lo más divertido que tendrá en su existencia.
Si es jefe de un perfeccionista puede aprovechar para complementarse. Con el cuidado de no tender a la parálisis. Hay trabajos que no tienen que ser perfectos, lo importante es que se terminen con la menor cantidad de errores.
Mi método para ser más asertivo está por completo en mi libro ¿No tienes tiempo? En él muestro las formas de tomar la decisión cuando tenemos las opciones de buscar la perfección o atender a la urgencia.

¿Se atreve a ser más tolerante moviéndose un poquito hacia el centro siendo menos de uno y más del otro?

domingo, 16 de julio de 2017

CAMBIANDO QUEJAS POR PROPUESTAS (Audio)

Cuando nos quejamos es muy difícil crear el cambio que queremos. Hacer una propuesta puede llevarnos a donde queremos estar.

DISTRACCIONES QUE CUESTAN


Hace unos días, una amiga me enrostró mi deficiencia (atraso, falta de evolución, etc.) tecnológica. Quería comunicarse conmigo y no me encontró en WhatsApp. No valió explicarle que existen otros medios de comunicarse conmigo… y con todas las personas.

Ya lo sé, luzco como un inadaptado social y lo acepto. No estoy aún en disposición de entrar en algunos medios “sociales” y pago el precio. Mi pregunta es ¿Cuánto pagamos por estar al alcance de todos y a todo momento?
Desde hace dos décadas vengo luchando contra la corriente del diluvio de informaciones. Es una lucha que tengo pérdida desde antes de iniciarla, pero… el problema no es la herramienta en sí, sino el uso que muchos le damos.
Para una persona retirada que quiere estar en comunicación con sus seres queridos es una ventaja desde todos los puntos de vista. El problema puede estar en la recepción de mensajes que no aportan (incluyendo en lo emocional) o a horas no provechosas.
Levantar la vista de lo que se está haciendo para ver si el mensaje que llegó es importante ya es una distracción en sí. No se puede imaginar cuántas veces lo hacemos hoy en día: ¿Cuánto tiempo nos cuesta? Le aseguro que una cantidad demasiado valiosa.
No es el tiempo de leer el mensaje, que es el que la mayoría cuenta, es el de la distracción. Si al escribir esta columna le pongo atención a lo que pasa a mi alrededor (estoy sentado en un café con un delicioso capuchino) posiblemente necesite una hora para redactar lo que en mi oficina me lleva unos quince minutos.
Una señora que entró en este momento me hubiese hecho desviar la vista de no haberme puesto de espaldas a la entrada. El joven que habla altísimo por su teléfono móvil no me dejaría concentrarme de no tener una suave música en mis auriculares (y como quiera lo escucho y me hala con enormes fuerzas la atención).
Como ve, antes de iniciar me preparé para disminuir las fuentes de distracción que sabía podían impedirme terminar mi trabajo en el tiempo que considero efectivo, como enseño en mi libro ¿No tienes tiempo? Si me descuido no puedo hacer mi trabajo y eso me quita dinero del bolsillo… las distracciones me cuestan.
¿Se atreve a identificar alguna distracción que vaya a tener y tomar medidas para anular o aminorar su efecto?

miércoles, 12 de julio de 2017

martes, 11 de julio de 2017

4 MINUTOS PARA MEJORAR


La pasada semana, al terminar una conferencia me abordó una señora para decirme que lo planteado sobre mejorar la calidad de vida le parecía extraordinario, pero pensaba que no era posible llegar a tan preciado objetivo.
Estamos pasando momentos diferentes a los que vivimos cuando éramos pequeños. Me refiero a la velocidad que le estamos dando a la vida. Cuando salí del país a estudiar, la comunicación escrita era por fax para el que tenía la posibilidad; con los amigos utilizábamos las cartas. En el tiempo que redactaba una carta he recibido hoy por lo menos diez correos electrónicos. Y los que usan salas de conversación vía telefónica quizá varias decenas de mensajes. Tal vez esta realidad actual nos lleva a que veamos un objetivo y lo queramos alcanzar en el segundo siguiente.
Estar en la cima de una montaña no se logra por arte de magia, o solo por quererlo o soñarlo. Necesitamos recorrer el camino (si no es que lo hacemos por la vía del helicóptero). La mala noticia es que para andar el camino de la mejor manera debemos prepararnos con anticipación.
Entrenamientos periódicos dirigidos a obtener la condición física necesaria para el ascenso es lo que nos llevará a lo más alto de la montaña. Como vemos, los pasos comienzan antes de iniciar la escalada, y en definitiva, es poquito a poquito.
Mejorar la calidad de vida no lleva un tiempo tan extenso como parece. Lograrlo todo en un día no es posible, tampoco en una semana. Diría que ni en un mes. Aunque le aseguro que en este último período ya puede ver resultados si le dedica un poco de tiempo cada día.
El primer truco es determinar en qué desea mejorar. Quizá quiere más tiempo o mejores relaciones. Me atrevo a apostar que puede desear más felicidad en su vida (o sea, un mayor cociente de inteligencia emocional). ¿Anhela manejar mejor sus finanzas o lograr una salud más robusta? Una vez determine qué quiere mejorar, es hora de buscar informaciones necesarias sobre cómo avanzar en esos aspectos y elaborar un plan para lograrlo.
Muchas veces no querrá hacer lo que se propuso: es el momento de apelar a la disciplina… cerrar los ojos y ejecutar aunque el deseo no esté presente.
En mis libros Tú eres la estrella encontrará textos cortos de diferentes áreas de la vida que le ayudarán a esa mejora continua que tanto deseamos. 
¿Se atreve a dedicarle cuatro minutos diarios a caminar por el sendero de la mejoría continua?

martes, 6 de junio de 2017

LO MALO DE LA LEALTAD

Veo con terror como la gente solicita que seamos leales. ¿Alguien que hace su trabajo debe ser leal a su jefe? Esta acción es vista como dos polos: Lealtad o deslealtad. ¿Si no soy lo uno, soy lo otro?
No soy desleal cuando permanezco firme a mi moral. No lo soy por no ser leal a quien hace lo indebido. Solo estoy siendo neutral.
¿A quién le debo la lealtad? Supongamos que una persona me consigue un trabajo. En el desarrollo de mis funciones encuentro algo mal hecho. ¿Debo sacarlo a la luz? Me imagino que estamos de acuerdo en que sí. ¿Si la persona que cometió el hecho es quien me consiguió el trabajo debo actuar igual? Es aquí donde sale la paradoja de la lealtad. Encubrir a quién le debo el favor inicial me convierte en parte del crimen. ¿Debo ser leal? ¿O le debo ser leal al dueño de la empresa? O al país, de ser un cargo público.
Si mi moral es quien me guía, yo debo ser leal a ella. Cualquier desvío para ser leal a otro que no sea mi moral es una deslealtad a mis principios. Por esta razón encuentro que la lealtad debe ser vista con mucho cuidado. No soy desleal al que comete actos maliciosos, él es desleal a la empresa (al país, en su caso), a su jefe y a cualquier otro. Y si me solicita lealtad le está siendo desleal a mi moral, que es quizá la moral de la gran mayoría.
Pedir lealtad es solicitar la quiebra de la moral y las buenas costumbres. Si se ha actuado con el bien por delante no hay que pedir lealtad. Si alguien actúa con deslealtad es otra situación, como explico en mi libro Migomismo II sobre inteligencia interpersonal.
Exigir lealtad es para mí un mecanismo de presión utilizado para hacer cómplice a quien puede hacer el bien. Siempre he estado en contra de la lealtad y a favor de lo bien hecho.
Una cosa es equivocarse, otra es actuar con malas intenciones. El que roba y no es para sobrevivir no tiene excusas. Serle leal es ser compañero, no en realidad ser leal.

La próxima vez que escuche que debe ser leal, ¿quiere revisar si le están exigiendo que quiebre sus principios a cambio de encubrir una mala acción?