¿QUIÉN DEBE SER EL PROTAGONISTA DE LA EDUCACIÓN?
Artículos de crecimiento personal y profesional. También los puedes encontrar en mi página www.diegososa.info al igual que mis libros.
jueves, 6 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
REGAÑO MOTIVACIONAL
Estamos en la época de la motivación. Libros, videos, canciones, conferencistas motivadores que hablan bonito y otros que energizan, etc. Hay de todo para mantener a los colaboradores motivados. Pero, ¿por qué siguen habiendo regaños motivacionales?
Está de moda contratar personas que se paran delante de todo el personal y animan con frases rebuscadas y una energía inusitada. Saltan por el escenario y gritan elevando los ánimos del auditorio. Lástima que no pueden estar todos los días al lado de los empleados... quizá así el ánimo duraría más allá del tiempo de la conferencia.
He visto que aún hay muchos jefes, que no son líderes, que utilizan la presión para empujar a las metas. Ponen metas altas para motivar a alcanzarlas (casi siempre los ingresos dependen de si las alcanzan, ¡qué paradoja!). Si hay errores gritan o escriben con enojo. Llaman la atención delante de los demás. Traspasan la presión que le ejercen sus superiores. Se desquitan con los colaboradores los malos resultados de su empresa o departamento. En fin, muchos piensan que con presión se trabaja mejor.
Siempre me ha llamado la atención cómo se enseña trucos a un delfín y cómo se domaban los caballos. Al delfín que aprende un truco se le da un pescado como recompensa. Al caballo que aprendía algo se le recompensaba con no darle un latigazo. ¿Quién aprendía más rápido y más feliz? Ya a los caballos también se les recompensa... ¿por qué será?
¿Somos los humanos más eficientes cuando nos dan latigazos? Sí, ya sé, alguno me dirá que algunos se lo merecen... entonces, no contrate esos que se lo merecen, porque la elección es suya. Sí, si algo salió mal desde el inicio, lo mejor es cortar por lo sano. Y si la mayoría de su personal no sirve, entonces aprenda a reclutar antes de reiniciar el proceso.
No creo en el regaño, no creo en el castigo... realmente pienso que hay formas de mantener las personas con un alto nivel de rendimiento sin estar amenazados. Creo que las personas que temen equivocarse no rinden su potencial. Sé que las personas que trabajan con temor no son eficientes. Estoy convencido de que los equipos con temor se convierten en un grupo de personas buscando el culpable del fallo o de la falta de resultados... iniciando por su cabeza.
La buena formación es esencial para la eficiencia de una persona y un equipo. El proceso de aprendizaje debe darse antes de asumir las funciones. Puede ser que no disponga de tiempo o de recursos, lo sé... pero también le puedo asegurar que perderá mucho tiempo y muchos recursos cuando el personal no esté debidamente capacitado.
No todas las personas son aptas para todos los puestos, eso es seguro. Sepa elegir a la persona correcta antes de contratarle o ascenderle, de lo contrario, podrá perder un buen colaborador para otra área. Elija por capacidad de aprendizaje más que por capacidad obtenida. Decida por el que tenga la mejor actitud en aprender lo necesario de su próximo puesto, antes del que quiere asegurar el puesto que ya tiene.
La persona indicada la podemos hacer, mientras que el conformista siempre estará bien con no tener que dar un paso más, por el miedo a perder el equilibrio en su vida. Progresar dependerá de la actitud de todos, más que de la aptitud de cada uno.
Más sobre este tema en mis libros:
- ¡Alcanza la Cumbre!
- Mi Binomio
Está de moda contratar personas que se paran delante de todo el personal y animan con frases rebuscadas y una energía inusitada. Saltan por el escenario y gritan elevando los ánimos del auditorio. Lástima que no pueden estar todos los días al lado de los empleados... quizá así el ánimo duraría más allá del tiempo de la conferencia.
He visto que aún hay muchos jefes, que no son líderes, que utilizan la presión para empujar a las metas. Ponen metas altas para motivar a alcanzarlas (casi siempre los ingresos dependen de si las alcanzan, ¡qué paradoja!). Si hay errores gritan o escriben con enojo. Llaman la atención delante de los demás. Traspasan la presión que le ejercen sus superiores. Se desquitan con los colaboradores los malos resultados de su empresa o departamento. En fin, muchos piensan que con presión se trabaja mejor.
Siempre me ha llamado la atención cómo se enseña trucos a un delfín y cómo se domaban los caballos. Al delfín que aprende un truco se le da un pescado como recompensa. Al caballo que aprendía algo se le recompensaba con no darle un latigazo. ¿Quién aprendía más rápido y más feliz? Ya a los caballos también se les recompensa... ¿por qué será?
¿Somos los humanos más eficientes cuando nos dan latigazos? Sí, ya sé, alguno me dirá que algunos se lo merecen... entonces, no contrate esos que se lo merecen, porque la elección es suya. Sí, si algo salió mal desde el inicio, lo mejor es cortar por lo sano. Y si la mayoría de su personal no sirve, entonces aprenda a reclutar antes de reiniciar el proceso.
No creo en el regaño, no creo en el castigo... realmente pienso que hay formas de mantener las personas con un alto nivel de rendimiento sin estar amenazados. Creo que las personas que temen equivocarse no rinden su potencial. Sé que las personas que trabajan con temor no son eficientes. Estoy convencido de que los equipos con temor se convierten en un grupo de personas buscando el culpable del fallo o de la falta de resultados... iniciando por su cabeza.
La buena formación es esencial para la eficiencia de una persona y un equipo. El proceso de aprendizaje debe darse antes de asumir las funciones. Puede ser que no disponga de tiempo o de recursos, lo sé... pero también le puedo asegurar que perderá mucho tiempo y muchos recursos cuando el personal no esté debidamente capacitado.
No todas las personas son aptas para todos los puestos, eso es seguro. Sepa elegir a la persona correcta antes de contratarle o ascenderle, de lo contrario, podrá perder un buen colaborador para otra área. Elija por capacidad de aprendizaje más que por capacidad obtenida. Decida por el que tenga la mejor actitud en aprender lo necesario de su próximo puesto, antes del que quiere asegurar el puesto que ya tiene.
La persona indicada la podemos hacer, mientras que el conformista siempre estará bien con no tener que dar un paso más, por el miedo a perder el equilibrio en su vida. Progresar dependerá de la actitud de todos, más que de la aptitud de cada uno.
FRASE DE LA SEMANA
“Cuando tengo que castigar es por haber fallado en algo en el proceso de enseñar.”
Diego A. Sosa
Coach, Escritor, Conferencista y Consultor
Más sobre este tema en mis libros:
- ¡Alcanza la Cumbre!
- Mi Binomio
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sábado, 1 de diciembre de 2012
¿PARA QUÉ TRABAJAMOS?
¿PARA QUÉ TRABAJAMOS?
Artículo publicado en La Revista Estilos de Diario Libre el sábado 1ro de Diciembre del 2012
Más en www.diegososa.info
lunes, 15 de octubre de 2012
NO PUEDO AGRADARLE A TODOS
En mi tierra se dice: “No soy medallita de oro”. La inteligencia interpersonal (uno de los dos componentes de la inteligencia emocional) nos incita a relacionarnos con los demás, llevar un buen trato y ser lo más sociable posible... mientras más, más inteligentes interpersonalmente seremos.
Hay personas que se llevan mal con la mayoría de los habitantes que les rodean... por lo menos, no le caen bien. Casi siempre son ellos los primeros en hablar mal de los demás y pensar que el mundo está equivocado... no me referiré hoy a esas personas; quiero tratar el caso de los que se preocupan porque hay alguien que los rechaza.
¿Podemos agradarles a todos? No. Acabo de mencionar personas en el párrafo anterior que no les agradaremos... Sí, esos, los problemáticos. Sin embargo, las personas más sociables se llegan a preocupar por no ser aceptadas por estos seres “problemáticos”, o por una que otra persona.
Yo quisiera llevarme de maravilla con todos. Lo intento y casi siempre me da resultados favorables. No quiere decir que cambiaré mi forma de pensar para agradar a otro. Quizá pueda no expresar mi punto de vista para no llevarle la contraria. ¿Cambiarlo por agradar a alguien? Jamás.
Cada persona en nuestro entorno quiere algo diferente de nosotros. Cada una pretende que seamos de una manera, ya sea por conveniencia para ellos o por pensar que es lo mejor para nosotros. Yo pienso que el que me quiere, debe informarme de cosas que piensa que puedo cambiar; pero si me quiere de verdad, me dejará tomar la decisión a mí... y me querrá a pesar de no ser como considera que debo, y no porque soy como pretende que sea.
¿Y nosotros qué? También criticamos, en la mayoría de los casos, con otras personas. Claro, la excusa es que no se lo podemos decir al afectado porque se sentiría mal. Me imagino lo que hablan de mí por detrás... Por no hacerme sentir mal, no me lo dicen en mi cara. Si es tan bueno lo que tenemos que sugerirle a los demás, ¿no sería mejor aprender a decirlo para que salieran beneficiados?
Criticamos más de lo que aconsejamos. Somos más nocivos con nuestros comentarios a espaldas, que lo que pudiéramos ser de positivos exponiéndole a la persona una oportunidad de mejora. Aceptar y ayudar es una buena clave para una vida emocional equilibrada.
Sé que muchas personas me rechazan y repudian mis métodos, algunos hasta me han escrito. Yo hago muchas cosas de manera poco convencional y eso encuentra resistencia. Si no le hago daño a nadie, no intento cambiarlas sólo por agradarle a alguien... por más importante que sea en mi vida. La complacencia no da los mejores resultados. Hacer las cosas de otra manera nos llevará a errores, pero nunca a los mismos que comenten los que siempre hacen las cosas de la misma forma.
¿Sabe lo mejor? Lo que le agrada a un grupo, le desagrada a otro... y hay otro grupo, el grupo que queremos agradarles: para ellos, no importa lo que hagamos, como quiera encontrarán algo que les desagrade.
Más sobre este tema en mi libro:
– Mi Binomio
Hay personas que se llevan mal con la mayoría de los habitantes que les rodean... por lo menos, no le caen bien. Casi siempre son ellos los primeros en hablar mal de los demás y pensar que el mundo está equivocado... no me referiré hoy a esas personas; quiero tratar el caso de los que se preocupan porque hay alguien que los rechaza.
¿Podemos agradarles a todos? No. Acabo de mencionar personas en el párrafo anterior que no les agradaremos... Sí, esos, los problemáticos. Sin embargo, las personas más sociables se llegan a preocupar por no ser aceptadas por estos seres “problemáticos”, o por una que otra persona.
Yo quisiera llevarme de maravilla con todos. Lo intento y casi siempre me da resultados favorables. No quiere decir que cambiaré mi forma de pensar para agradar a otro. Quizá pueda no expresar mi punto de vista para no llevarle la contraria. ¿Cambiarlo por agradar a alguien? Jamás.
Cada persona en nuestro entorno quiere algo diferente de nosotros. Cada una pretende que seamos de una manera, ya sea por conveniencia para ellos o por pensar que es lo mejor para nosotros. Yo pienso que el que me quiere, debe informarme de cosas que piensa que puedo cambiar; pero si me quiere de verdad, me dejará tomar la decisión a mí... y me querrá a pesar de no ser como considera que debo, y no porque soy como pretende que sea.
¿Y nosotros qué? También criticamos, en la mayoría de los casos, con otras personas. Claro, la excusa es que no se lo podemos decir al afectado porque se sentiría mal. Me imagino lo que hablan de mí por detrás... Por no hacerme sentir mal, no me lo dicen en mi cara. Si es tan bueno lo que tenemos que sugerirle a los demás, ¿no sería mejor aprender a decirlo para que salieran beneficiados?
Criticamos más de lo que aconsejamos. Somos más nocivos con nuestros comentarios a espaldas, que lo que pudiéramos ser de positivos exponiéndole a la persona una oportunidad de mejora. Aceptar y ayudar es una buena clave para una vida emocional equilibrada.
Sé que muchas personas me rechazan y repudian mis métodos, algunos hasta me han escrito. Yo hago muchas cosas de manera poco convencional y eso encuentra resistencia. Si no le hago daño a nadie, no intento cambiarlas sólo por agradarle a alguien... por más importante que sea en mi vida. La complacencia no da los mejores resultados. Hacer las cosas de otra manera nos llevará a errores, pero nunca a los mismos que comenten los que siempre hacen las cosas de la misma forma.
¿Sabe lo mejor? Lo que le agrada a un grupo, le desagrada a otro... y hay otro grupo, el grupo que queremos agradarles: para ellos, no importa lo que hagamos, como quiera encontrarán algo que les desagrade.
Más sobre este tema en mi libro:
– Mi Binomio
FRASE DE LA SEMANA
“Puedo influir en que alguien me acepte; pero aceptar a los demás a pesar de cómo son, es mi reto.”
Diego A. Sosa
Consultor, Coach, Escritor y Conferencista dominicano
lunes, 1 de octubre de 2012
¿QUIÉN DESATA NUESTRO ENOJO?
Hace unos minutos venía en el auto detrás de un señor que aparentemente tenía un poco de prisa. Nos tocó esperar a que algunos autos pasaran para poder nosotros adelantar en el único carril que tenía libre la estrecha calle. Nuestro carril tenía autos estacionados que evitaban el avance. Los primeros autos pasaron lentamente y el señor comenzó a perder la paciencia. A seguidas, venía otro a velocidad normal; los ademanes dentro del auto me indicaron que el conductor estaba ya desesperado. Comenzó a hacer señas para que apresurara el paso. Luego salió a gran velocidad demostrando su enojo y casi golpea a una señora que venía en bicicleta. Y todo este suceso en las controladas vías de Alemania.
¿Tenía alguna culpa de la espera el conductor que venía a velocidad normal? Pienso que no. Al igual que la señora de la bicicleta que casi recibe la rabia del conductor impaciente.
Lo que quiero reflexionar es como muchas veces terminamos desahogándonos con una persona que no es la causa de nuestro enojo. El jefe nos llama la atención, ¿quién paga? Muchas veces un compañero de trabajo o alguien de menor jerarquía. En ocasiones el cliente. Un desconocido que nos topemos en el tránsito. Y muchas veces algún familiar. O lo peor, toda la cadena de personas que nos encontremos en lo adelante.
No le digo que una injusticia no nos afectará. Sentir impotencia genera un cierto tipo de rabia en nosotros. Son emociones que no controlamos, ni la idea es que las intentemos controlar.
La primera pregunta es: ¿Qué hacemos con esa rabia? O cualquier otro tipo de emoción. Podemos dejarnos llevar por ella e insultar a alguien. Quizá nos la tragamos y aceleramos nuestro pulso y subimos nuestra presión arterial... causando un daño en nuestros órganos vitales. O tal vez nos mordemos el labio inferior, cerramos los ojos, respiramos profundo y nos decimos: “No gano nada con reaccionar, y sí puedo perder mucho”. Créame, es una decisión fácil de tomar... ¿o no la tomamos cuando algo nos incomoda de un superior o de un cliente importante? Nuestra reacción depende más de la persona que tengamos enfrente que de la situación en sí.
La segunda pregunta es: ¿Cuánto tiempo duraremos con esa emoción negativa? Una vez que no pudimos dominar la reacción podemos decidir si la cargaremos por mucho tiempo o si la echaremos en el próximo basurero que encontremos en nuestro camino. ¿Otro ejemplo de que podemos? Imagine qué pasaría si un auto le corta el camino. Nos ponemos furiosos y tratamos de buscar contacto visual con el otro conductor para hacerle saber lo mal que nos sentimos. ¿Qué pasaría si da la casualidad que es un viejo amigo que apreciamos mucho? ¿O una persona famosa que nos simpatiza? ¿O quizá una persona del sexo complementario que es súper atractiva? Le aseguro que en la mayoría de los casos olvidaremos el evento de la rabia y sonreiremos muy a gusto. Entonces, sí podemos decidir cuánto tiempo la rabia quedará con nosotros.
En las dos preguntas queda demostrado que nuestra inteligencia emocional existe, la incógnita es si decidimos utilizarla o no. La idea es estar conscientes de la reacción y dominarla. Saber cuándo debo utilizar mi poder sobre mí y cuándo puedo accionar en vez de reaccionar.
Cuando no actuamos conscientemente, arrastramos la emoción negativa y hacemos que el día se convierta en una pesadilla. También logramos contagiar a otros. Y lo peor, conseguimos dañar algunas relaciones por una descarga inadecuada con alguien que apreciamos. Así comienzan las reacciones de los hijos que no quieren que su papá llegue a la casa cansado del trabajo. La pareja que no quiere llegar a la casa para que no le reprochen o le descarguen todo lo que su media naranja (en ese punto agria) ha pasado en el día. El empleado que no quiere llegar a la empresa. El trabajador que no quiere que lleguen los clientes. Los oficinistas que no quieren ver a su jefe. Y muchos casos más de personas que cargan lo negativo, causando la destrucción de buenas relaciones.
No es que se desquite el enojo con la persona que se lo provocó. Es que trate de no desquitarse con nadie.
Más sobre este tema en mi libro:
– Mi Binomio
¿Tenía alguna culpa de la espera el conductor que venía a velocidad normal? Pienso que no. Al igual que la señora de la bicicleta que casi recibe la rabia del conductor impaciente.
Lo que quiero reflexionar es como muchas veces terminamos desahogándonos con una persona que no es la causa de nuestro enojo. El jefe nos llama la atención, ¿quién paga? Muchas veces un compañero de trabajo o alguien de menor jerarquía. En ocasiones el cliente. Un desconocido que nos topemos en el tránsito. Y muchas veces algún familiar. O lo peor, toda la cadena de personas que nos encontremos en lo adelante.
No le digo que una injusticia no nos afectará. Sentir impotencia genera un cierto tipo de rabia en nosotros. Son emociones que no controlamos, ni la idea es que las intentemos controlar.
La primera pregunta es: ¿Qué hacemos con esa rabia? O cualquier otro tipo de emoción. Podemos dejarnos llevar por ella e insultar a alguien. Quizá nos la tragamos y aceleramos nuestro pulso y subimos nuestra presión arterial... causando un daño en nuestros órganos vitales. O tal vez nos mordemos el labio inferior, cerramos los ojos, respiramos profundo y nos decimos: “No gano nada con reaccionar, y sí puedo perder mucho”. Créame, es una decisión fácil de tomar... ¿o no la tomamos cuando algo nos incomoda de un superior o de un cliente importante? Nuestra reacción depende más de la persona que tengamos enfrente que de la situación en sí.
La segunda pregunta es: ¿Cuánto tiempo duraremos con esa emoción negativa? Una vez que no pudimos dominar la reacción podemos decidir si la cargaremos por mucho tiempo o si la echaremos en el próximo basurero que encontremos en nuestro camino. ¿Otro ejemplo de que podemos? Imagine qué pasaría si un auto le corta el camino. Nos ponemos furiosos y tratamos de buscar contacto visual con el otro conductor para hacerle saber lo mal que nos sentimos. ¿Qué pasaría si da la casualidad que es un viejo amigo que apreciamos mucho? ¿O una persona famosa que nos simpatiza? ¿O quizá una persona del sexo complementario que es súper atractiva? Le aseguro que en la mayoría de los casos olvidaremos el evento de la rabia y sonreiremos muy a gusto. Entonces, sí podemos decidir cuánto tiempo la rabia quedará con nosotros.
En las dos preguntas queda demostrado que nuestra inteligencia emocional existe, la incógnita es si decidimos utilizarla o no. La idea es estar conscientes de la reacción y dominarla. Saber cuándo debo utilizar mi poder sobre mí y cuándo puedo accionar en vez de reaccionar.
Cuando no actuamos conscientemente, arrastramos la emoción negativa y hacemos que el día se convierta en una pesadilla. También logramos contagiar a otros. Y lo peor, conseguimos dañar algunas relaciones por una descarga inadecuada con alguien que apreciamos. Así comienzan las reacciones de los hijos que no quieren que su papá llegue a la casa cansado del trabajo. La pareja que no quiere llegar a la casa para que no le reprochen o le descarguen todo lo que su media naranja (en ese punto agria) ha pasado en el día. El empleado que no quiere llegar a la empresa. El trabajador que no quiere que lleguen los clientes. Los oficinistas que no quieren ver a su jefe. Y muchos casos más de personas que cargan lo negativo, causando la destrucción de buenas relaciones.
No es que se desquite el enojo con la persona que se lo provocó. Es que trate de no desquitarse con nadie.
Más sobre este tema en mi libro:
– Mi Binomio
FRASE DE LA SEMANA
“Quitarme el enojo es más reconfortante que desquitármelo con alguien.”
Diego A. Sosa
Coach, Consultor, Escritor y Conferencista
martes, 25 de septiembre de 2012
"ESTÁS EQUIVOCADO"
Hace unas horas tuve una conversación donde osé expresar mi opinión sobre un tema en que estaba en desacuerdo con los demás. Era el único que no tenía la nacionalidad de los demás y era mi forma de ver una actuación del conglomerado.
“Estás errado en tu forma de pensar”, me dijo en varias ocasiones uno de los presentes. Pero… no les digo que ellos están equivocados, sólo que pienso diferente.
Pensar que los demás están equivocados es una forma de tratar de ganar una discusión. No creo que siempre las discusiones tienen ganadores. Cuando se trata de formas de pensar diferentes cada uno está en su derecho. Puede ser que alguien termine convenciéndose de lo que el otro dice, pero puede ser que no. No siempre existen soluciones únicas para una situación. Se puede llegar al mismo fin tomando caminos diferentes. Y podemos llegar a lugares diferentes, porque queremos ir a lugares diferentes.
Una cantidad enorme de frases demuestran que pensamos nocivamente y dicen más de cómo pensamos de lo que creemos decir. “Es un incompetente”. Decir esto es demostrar que pensamos superficialmente en la situación. Al preguntarnos: ¿Por qué pensamos que es un incompetente? Quizá obtengamos la respuesta a nuestra real preocupación. Tal vez es que la persona no está cumpliendo con lo que esperamos de ella. Entonces podemos partir para una solución, que sería: ¿Lo podemos capacitar? ¿Esperamos más de lo que puede dar? ¿Hay alguna forma de hacerlo que cumpla con las expectativas del puesto? O quizá tengamos que deshacernos de la persona... pero sólo después de saber por qué no cumple con los resultados que esperamos.
La mentalidad de querer ganar no nos permite un diálogo abierto, nos hace querer imponernos y nos limita la posibilidad de aprender de otras opiniones. Pensar que otro está mal es un simple juicio de valor y nos descalifica para seguir una discusión. “No tengo la misma opinión”, sería una frase para abrir un diálogo sin el deseo de ganar. ¿Qué es ganar? ¿Qué gano con ganar? Simplemente orgullo, y creo que no sirve siquiera para tener una autoestima sana, porque muchas veces uno se basa en que haya un derrotado y no el simple hecho de sentir que tenemos habilidades para algo en específico.
En la mayoría de las discusiones hay un perdedor... y también una gran perdedora... la relación. No importa cómo termine la discusión, la próxima vez no será igual. La relación se va deteriorando en varios sentidos. Conozco personas que nunca pierden una discusión... son los sabelotodo y no hay forma de que acepten una opinión diferente. Si no escuchan alternativas: ¿Cree que podrán aprender a la misma velocidad que los que se abren a opciones? Le dejo la respuesta a su deliberación. Y le incentivo a que dialogue más de lo que discuta... la comunicación es una bella parte de las relaciones; si la usamos al máximo seguro seremos más felices.
Más sobre este tema en mi libro:
– Mi Binomio
“Tener la razón es igual que estar equivocado; sólo que depende del lado que uno esté parado.”
Diego Sosa
Consultor, Coach, Escritor y Conferencista
“Estás errado en tu forma de pensar”, me dijo en varias ocasiones uno de los presentes. Pero… no les digo que ellos están equivocados, sólo que pienso diferente.
Pensar que los demás están equivocados es una forma de tratar de ganar una discusión. No creo que siempre las discusiones tienen ganadores. Cuando se trata de formas de pensar diferentes cada uno está en su derecho. Puede ser que alguien termine convenciéndose de lo que el otro dice, pero puede ser que no. No siempre existen soluciones únicas para una situación. Se puede llegar al mismo fin tomando caminos diferentes. Y podemos llegar a lugares diferentes, porque queremos ir a lugares diferentes.
Una cantidad enorme de frases demuestran que pensamos nocivamente y dicen más de cómo pensamos de lo que creemos decir. “Es un incompetente”. Decir esto es demostrar que pensamos superficialmente en la situación. Al preguntarnos: ¿Por qué pensamos que es un incompetente? Quizá obtengamos la respuesta a nuestra real preocupación. Tal vez es que la persona no está cumpliendo con lo que esperamos de ella. Entonces podemos partir para una solución, que sería: ¿Lo podemos capacitar? ¿Esperamos más de lo que puede dar? ¿Hay alguna forma de hacerlo que cumpla con las expectativas del puesto? O quizá tengamos que deshacernos de la persona... pero sólo después de saber por qué no cumple con los resultados que esperamos.
La mentalidad de querer ganar no nos permite un diálogo abierto, nos hace querer imponernos y nos limita la posibilidad de aprender de otras opiniones. Pensar que otro está mal es un simple juicio de valor y nos descalifica para seguir una discusión. “No tengo la misma opinión”, sería una frase para abrir un diálogo sin el deseo de ganar. ¿Qué es ganar? ¿Qué gano con ganar? Simplemente orgullo, y creo que no sirve siquiera para tener una autoestima sana, porque muchas veces uno se basa en que haya un derrotado y no el simple hecho de sentir que tenemos habilidades para algo en específico.
En la mayoría de las discusiones hay un perdedor... y también una gran perdedora... la relación. No importa cómo termine la discusión, la próxima vez no será igual. La relación se va deteriorando en varios sentidos. Conozco personas que nunca pierden una discusión... son los sabelotodo y no hay forma de que acepten una opinión diferente. Si no escuchan alternativas: ¿Cree que podrán aprender a la misma velocidad que los que se abren a opciones? Le dejo la respuesta a su deliberación. Y le incentivo a que dialogue más de lo que discuta... la comunicación es una bella parte de las relaciones; si la usamos al máximo seguro seremos más felices.
Más sobre este tema en mi libro:
– Mi Binomio
FRASE DE LA SEMANA
“Tener la razón es igual que estar equivocado; sólo que depende del lado que uno esté parado.”
Diego Sosa
Consultor, Coach, Escritor y Conferencista
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retorica,
Tu Eres la Estrella
lunes, 24 de septiembre de 2012
DESCUBRA UNA MENTIRA
El lenguaje del cuerpo de las personas no expertas suele decir muchas cosas que queremos ocultar. Hoy le pondré una tarea para que ejercite su ojo y traduzca al consciente lo que el cuerpo nos dice.
TAREA DE LA SEMANA
DESCUBRA UNA MENTIRA
La típica reacción de Pinocho tiene una razón científica. Cuando vamos a mentir nuestro corazón pulsa más fuerte, haciendo que llegue más sangre a algunos terminales nerviosos. Como consecuencia, la nariz tiende a picar cuando nos preparamos para creación de una historia. Cuidado, no siempre que pica la nariz se hablará mentira. Por eso es bueno comprobar esta información con alguna otra señal no verbal. Por ejemplo, el que mira para arriba o para el lado de la mano que utiliza para escribir y al momento se toca la nariz, nos está ofreciendo un cuadro más completo.
Hay varias señales más que nos indican la invención de una historia, comencemos por estas tres y luego sigamos perfeccionando.
Más en mis libros:
– Ventas, Oratoria y Lenguaje del Cuerpo
– Tú Eres la Estrella
TAREA DE LA SEMANA
DESCUBRA UNA MENTIRA
La típica reacción de Pinocho tiene una razón científica. Cuando vamos a mentir nuestro corazón pulsa más fuerte, haciendo que llegue más sangre a algunos terminales nerviosos. Como consecuencia, la nariz tiende a picar cuando nos preparamos para creación de una historia. Cuidado, no siempre que pica la nariz se hablará mentira. Por eso es bueno comprobar esta información con alguna otra señal no verbal. Por ejemplo, el que mira para arriba o para el lado de la mano que utiliza para escribir y al momento se toca la nariz, nos está ofreciendo un cuadro más completo.
Hay varias señales más que nos indican la invención de una historia, comencemos por estas tres y luego sigamos perfeccionando.
Más en mis libros:
– Ventas, Oratoria y Lenguaje del Cuerpo
– Tú Eres la Estrella
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