viernes, 9 de septiembre de 2011

MIS LIBROS Y AUDIOS DE VENTA EN LA REP. DOMINICANA

Mis libros y CDs están a la venta en la Rep. Dominicana con ENTREGA  A DOMICILIO... Aprovéchelos.


  • -¿No tienes tiempo?  RD$ 350  Mi manual de manejo de tareas que sustituye a los ineficientes manuales de manejo del tiempo. 
  • -Arco Iris Financiero  RD$ 450  Historia novelada sobre las Finanzas personales. Desde salir de las deudas hasta las inversiones para el futuro. 
  • -Alcanza la Cumbre  RD$ 450  Mi experiencia de haber subido los 3,175 metros del Pico Duarte, altura máxima del Caribe. 
  • -CDs Audio-Artículos  RD$ 225 c/u.  Discos que contienen artículos vocalizados, especiales para escuchar en el automóvil. 
  • -Tú eres la Estrella precio de introducción (RD$500 c/u)  Contiene 101 artículos con sus respectivas frases. 
  • -Mi Binomio precio de introducción (RD$500 c/u)  El dos en uno.  Este libro contiene los libros ¿Forastero yo?  Un manual de manejo de cambios, es una historia novelada situada en el sur de Alemania.  Y Click, la segunda novela de Diego Sosa.  Este libro es un Coach personal, trata los temas, de Comunicación Asertiva, Negociación, Manejo del tiempo, Aprender a aprender, las Finanzas personales y mucho más.

  
Más informaciones en:  http://www.diegososa.info/Libros/LibrosRD.htm

ENVÍENOS UN CORREO A Ventas@DiegoSosa.info  Y le daremos todas las informaciones que requiera.



5to. lugar en ventas después de 3 semanas de su lanzamiento.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LA NEGATIVIDAD NIEGA

Estar mal es muchas veces una condición mental. Por ejemplo, escucho personas creyentes que sin importar su condición económica o de salud responden al saludo con un entusiasta: “Bien, por la Gracia de Dios”. Otros individuos que ganan bastante dinero y no tienen problemas de salud siempre dejan dudas de su situación: “Aquí”, o un simple “bien”; dejan mucho que desear.


Claro, “al dedo malo todo se le pega”. Como no se sienten bien, todo les pasa a ellos. La buena suerte nunca llega y si algo saldrá mal, seguro que será lo de ellos y en el peor de los momentos.

No soy de los que cree que una actitud mental positiva aleja la mala suerte, ni que atrae a la buena suerte... porque no creo en la suerte. Lo que sí estoy seguro es que las cosas pasarán no importando qué actitud usted tenga. La diferencia es lo que usted hace con los sucesos que tiene su vida.

Alguien que anda conduciendo por las calles pensando que lo van a chocar, transita estresado y no podrá reaccionar con una cabeza disipada. La mala suerte no le llegó, simplemente su actitud los estresó y lo llevó a conducir sin prestar la debida atención, ni le permitió maniobrar ágilmente. La mayoría de los accidentes se pueden evitar, por eso algunas personas chocan más que otras. Y créame, no es mala suerte.

Salir a la calle con una actitud positiva tampoco le traerá buena suerte, simplemente verá las cosas desde un punto de vista diferente. Las personas le hablarán bien porque irradia buenaventura. Serán amables con usted y por eso podrá resolver las cosas con facilidad. No es que tenga suerte, es que una buena actitud contagia... ¿o no prefiere usted tratar con personas que estén de buen humor?

Una persona con actitud negativa no ve lo bueno que le pasa. Piensa que si alguien le sonríe quiere algo de él. Sospecha de todos creyendo que lo engañarán. ¿Sabe qué? El que lo quiere engañar lo engañará. Y más, si un malhechor ve una persona así, se aprovecha... total, él dirá que fue por mala suerte.

Estar de buen humor hace que uno vea las cosas malas desde otra óptica. Uno busca el lado bueno y lo que pueda arreglar lo arregla. Las personas que despiertan y deciden salir de buenas a la calle, no se quejan ni entierran la cabeza para protegerse del mal mundo. Miran alrededor y convierten las quejas en oportunidades de mejora. No se contagian, ellos contagian a los demás. Rocían su sonrisa cargada de buena vibra y creen en un mundo mejor. Aunque ya el de ellos sea casi perfecto.



FRASE DE LA SEMANA

“Cuando me pongo negativo, es difícil que la supuesta “buena suerte” me acompañe.”
Diego A. Sosa
Escritor, Coach, Consultor y Conferencista dominicano

lunes, 15 de agosto de 2011

CRECER OR NOT TO BE

Un dilema universal. Quedarnos retardados en la vida profesional no es negociable, abandonar la vida de hogar tampoco. El tiempo es limitado. El dinero suele depender de la cantidad e intensidad del trabajo. Nuestro cuerpo no puede ser atendido si le damos el tiempo a la familia y al trabajo. Las relaciones son cada día más y, por ende, traen complicaciones. ¿Cómo dominar las emociones que todo esto acarrea?

Un ser humano tiene que atoar con todas estas variantes. La mayoría decide por unas pocas y las otras las deja de lado… quizá pensando en atenderlas en otra época de su vida. No pienso que sea por no poner prioridades, sino por una falta de claridad en estos conceptos y de planificación. Crecer en todos los sentidos es lo ideal y equilibrarlos es lo esencial para una vida plena.

Podríamos solicitar más tiempo al presidente o al Ser Divino, pero si el día comienza a tener 27 horas es momento de preocuparse. El dinero no compra tiempo ni relaciones que nos hagan felices. Por más que trabajemos, las otras partes de nuestra vida deben estar sujetas a cuidados especiales. Cuando nos pasamos doce horas trabajando, nuestras emociones positivas deciden esconderse y las negativas se colocan en primera fila.

El dinero no hará que nos enojemos menos ni que las sonrisas salgan con más frecuencia. El poco dinero tampoco lo conseguirá. ¿Cuánto es lo justo? Alcanzar el equilibrio es muy subjetivo. Al inicio de nuestra carrera necesitaremos trabajar más tiempo y más duro, haciendo sacrificios de tiempo y de emociones positivas, así sembramos para recoger la cosecha en pocos años. Una buena carrera para los hijos, un buen colchón para el retiro… Todo eso es esencial para una vida futura. Pero… ¿y el presente? ¿Vale la pena construir un gran futuro cuando nos perdemos el presente, el crecimiento de nuestros hijos y el mejor tiempo de nuestra relación?

Las emociones positivas hay que vivirlas día a día. No importa de cuánto tiempo dispongamos o cuánto dinero ingresemos. Las primeras palabras de nuestros hijos, el primer día en la escuela, el primer torneo de fútbol, el último día en el colegio, un día cualquiera en la clase de ballet… ¿Cuántos momentos más queremos perdernos por construir dinero? Un amanecer, un atardecer, una luna llena, un paseo por la arena, un fin de semana en pareja, la lectura de un buen libro, una obra de teatro… ¿Cuántas emociones positivas más queremos desperdiciar?

Podemos construir mejores relaciones dedicando tiempo a ellas, tomándolo del que usamos para ganar dinero. El tiempo es un recurso no renovable; es indispensable asignarlo a lo que decidamos será prioritario para lo que definimos más importante en nuestra vida. ¿Qué es lo más importante? ¿Felicidad, futuro, presente, familia? Quizá todos… por eso es tan necesario hacer crecer todas las áreas mencionadas de manera equilibrada.


Este tema está por extenso en mi libro:

–Tú eres la Estrella





FRASE DE LA SEMANA

“Vivir el presente sin pensar en el futuro es una irresponsabilidad; pero vivir el presente sólo pensando en el futuro es un desperdicio.”

Diego A. Sosa

Consultor, Coach, Conferencista y Escritor

lunes, 8 de agosto de 2011

¡QUÉ SACRIFICIO!

Escucho personas utilizar la palabra sacrificio de una forma peculiar en lo que se refiere al dinero. “Me voy a sacrificar y no me compraré tal o cual cosa”. Para ellos, no gastar todo el dinero en algún placer, es un sacrificio. Otros reciben una tarjeta de crédito y deciden no sacrificarse, la usan hasta que no le quepa nada más. Hay personas que van al banco y toman un préstamo que apenas pueden pagar, se van de viaje o compran un bien que no necesitan. Gente que puede tomar una cantidad prestada para comprar una vivienda se ve arrastrada por algún banquero con deseos de cubrir su meta, y no hace un “sacrificio”, termina tomando mucho más de lo que debería, “su capacidad de crédito es mayor…” Preguntémosle a los países que se han endeudado por qué le prestaban.

Me pregunto: ¿No endeudarse ni vivir el futuro por adelantado es un sacrificio? Visitar un restaurante menos costoso o salir a unas vacaciones más económicas… ¿es un sacrificio? ¿Crear un capital para luego invertirlo es un sacrificio?

La mentalidad del sacrificio está muy arraigada y las culturas consumistas las potencian. El país con la mayor economía del mundo está basado en que las personas no hagan sacrificios. EE.UU. mide su economía con la el ánimo de consumo que tenga su pueblo. El índice de consumo les sirve a todos para orientar sus inversiones. El país está bien cuando la gente está gastando dinero, y mal si la gente decide no gastar.

Muchos países no le hacen mucho caso a esta variable, pero sus habitantes toman la actitud de este importante referente. La televisión, las empresas, los que nos rodean… todo influye en hacernos sentir como víctimas si guardamos parte del dinero que nos ganamos.

Ahora pensaré a largo plazo y veré quién se sacrificó. Después de unos años, el que decidió “no sacrificarse” tiene su Facebook lleno de fotos de lugares que los demás no conocen. Su Twitter ha reportado cada mosaico pisado en Europa y el mundo. Su familia ha comido en los mejores restaurantes y visitado los hoteles más costosos, etc. Tiene dos vehículos que son un lujo y se los deben al banco. Quizá vive en un apartamento alquilado o tiene un préstamo que terminará de pagar en el año 2030. Supongo que sigue produciendo dinero, o sea, hace malabares para llegar a fin de mes, las tarjetas de crédito no le sirven de instrumento de pago porque las usa como instrumento de crédito, no duerme porque no sabe cómo mantendrá los gustos de los hijos ni su imagen ante la sociedad, juega la lotería como única esperanza de salir de los problemas… en fin, hay que mantener el ritmo de ingresos para poder sobrevivir. El no sacrificarse comienza a doler. Sin mencionar que no hizo un fondo de emergencias, y cada vez que algo ocurrió, tuvo que tomar dinero prestado que no podía pagar sin reducir su calidad de vida.

Veamos un poco más lejos, la edad de retiro: No se sacrificó y compró los grandes lujos y viajes. Llegó el momento de dejar de producir, 65 años de edad y por lo menos veinticinco más para vivir. El salario se intercambia con una pensión que no es de la misma cuantía ni crecerá como crecía su sueldo. Como no se iba a sacrificar, no hizo aportes mayores como prevención. Las tarjetas de crédito siguen llenas, la casa no está paga y los vehículos comienzan a destartalarse y necesitan arreglos costosos. Con la edad, llegan las medicinas perennes. En fin, el nivel de vida baja poco a poco y los problemas llegan solos. Problemas que se enfrentan con dinero. Hay que vender la casa, con eso se termina de pagar el préstamo y queda algo para comprar una vivienda más económica y mantener la apariencia por unos años.

Me pondré del otro lado de la palabra sacrificio: Vivir por debajo del nivel que podría, me permite guardar dinero, o sea, crear capital. Puedo ponerlo a trabajar para mí cuando lo invierto, y al momento de mi retiro, tendré un batallón de gallinas poniendo huevos que mantendrán mi nivel de vida, que seguro es mucho más alto que el de los que “no se sacrificaron”.

Le dejo la opción de pensar en si el sacrificio es el lujo adelantado al presente o decidir crear un futuro lujoso.


Este tema está por extenso en mis libros:

–Arco Iris Financiero
–Tú eres la Estrella




FRASE DE LA SEMANA

“Cuando me compro un lujo antes de tiempo, no dejo de sacrificarme, sino que sacrifico mi futuro.”

Diego A. Sosa

Consultor, Coach, Conferencista y Escritor

lunes, 1 de agosto de 2011

¿POR QUË A MÍ?

Nos damos cuenta que la mala suerte nos llegó: Estamos en el lugar inadecuado en el peor de los momentos; lo que queríamos no salió como pensábamos y comenzamos a perder toda esperanza… Somos víctimas y no hay salvación.

Si esto fuera real, la vida sería muy corta. Podemos ver un accidente que pasa delante de nosotros y nos salvamos por segundos. En otras ocasiones, pasa detrás de nosotros. Quizá tomamos otra ruta y el accidente no nos toca. ¿Tengo entonces buena suerte?

Si creemos en la “suerte”, entonces debemos ser muy felices; nos salvamos de más cosas malas que de las que nos vemos envueltos. Cada segundo pasa algo y nosotros seguimos intactos.

En el día a día vamos tomando decisiones y, al hacerlo, construimos lo que muchos llaman destino. Cuando analizamos alguna situación desafortunada, podemos entender que muchas de las variables son exógenas y no podemos controlarlas. Otras, son nuestras decisiones propias. Todos estos elementos en conjunto nos pueden llevar a un mal día.

La tristeza nos abarca cuando un día no sale a nuestra medida. ¿Qué podemos hacer? Yo diría que un análisis nos puede servir para saber si ese mal día se repetirá o si podemos influenciar para que no pase nuevamente.

La mayoría de las veces nos daremos cuenta que haciendo algo diferente el escenario hubiese sido otro. Sin embargo, después de saber el resultado, es muy fácil tomar decisiones pasadas. La realidad es que volveremos a tener días desafortunados, y participaremos en accidentes y situaciones que no son las que queremos. Podemos precaver muchas cosas, pero no todo.

Hay más días que salen como los planificamos o mejor de lo que esperábamos. Esos días deberían ser de emociones igual de intensas que los malos, pero de sentido contrario.

Cuando sabemos qué pasó, podemos estar conscientes de lo que podríamos cambiar en otra situación parecida. Podemos decidir actuar de otra manera… pero siempre en el futuro. Lamentarnos todo el tiempo por lo que ya no podemos cambiar, es sufrir.

Muchas veces no decidimos ver lo que nos está molestando y por eso quedamos molestos. La situación se repite y actuamos de la misma manera. La vida sigue y el destino se hace cargo de nuestra existencia.

Si algo no le gusta, decida cambiar, pero analice qué cambiará. No es modificar lo que hace sin identificar cuál es el problema y qué lo está provocando. Toda acción provocará una reacción.

Si todos los días inician con mal humor, ya sabe que puede cambiarlo, pero dependerá de lo que usted modifique en su vida. Si una relación no anda como quisiera, siéntese con la otra persona y encuentre lo que no está siendo del agrado, quizá la otra persona ni se ha enterado…

Cambiar conlleva una decisión, tomarla es su responsabilidad.





FRASE DE LA SEMANA

“Si me quejara de un momento de `mala suerte´, debería vivir feliz por tantos momentos que no son de `mala suerte´.”

Diego A. Sosa

Consultor, Coach, Conferencista y Escritor

martes, 26 de julio de 2011

UNA PALABRA DE MÁS DESENMASCARA

La comunicación es tan rica y bella que utilizada sin conocimiento puede ser pobre y desastrosa. Una frase con entonación neutra puede no decir nada. La entonación en el lugar correcto puede persuadir al interlocutor, pero entonarla donde no debe ser, puede cerrar cualquier intención de negociación.

De la misma forma, podemos colocar una palabra que varía toda la intención que tenemos.

¿Ya le han dicho?:

• “Qué bonita estás, HOY”.

• AMOR, ¿puedes dejar de tocar en la mesa?

• Pásame la sal, POR FAVOR.


Y otras tantas frases que parecen fuertes y les colgamos una palabra amable que intenta disfrazar la intención y termina delatando nuestro pensar.

En vez de decirle a alguien que está bonita un día en específico, deberíamos decirle que está más bonita. O mejor: “¡Qué elegante estás hoy!” Porque bonita seguro que es, pero no todos los días uno se viste elegantemente.

El inconveniente proviene de lo que pensamos. Cuando escondemos lo que está en nuestra mente, la frase sale diplomática y el mensaje llega codificado. El que sabe escuchar, lo descifra y lo comprende en su totalidad. El que no, intenta escuchar lo que está detrás de la frase, lo decodifica con el subconsciente… El desentendimiento llega. Un día, la paciencia puede estar al límite y terminan discutiendo sin saber la razón.

“Pásame la sal” es un mandato, el “por favor” no mejora la intención. La cordialidad no la hace la coletilla, sino una verdadera intención. “¿Me puedes pasar la sal, por favor?” Aunque se olvide el “por favor”, la oración es muy cordial porque le da al otro la oportunidad de elegir.

“Amor, ¿puedes dejar de tocar en la mesa?” Este inicio pretende suavizar el aterrizaje. La verdad es que si lo quitamos suena muy fuerte. Pero al ponerlo sólo demuestra que nuestra paciencia está al borde. Recomiendo preguntarse a uno mismo: “¿Por qué quiero que deje de tocar en la mesa?” La respuesta posiblemente es que ese ruido me molesta y quizá me cause dolor de cabeza. O que, por reglas de etiqueta, no se debe sacar música de la pobre mesa que además tiene que soportarnos durante el almuerzo. Recomiendo que presente como razón lo que respondió a su pregunta “¿por qué?”. Por ejemplo: “Amor, mi día ha sido difícil y siento que me puede iniciar un dolor de cabeza; ¿Puedes parar con el sonido que estás haciendo? No quiero sentirme peor.” Pero dígalo a tiempo, no cuando no soporta más el tambor que su pareja ha improvisado. ¿Qué es muy larga la frase? Pero le llevará a un mejor resultado, y eso es lo que usted procura.



FRASE DE LA SEMANA

“Decirlo sutilmente logra belleza; expresar la necesidad logra resultados.”

Diego A. Sosa

Consultor, Coach, Conferencista y Escritor

lunes, 11 de julio de 2011

EL HOMBRE Y LOS SENTIMIENTOS

La muerte de Facundo Cabral me lleva a pensar en lo difícil que es para la mayoría de los hombres expresar los sentimientos. Él lo hacía… y de qué manera. Los hombres somos moldeados para esconder lo que sentimos, desde el dolor hasta el amor. Tenemos expresiones mecánicas para sentirnos entendidos por los demás hombres y acudimos al marketing para que el sexo complementario se sienta bien con nosotros y acepten nuestras propuestas.

Por millones de años el hombre que dejaba a su cuerpo o a sus ojos mostrar el miedo que recorría su interior era una presa fácil para los animales o sus enemigos. Una mirada hostil y puños apretados intimidaban a cualquiera. En la conquista no se podía ser sutil, las mujeres necesitaban un macho que trajera el sustento, que defendiera el nido de ataques y que le diera a los mejores herederos, o sea, los que fueran fuertes para darle continuidad a la raza. Bajo esas condiciones un hombre que mostrara sentimientos era un seguro fracasado y de corta vida.

Hasta hace menos de cincuenta años la situación apenas había variado. Sólo a los artistas se les permitían expresiones fuera de las estipuladas para los hombres. Pero llegó la revolución de la mujer… ella salió del nido y la era industrial cambió la forma de mantener una familia. Ya no es con trabajo duro y presas que se cazan en la selva. Ahora se gana dinero y la mujer es capaz de ganarlo. El mantenimiento de la casa es asunto de dos… la evolución es rápida, es momento de adaptarnos.

Ahora la mujer ya no depende de un macho, ella quiere un hombre. Pero las confusiones llegan por doquier y en la adaptación a la evolución podemos quedar atrapados en una nueva sociedad que nadie realmente quiere. El macho quiere la mujer que atienda el nido y le prepare la comida como fue hasta la generación que nació antes de mediados del siglo XX. Pero también quiere que lo comprenda en su rol de proveedor. La mujer antigua ya casi no existe, por eso la vida en pareja de esos machos se extingue cuando la mujer comienza a ganarse el sustento. Ella se da cuenta que el proveedor no es tan necesario como parece y las madres solteras se multiplican en las sociedades.

La mujer moderna procura un hombre evolucionado, él tiene que dar parte del sustento y a la vez pensar casi como mujer. Buen conversador, con sentimientos a flor de piel, delicado e inteligente. La mujer pone requerimientos de un hombre evolucionado, pero sentimentalmente muy parecido a una mujer.

¿Dónde está el equilibrio? El hombre quiere que lo comprendan y la mujer también. El hombre quiere a la mujer de antes y la mujer al hombre que no es el de antes. ¿Llegaremos al punto de equilibrio? En lo que recorremos el camino, yo diría que debemos dedicarnos a entendernos mejor y darnos a entender.

¿Qué tiene de malo sentir dolor? Siempre nos han dicho que: “Los hombres no lloran”. Sencillamente para no escuchar los molestos gritos. Los niños lloran para llamar la atención y que les busquen soluciones, no por el dolor recibido. Los hombres lloramos más de rabia que de dolor.

¿Qué tiene de malo sentir amor? Pero nos dicen: “Esa mujer te va a dominar”. Mostrar el amor sentido es tomado como una muestra de vulnerabilidad.

Mi propuesta es que seamos más sinceros en la expresión de nuestras necesidades y en el reconocimiento de la forma de ser de los demás. Si elige una pareja sólo con el corazón, a la corta o a la larga terminará la época del marketing y la verdadera persona saldrá a flote, usted querrá que las cosas cambien y todo será tan difícil. No esperen que los hombres pensemos y actuemos como mujeres, eso sería una catástrofe. Por nuestro lado, los hombres no podemos esperar que la mujer piense toda la vida como cuando tiene veinte años, ella cambiará y modificará sus necesidades. Mantener una familia en esta era es más que llevar el sustento: Hoy tenemos que hablar; resolver problemas en conjunto; mostrar el amor que corre por nuestras venas… más que con regalos, con actos y comprensión; estar en el hogar; estar integralmente en el desarrollo de nuestro gran proyecto… nuestros hijos; y mucho más.





Hasta la próxima entrega–.







FRASE DE LA SEMANA

“Ser cada día menos macho no me hace ser menos hombre.”

Diego A. Sosa

Consultor, Coach, Conferencista y Escritor