lunes, 2 de agosto de 2010

¿ROMPER PARADIGMAS?


En estos últimos meses he vuelto a escuchar con frecuencia un tema que se puso muy de moda al final de los años noventa y que sirvió para consultores hacer mucho dinero en los primeros años de este siglo. “Romper Paradigmas” es una frase qué se le ha dado un significado en sicología y administración, pero que con su etimología no tiene nada que ver ya que un Paradigma no es más que un ejemplo.
Esta filosofía que se quiso imponer ya hace más de una década, no dio resultados positivos duraderos. Los consultores hicieron un trabajo, cambiaron todo... lo que no resultó fue “culpa” de los que no quisieron adaptarse a los cambios. Al final le dejaron el problema a los que quedaron. Estos fueron los que llevaron la empresa hasta donde estaba, los que la hicieron crecer y los que la convirtieron en grande e importante antes que a alguien se le ocurriera la genial idea de que había que cambiarlo todo, como que todo lo que se había hecho estaba mal.
Llegué a escuchar hasta barbaridades como: “Hay que aprender a desaprender lo aprendido”. Es tan absurdo todo el proceso, que le piden a las personas que se olviden de todo, que sean personas nuevas, que rompan paradigmas y esquemas, pero que acepten lo que se les está dando como la verdad más absoluta de las verdades, o sea, un nuevo y enorme paradigma. No entiendo, si debo ser revolucionario, ¿entonces debo cuestionar también lo que se me está ofreciendo? La verdad fue que cada una de esas teorías no pudo sobrevivir más de media década.
La realidad es que las empresas llegan a un punto y cuando quieren crecer más lo ideal no es cambiar, sino evolucionar. Por lo que invito siempre a mis clientes a un proceso evolutivo y no de cambio. Y ese proceso es constante.
Por lo visto, después de la crisis financiera mundial (en gran parte causada por esos procesos de cambio ideados por los consultores) se está tratando de volver a vender lo mismo que hace una década se implementó y ya estamos seguros que no funcionaba. Es que un proceso de cambio le quita la motivación a los que han logrado hacer una gran empresa, porque le quita valor a lo que se ha logrado. Mientras que un proceso evolutivo le otorga los méritos a los colaboradores y a los clientes, logrando un integración y colaboración.
Ya vi como las empresas gastaron sumas impresionantes en un proceso de cambio y al final buscaron charlistas para subirles la motivación a los colaboradores... entonces estaba claro que el proceso estaba hecho sin considerar lo más importante de una empresa, su personal. Como se dice popularmente en el área rural, “son lo último que mete la vaca al monte”. O sea, al final hay que tratar de contar con ellos.
Ya por mis escritos y libros las personas saben que no creo en la motivación externa, sólo erijo la automotivación. Muchas veces quieren que me pare frente a cientos de personas a decirles que sí se puede y a pintarles pajaritos en el aire, como que eso funcionará para que las personas acepten todo lo que se les quiere imponer. A lo que me rehúso, porque sé que la motivación sólo dura cuando el individuo puede cubrir necesidades internas... sólo una motivación interior puede mantener el fuego encendido por mucho tiempo... aunque desde fuera necesite un viento que avive las brazas de vez en cuando.
¿Qué podrá hacer el que le toque vivir nuevamente estas viejas e inoperantes teorías? En mi tierra hay un dicho que reza: “Amarre el caballo donde el dueño le diga, aunque se ahorque”.
Sí, ya sé... no es tan fácil, existen sentimientos que entran en juego. Pues le digo que lo único que le servirá es buscar una cajita de lo más bonita, abrirla y guardar esos bellos sentimientos que tiene hacia la empresa y sus clientes; pronto los necesitará nuevamente, por eso tienen que estar muy bien guardados. Si trata de utilizarlos ahora, por lo regular sufrirá mucho, llegará agotado a su casa (cuando lo dejen llegar) y su familia sufrirá más.
Tomar el proceso sin emociones es la mejor recomendación que le puedo dar, recuerde que buscarán un chivo expiatorio... porque los que venden la idea y los que las compran, “no son responsables” de la inoperancia de la misma, sino los que se enfrentan a la realidad. Si sus emociones entran en juego, posiblemente usted salga de él.
Si está parado en la estación del tren, cuando el vagón abra las puertas tendrá dos opciones, o entra, o ya sabe que sólo llegará más tarde. Disfrute lo nuevo aunque en apariencia no tenga nada para disfrutar, las cosas nuevas sólo son eso, algo nuevo; a lo viejo no regresará. Cada día nos regalan 24 horas, cada semana 7 días... Vamos a vivirlos, la cuenta sigue abierta.

Nos vemos en la próxima entrega.

© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.

e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info

FRASE DE LA SEMANA
“Romper paradigmas no es más que crear nuevos paradigmas; qué dilema”.
Diego Sosa
Escritor, Coach y Conferencista dominicano

lunes, 26 de julio de 2010

ADICCIÓN AL TRABAJO


Una cosa es ser adicto al trabajo y otra es ser trabajo–dependiente. En la primera versión están los que creen que el trabajo no puede vivir sin ellos, mientras que en la segunda se encuentran los que creen que no pueden vivir sin el trabajo.
Hago la diferencia porque las causas que nos llevan a estas adicciones, parecidas pero no iguales, son las que debemos trabajar si queremos sobrevivir en este mundo inmundo de las presiones financieras. Sí, es que en definitiva, el gran problema del trabajo en adicción son las finanzas.
Cuando creemos que el trabajo no puede vivir sin nosotros, por lo regular, somos dueños de un negocio o empresa (bueno, la realidad es que el negocio o empresa es dueño de nosotros) y en el resto de los casos tenemos una importante posición que hace que seamos parte del corazón del día a día. Este tipo de dolencia no se quita con una terapia:
§ Lo primero que hay que hacer es reconocer que pertenecemos al día a día de la empresa y que hemos logrado hacer un sistema de trabajo que lleva a la empresa a morir si no estamos (o por lo menos, eso creemos).
§ El segundo paso a dar es conseguir que la empresa deje de ser dueña de nuestras acciones fuera del horario de trabajo... hay que crear un nuevo proceso que permita a la operación seguir si no estamos. Recuerde que si se enferma o deja de inhalar y exhalar, el negocio no debe morir. Entonces, el mejor momento para conseguir un éxito a pesar de nosotros no estar, es ahora.
§ Tercero, ya podrá comenzar a disfrutar de horas de ocio y vacaciones...
Por otro lado, tenemos los que no podemos vivir sin el trabajo. Esto no es real, es una simple protección que buscamos y nos hacemos pasar por adictos porque es la mejor excusa para ser comprendidos:
§ Algunos tenemos miedo de que si no estamos en la empresa más tiempo del necesario, un día pueden pensar que no somos necesarios.
§ Otros pensamos que si no damos cada día más, la empresa no llegará a ser lo que soñamos, y si ya es lo que soñamos, entonces comenzamos a soñar más alto.
§ Otros somos obligados hoy en día a estar dentro de la empresa por horas interminables... Aprovechándose del mercado laboral, las empresas les colocan más trabajo a las personas, reducen personal y le exigen más esfuerzo; todo esto para aumentar sus ingresos y ganancias, en detrimento del colaborador y su entorno. Sí, precisamente maltratando al causante de que la empresa haya crecido, con su trabajo y dedicación. Contrario a lo que se ve en el día a día, los responsables de los malos resultados son los que toman las decisiones y no controlan las ejecuciones, esos que cuando algo anda mal, echan al personal que sólo puede ejecutar esas malas decisiones.
§ Existen también los que creen que sin ese trabajo morirán de hambre. Y le aseguro que si piensa así, posiblemente será así. La mala noticia es que ya las empresas no tienen corazón, no son emocionales sino racionales... Sólo tienen una hoja donde apuntan ingresos y egresos, y eso es suficiente para evaluar si necesitan o prescinden de nuestros servicios. Entonces, por lo regular, el que piensa que no puede vivir sin ese trabajo, tiende a convertirse en un obstáculo dentro de la empresa. Procure profesionalizarse y saber que puede hacer otras cosas o puede ser visto por otro departamento o empresa; de lo contrario, su dependencia del trabajo lo hará independiente, además de amargado y fracasado.
Este segundo grupo, los trabajo–dependientes, necesita de una terapia: En primera instancia, ésta no tiene que ser de un profesional de la salud mental; puede hacer un primer intento pensando que realmente no tiene que seguir haciendo lo que está maltratando su salud y su Calidad de Vida. Si encuentra la razón por la que es adicto, entonces podrá trabajarla. Si no puede solo, entonces no dude en encontrar un profesional, no un amigo de esos que saben todo, de los que a cambio de un trago le pueden arreglar el mundo.
La adicción al trabajo es un mal de nuestra época, por eso muchos países están tomando decisiones drásticas contra las empresas que la fomentan o la dejan crecer dentro de sus colaboradores. Al final, las empresas se dan cuenta que tener colaboradores sanos y felices en su vida personal es mucho más productivo.

Nos vemos en la próxima entrega.

© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.

e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info

FRASE DE LA SEMANA
“Ser dependiente del trabajo no hace al trabajo dependiente de mí”.
Diego Sosa
Escritor, Coach y Conferencista dominicano

lunes, 19 de julio de 2010

¿QUIÉN TIENE LA RAZÓN?


Esta pregunta es causante de muchos conflictos. Sí, al parecer cuando se hace la pregunta ya el conflicto existe, pero la realidad es que hasta ese momento lo que existe son dos posiciones aparentemente diferentes. Pero cuando surge la pregunta, de inmediato “la razón” y la solución quedan de lado... ahora ya tenemos un conflicto y el nuevo lema es “¿quién gana en la discusión?”.

Fijar la atención en ganar la posición que defendemos nos puede alejar de “la razón” valedera y por ende de la solución. Es posible que ninguna de las posiciones tenga “la razón”, quizás una posición diferente sea la solución. Es posible que la otra parte tenga “la razón”. O posiblemente no es tan importante tener “la razón” o quién la tenga. La realidad es que un conflicto trae diversas consecuencias y lo único que sirve en realidad es la forma como solucionemos el conflicto. Dependiendo de la manera de enfrentarlo, así será la cola que quede.
Miremos en detalle lo que puede suceder:

· Si ninguna de las dos partes tiene “la razón”: La solución será aplicar la posición del que gane la discusión, ya sea por fortaleza en la negociación, por jerarquía, o por condescendencia de la otra parte. La consecuencia será aplicar una solución que no es la solución al problema, con sus consecuencias colaterales. Además, tendremos a una parte esperando que las cosas no salgan bien para decir la famosa frase: “Te lo dije”.

· Si no es importante quién tiene “la razón” o “la razón” en sí: Me refiero a los casos en que se discute por lo que podríamos llamar una tontería, o algo sin consecuencias ni influencia. Podríamos estar perdiendo tiempo y energías en una discusión superflua y banal que sólo busca encontrar un vencedor. La consecuencia es la pérdida de tiempo y la creación de un mal ambiente. Ganaremos un perdedor y el ganador realmente no gana nada.

· Si una de las partes tiene “la razón”: En este caso lo importante no es imponerse, sino poder convencer con argumentos, o dejar que nos argumenten para ver si la solución es la propuesta por la otra parte. No importa cuál sea el que tiene “la razón”, lo que realmente importa es la solución.
Como podemos ver, la consecuencia de una discusión por “la razón”, sólo trae un conflicto y deja un mal sabor, nos hace perder tiempo y posiblemente no tengamos la solución.

Una forma efectiva de llevar una discusión por la solución, es escuchar los argumentos de los demás sin pensar en los nuestros, por lo regular podremos encontrar algunos puntos positivos y los puntos por que nos servirán para aceptar o rebatir la teoría ajena. Luego podremos argumentar nuestra posición, pero nunca cuando la otra parte está en posición de defensa, porque sólo conseguiremos alimentar el conflicto.

Cuando se busca “la solución” en una discusión, lo mejor es plantear en primer lugar cuáles son los objetivos de las partes, y simplemente concentrarse en lograr los objetivos, con una solución que satisfaga ambas posiciones, no importando si uno o ambos pierden su posición inicial... lo importante es perseguir y lograr objetivos, no encontrar “la razón” en sí.

Entonces, la solución inicial es no hacernos la pregunta que vio nacer este artículo y que tantos conflictos enciende a diario en la vida de cada persona. Ahora no debemos decir: “¿Quién tiene la razón?” le propongo que digamos: “¿Cuál es la razón?”.


FRASE DE LA SEMANA
“Discutir por tener la razón no me ayuda a obtener la solución”.
Diego Sosa
Escritor, Coach y Conferencista dominicano

lunes, 12 de julio de 2010

¿ES LA MOTIVACIÓN DURADERA?

Uno de los grandes errores que cometemos, es pensar que con estímulos podemos motivar a las personas por un tiempo indefinido. Lamentablemente los estímulos que podamos utilizar para la motivación de personas, o equipos, son temporales.
Es que todo estímulo externo es temporal. Es por eso que muchos dirigentes se dan por vencido por pensar que sus estímulos terminan no surtiendo efecto. El análisis que debemos hacer no es si el estímulo surtirá efecto, sino, qué tiempo durará ese efecto, así podremos planificar cuál y cuándo tenemos que introducir el próximo estímulo.
Para motivar una persona por largo tiempo, usted tendrá que darle las herramientas para que él se auto–motive, así los estímulos que usted le provea sólo serán algo más dentro del plan propio de la persona.
La motivación interna es la única que perdura... la meta que una persona se ponga es la única que será alcanzada con motivación positiva, las metas externas son solo parte de un compromiso. Es por eso que sólo un beneficio personal podrá motivar a una persona con efectos duraderos.
Muchas veces se le colocan metas inalcanzables a las personas, o por lo menos ellas creen que son inalcanzables, eso hará que usted logre el efecto contrario, o sea, la desmotivación. Esto se debe a la ley de la atracción universal, si tenemos pensamientos negativos hacia una situación, entonces la atracción será negativa. De lo contrario, sí pensamos en algo como realizable, estaremos pensando positivamente, por eso lograremos una atracción positiva.
Para lograr una meta nosotros tenemos que seguir varios puntos y no apartarnos de ellos, de lo contrario estaremos perdiendo nuestro punto de referencia.
1. Piense y escriba cuales son sus metas. Para esto tendrá que ser sincero consigo mismo, recuerde que no todo lo que uno se plantea es alcanzable, lo importante es que usted crea en la posibilidad de alcanzarlo.
2. Para llegar a la meta tendrá que trazarse un plan. Con él podrá darse cuenta de la posibilidad real de alcanzar su objetivo, pero también debe poder medir cada cierto tiempo sus avances, así podrá corregir el plan y motivarse a poder lograr la meta.
3. Sienta deseos de alcanzar la meta, su anhelo por lograrlo será lo que lo lleve a finalizar el proceso. Anhelo es diferente de deseo, para que el deseo se convierta en anhelo tendrá que ponerle pasión, sólo así tendrá la acción necesaria para ejecutar su plan.
4. Desarrolle confianza en sí mismo. Para eso logre los objetivos primero en su mente, luego podrá hacerlo físicamente. Recuerde que la confianza nace de la experiencia y el conocimiento empírico, no dude y piense cómo lo hará.
5. Sea perseverante. La fe no lo llevará al éxito, sino la acción. Siempre confíe en que puede lograrlo, mantenga la acción para hacerlo, sea perseverante y no se quede esperando que las cosas sucedan.
Con estos puntos usted podrá auto-motivarse, y si quiere motivar a una persona o equipo tendrá que enseñarle a seguir estos puntos y darle estímulos que lo mantengan en el camino. La realidad es que usted logrará guiarlos, pero su objetivo debe ser motivarlos y ayudarlos a que cumplan con estos puntos, de lo contrario sólo tendrá efectos temporales.
Recuerde que la auto-motivación es la habilidad de vivir bajo la expectación positiva.

FRASE DE LA SEMANA
“Si quiero estar bien no puedo esperar que los otros me ayuden”
Diego Sosa
Escritor y Conferencista dominicano

domingo, 4 de julio de 2010

¿TO WIN OR NOT TO WIN?


En estos días que la Copa del Mundo de Fútbol ha copado el universo de las competiciones entre países, salen muchas emociones a flor de piel y yo lo paso a la vida diaria... ¿programamos nuestras emociones sólo para ganar? Entonces, ¿qué pasa cuando no sucede?
Al mundial de fútbol fueron 32 naciones y una sola será la ganadora del certamen. Los demás tendrán que conformarse con la derrota, aunque para algunos no es la copa su principal objetivo... podría ser alcanzar la semifinal, o no quedarse en la fase de grupos.
¿Y en la vida diaria? En la escuela le dan el premio a uno de quizás 30 alumnos, o sea que los demás son perdedores. En la empresa sale uno sólo empleado del mes o del año, siendo los demás perdedores. ¿Deben ser los demás conformistas? Quedar en segundo lugar no es un gran premio. Para muchos sí, pero no para el que lucha por el primer lugar. Es más fácil ver llorar al que quedó en segundo lugar que al que quedó en undécimo.
No ganar nos trae sentimientos negativos... y la mayoría en una competencia no gana. No me parece justo que se haga algo con niños para hacer sentir mal a la mayoría, sólo disfrutando uno de los sentimientos positivos. Si es que al final de cuentas son positivos. Muchas veces el que gana, siempre gana, por lo que los demás no lo consideran el más querido. El ganador puede generar aires de superioridad, lo que no le cae bien a los demás. El que triunfa puede desarrollar egoísmo y un espíritu de lucha individualista... en un mundo de equipos y sociedad. A la larga ser triunfador en competencias, no obligatoriamente lo llevará a una vida emocional más feliz.
Tenemos que prepararnos para que la derrota no nos haga sentir inferiores, no nos frustre, no nos haga conformistas, no nos tire al piso y hasta nos pisotee. Prefiero superarme y sentirme positivo por ese resultado, y no concentrarme en ganar y sentirme mal si no lo logro. Compararme con los demás puede ser desigual, pero compararme conmigo es una gran meta.
Cuando mis hijos sacan una buena nota, no les pregunto cuánto sacaron los demás, les pregunto cuánto sacaron la vez anterior. Cuando corren una distancia en un tiempo, veo en cuánto lo corrieron la vez anterior, no en cuánto lo corrieron los demás. Cuando entran en una competencia, no los animo a ser los ganadores, sino a ser mejores.
Me encanta correr maratones, puedo ver durante 42 kilómetros a 55,000 personas a mi alrededor, de las que sólo un puñado compiten contra los demás (los profesionales)... el resto corremos por nuestras almas, por nuestras marcas personales, por nuestro resultado propio. No nos alegramos de los que llegan después que nosotros, nos alegramos de que llegan. No nos entristecen los que llegan antes que nosotros, nos enorgullecemos de que el esfuerzo que hicieron valió la pena. Es una fiesta conjunta, una alegría común, un regocijo compuesto.
No ganar no debe poner tristeza en nuestros corazones. El que no aprende a no ganar no debería competir. No lo invito a que aprenda a perder, le digo que también sepa no ganar.


FRASE DE LA SEMANA

“Alegrarme de una victoria es fácil; pero no entristecerme cuando no gano es lo que llamo una gran gloria”.
Diego Sosa
Escritor, Coach y Conferencista dominicano

miércoles, 30 de junio de 2010

¿QUIÉN QUIERO SER?

La diferencia que existe entre lo que queremos ser y lo que creemos que somos capaces de lograr, es lo que nos da el nivel de autoestima. Esto quiere decir que si creemos que no podemos lograr algo, entonces nuestra autoestima será baja, en caso contrario, si creemos que podemos, entonces será alta.

Una de las cosas que nos desmoraliza es el fracaso, pero no el fracaso en si, sino la forma en que nosotros logramos enfrentarlo y sobreponernos al mismo. Al momento que caemos tenemos dos opciones, o nos quedamos en el piso con una derrota en nuestra cuenta, o apuntamos la derrota y nos paramos, nos limpiamos el polvo y nos preparamos para ganar la próxima batalla.

En las dos opciones veremos que la derrota estará, lo único es que en una nos quedaremos abatidos y en la otra aprenderemos de lo acontecido, pero seguiremos adelante. Lo que está claro es que no podremos borrar lo sucedido, entonces; ¿por qué pensar en ello como un problema?

Claro que los extremos no son buenos. Tampoco podemos potenciar una imagen falsa de lo que podemos alcanzar con los recursos que tenemos a mano. Es decir, con los recursos necesarios podemos lograrlo casi todo, por eso el pensamiento debe ser a largo plazo. Si queremos hacer un edificio, naturalmente necesitaremos estudiar ingeniería o arquitectura... podemos hacerlo, pero en un plazo prudente.

Necesitamos ser conscientes de lo que podemos y lo que somos, para eso debemos hacernos una auto imagen. Necesitamos saber qué tenemos y de qué somos capaces... así como, qué no tenemos y de qué no somos capaces. Después de eso podremos buscar lo que necesitamos para poder lograr lo que nos proponemos, de esa forma nuestra autoestima nunca estará baja.

Cuando la imagen de uno mismo está alta, somos capaces de lograr lo que queramos, pero cuando la propia imagen está baja, entonces nos desanimamos con el más mínimo contratiempo. Lo que quiero decir es que depende de nosotros mismos lo que logremos y no de los demás. Pero recordemos que no podemos tener una falsa imagen y querer lograr más de lo que es posible con las herramientas que tenemos a mano.

Si tiene que motivar a alguien, intente subirle su autoestima haciéndole pintar su auto imagen, él será quien se convencerá de lo que puede y lo que le falta para poder, él es quien se podrá motivar de forma permanente, ya que cualquier motivación externa sólo le durará cuando mucho hasta el próximo revés. Se necesita tomar en cuenta cuáles herramientas tiene la persona y cuáles le hacen falta.

El proceso de motivación de dentro hacia fuera es vital para conseguir que las personas puedan lograr lo que se proponen, y que no se propongan lo que no pueden lograr. Además, recuerde que los plazos de tiempo son vitales para que las personas logren las herramientas necesarias para conseguir los objetivos.

La consigna debe ser “Lograr en un futuro todo lo que me proponga en el presente”.

FRASE DE LA SEMANA
“No lograré mucho con lo que soy si no me propongo quién quiero ser”
Diego Sosa
Escritor, Coach y Conferencista dominicano

martes, 22 de junio de 2010

¿Qué hago con Inteligencia Emocional?


La Inteligencia Emocional es la capacidad de sentir (recibir una emoción), entender (estar consciente de ese sentimiento), controlar (saber que hacer con ese sentimiento) y modificar el estado de ánimo. Esto con sentimientos propios o ajenos.
Es importante saber que por lo general los sentimientos no se controlan; no se puede reprimir continuamente el sentimiento. Lo que podemos hacer adecuar la expresión emocional a la situación y las personas implicadas.
En cuanto a nuestro temperamento… éste no puede ser modificado por el simple hecho de aumentar o reducir nuestro Coeficiente de Inteligencia Emocional (EQ). Lo que podemos hacer es aprender a controlar nuestras expresiones temperamentales... esto quiere decir que podemos reducir su intensidad, o su duración. O sea, cuando nos enojamos por algún hecho, podemos pensar rápidamente que esa rabia sólo nos afecta a nosotros y de inmediato podemos tratar de olvidar lo sucedido ya que no nos ayuda en nada... es una decisión propia mantenerla o sacarla de nosotros.
Las emociones no se deben reprimir ya que ellas tienden a crecer cuando son guardadas. Lo peor es que una emoción reprimida puede estallar de imprevisto, y por lo regular en el peor de los momentos. Es por eso que la inteligencia emocional nos ayuda a que esto no pase, ya que cuando dominamos nuestras expresiones, podemos trabajar los pensamientos con relación a la situación y de esa manera sacar de raíz los problemas emocionales.
Las emociones son un mecanismo de supervivencia desarrollado durante millones de años como medio mantenernos vivos en momentos peligrosos. En muchos casos, nuestros antepasados pudieron sobrevivir gracias a ese mecanismo. Sin embargo, en la sociedad de hoy, mucho de estos son dañinos. Entonces, en vez de defendernos causan irritación en los demás y terminamos resolviendo situaciones con métodos prehistóricos, como son los gritos, los golpes, las peleas y hasta asesinatos.
Las emociones negativas terminan dañando la parte física de nuestro ser. De hecho, la mayor parte del estrés que tenemos, es estrés emocional. Por eso es que terminamos enfermos, por no poder dominar la causa de las emociones negativas.
Las emociones influyen en casi todas las esferas de nuestra vida; ya vimos la salud, pero también en el aprendizaje, el rendimiento laboral, el deportivo y hasta el artístico. Ya sea para bien o para mal. Es por eso que muchos entrenadores deportivos utilizan la motivación basándose en palabras, y los fanáticos usan canciones para animar a sus equipos.
Recordemos que la inteligencia emocional debemos construirla en dos principales vertientes; la primera es el conocimiento de nosotros mismos o “inteligencia intrapersonal”, y el conocimiento de los demás, o “inteligencia interpersonal”.
Debemos trabajar en controlar la reacción a nuestras emociones; todos podemos hacer esto, sino piense si reacciona igual cuando su jefe le llama la atención, o cuando lo hace su pareja o un buen amigo. Nuestra reacción es diferente según la jerarquía, eso quiere decir que la inteligencia la tenemos, pero no siempre la aplicamos.
Al igual nos pasa con relación a la interacción con personas; si queremos conquistar a alguien, conseguir un trabajo o ganar un cliente, solemos comportarnos con cierta empatía, pero en otras ocasiones no.
Claro está que no todos tenemos la misma facilidad para cada una de las inteligencias, pero lo que si es cierto es que las podemos desarrollar… con la Inteligencia Emocional no se nace, ella se hace.


FRASE DE LA SEMANA

“El instinto dicta el deber y la inteligencia da pretextos para eludirlo”.
Marcel Proust
(1871-1922) Escritor francés.