Artículos de crecimiento personal y profesional. También los puedes encontrar en mi página www.diegososa.info al igual que mis libros.
domingo, 26 de noviembre de 2017
DESTRUYENDO UN PLEITO
Hace unos días impartía un taller de Inteligencia Emocional.
Al explicar la forma de resolución de conflictos, un joven que se había
convertido ya en mi colaborador por sus interesantes aportes nos contó una
experiencia que vivió.
–Estaba subido en mi camión y delante de mí dos vehículos se
habían encontrado de frente y ninguno quería retroceder para darle paso al
otro. La discusión se extendía y el congestionamiento detrás de cada vehículo
también. Yo quería llegar a hacer mi entrega y ellos se acaloraban.
Reynaldo Lluberes le imprimía dramatismo a sus palabras y con
lenguaje noverbal nos empotraba en su relato.
–Yo los miraba desde arriba y decidí bajar. Me dirigí al
señor que tenía su vehículo delante del mío y le dije: “Don, usted va a echar
para atrás”. Me miró raro y me dijo: “¿Por qué yo y no él?” “Porque a usted se
le ve que es más inteligente.”
Todos reímos de la ocurrencia de quien sus compañeros llaman El Español… aunque es de San José de
Ocoa.
–Él me miró, sonrió y me dijo: “Me convenciste”. Todo terminó
ahí.
Muchas veces dejamos que el orgullo nuble nuestra razón y nos
dedicamos a competir en vez de enfocarnos en conseguir nuestro objetivo.
Ceder un poco de espacio puede llevarnos a nuestra verdadera meta,
que en este ejemplo no era ganar la batalla generada, sino llegar al lugar al
que se dirigían estos dos caballeros.
Mi amigo Reynaldo los pudo haber dejado discutir o hasta
empujarlos o amenazarlos con su gran camión, pero buscó una solución creativa.
Como lo que estaba en juego era el orgullo, sabiamente le dijo a uno que él era
más inteligente… y no tan sencillo como decirlo, le sugirió que sería quien
rompería el tranque demostrando que era el más inteligente.
Puede ser que no seamos parte del problema, o que nos afecte
indirectamente, interponiéndose ante nuestros objetivos. Lo importante es
identificar cuál es la meta de cada uno. Teniendo la información podemos buscar
una solución creativa que cubra las necesidades de los involucrados.
Si se encuentra en un conflicto le sugiero no concentrarse en
sus objetivos, es mejor enfocarse en determinar cuál es el de las demás partes
involucradas. Luego haga una propuesta que cubra las necesidades de todos.
Pero, siempre hay un pero, solo cuéntele cómo ellos llegarán a sus metas. ¿Se
atreve a experimentarlo?
Por: Diego A. Sosa
Más en mi libro: Migomismo II
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viernes, 10 de noviembre de 2017
¿NOS PARECEMOS A NUESTROS HOBBY?
Almorzando hace unos días con parte del equipo de trabajo
de un cliente conocí a una nueva colaboradora. No hablaba y bromeé con su
comportamiento introvertido. Mi amiga Michelle dijo desde el otro extremo de la
mesa: “Pregúntale por su hobby y sabrás cómo es”.
No entendí bien y solicité explicación. Me detalló que
las personas muestran cómo son con la pasión que ejercitan.
–“¿Cuál es tu hobby?” –interpelé a la novata de la
oficina.
–“Motocross” –me respondió con seguridad.
Definitivamente que la callada joven no aparentaba
practicar un deporte como ese.
–“¿Qué me dices de ella, Diego?” –me retó Michelle.
Es interesante cómo decimos tanto con nuestras
actuaciones. Queremos conocer a las personas y nos fijamos mucho en lo que
dicen y muestran, pero poco en lo que hacen y lo que dejan de decir.
Aunque también lo que muestran nos dice mucho… Si sabemos
leerlos vemos lo que ocultan. Alguien con un teléfono que no debería haber
comprado porque el dinero no le alcanza o por tener deudas u otras tantas
necesidades prioritarias no cubiertas nos dice que no está contento con lo que
es. Quiere que lo reconozcan como alguien que aún no ha llegado a ser… y de
seguir ese comportamiento quizá nunca llegue.
–Luchadora –dijo el más experimentado de la mesa.
Los demás se arriesgaron también con sus observaciones. Le
recomiendo que haga el ejercicio: Cierre los ojos y comience a detallar cómo es
una joven dama que sube a una motocicleta, salta, se ensucia, compite… todo
esto en un terreno hostil y entre una parvada de individuos que luchan por
llegar primero mientras dejan atrás innumerables obstáculos.
–Corre riegos, pero reconocen el terreno antes de
acelerar al máximo. Calcula cada salto y reconoce cada obstáculo. No le teme,
pero los respeta –me aventuré a decir.
Mi nueva conocida recibió una retroalimentación detallada
entre todos:
Individualista, calculadora, arriesgada, etcétera. Solo
reía y asentía. Me imagino que no todas las chicas que montan motocross son
iguales, pero el juego dio resultado en esta ocasión.
Pensemos en alguien que monta caballo o que juega tenis.
Toca guitarra o quizá violín. Todos caminamos por hobbies que nos gustan y quizá
nos moldean. Me imagino que preguntarle a los que nos rodean por sus aficiones
podrá ayudarnos a conocerlos mejor. ¿Se atreve a interpelarlos?
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domingo, 24 de septiembre de 2017
ALEGRANDO EL PASADO
Un día una amiga me contaba que no quería volver a vivir sus años de infancia. Me extrañó mucho, ya que visita su pueblo con mucho cariño, cuenta bellos momentos y no se le nota rechazo a ese pasado. “No es que me arrepienta, solo que hubiese preferido otra vida”, me expresó para hacerme entender la situación.
Muchas personas se empeñan en cambiar su pasado, como si se pudiera. Especulan sobre cómo hubiese sido de haber tenido otras oportunidades, los padres otros ingresos, haber vivido en otro país, etc.
Lo malo es que dejan de lado lo que hoy son, que tampoco lo pueden cambiar… Preciso: podemos influenciar en lo que seremos, lo que somos es ya un hecho.
“Mientras más feliz sea tu presente, más feliz será tu pasado”, le dije a mi amiga. Me puso cara de no entender mi raro planteamiento. “Soy feliz”, me encaró: “Tengo una bella familia, mis padres son maravillosos y mis hermanos son lo mejor que me ha tocado”.
El pasado nos forja, para bien o para mal. El presente es la suma de lo que hemos vivido, lo que ya construimos y la base sobre la que construiremos el futuro.
Lo complejo es concentrarse en lo malo del presente para aborrecer el pasado. Lo que no nos gusta del hoy debe ser el motor para cambiar un porvenir y no dejarlo que llegue por pura suerte… nos debe servir para construir el futuro en que queremos estar, en el que deseamos vivir.
En ocasiones no nos planteamos ese futuro y terminamos colocando la vela para que tome el viento desde el lado que venga. No nos damos cuenta que la dirección del bote no la da el viento, sino el timón.
Si nos concentramos en lo bueno del presente podremos alegrarnos del gran pasado que tuvimos. Tomaremos los hechos que forjaron nuestro hoy y estaremos en el mejor camino de construir un porvenir armonioso y feliz, como enseño por extenso en mi libro ¡Alcanza la cumbre!, un relato de mi experiencia de subir al pico Duarte, donde cada paso me enseñó que la vida es como esa caminata, se construye con pasos firmes y disfrutando el camino andado.
¿Se atreve a sacar un punto positivo de su presente y reconstruir lo bueno del pasado que lo llevó ser como es?
POR: Diego A. Sosa
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lunes, 18 de septiembre de 2017
SI CAMBIO LOGRO
Si cambio lo que puedo logro lo que quiero. Es una filosofía
que tengo y me da mis resultados. Manejar los cambios es cada día más
importante y diría que en el momento que vivimos es imprescindible.
Veo personas que logran lo que quieren porque planifican y
se enfocan en ello. Hasta no conseguirlo no descansan. Mientras otros solo lo
consiguen cuando los empujan, o sea, cuando no les queda de otra. También existe
un grupo que un día mirará atrás y dirá que en su próxima vida lo hará diferente.
Pienso que ya será tarde.
Hay cosas que no podemos cambiar, otras es preferible no
modificarlas. La diferencia puede ser grande, pero no se percibe a simple
vista. Lo importante es concentrarnos en las que sí podemos cambiar, las que
están en nuestras manos. Aquellas que al transformarlas, ya sean por completo o
parcialmente, nos llevarán a lo que queremos.
Esperar no es de sabios. La evolución de nuestro alrededor
sin nuestra participación nos suele llevar a un lugar donde no sabemos si
queremos estar. Lo que estoy seguro es que no es el lugar elegido.
La clave puede estar en hacernos protagonistas de nuestra
situación o ser víctimas por abandono. Siempre hay razones de peso para echarle
la culpa a lo externo. Lamentablemente hay pocos argumentos para movernos a
cambiar lo que no nos gusta o lo que sabemos podemos mejorar.
Vivir en una zona de confort es maravilloso, siempre que ese
lugar no tenga potencial para ser mejor. No quisiera dar un paso fuera de mi
zona de confort si pusiera en peligro todo mi bienestar. Prefiero mirar fuera
de mi comarca y encontrar potencial de mejora. Luego trazo un plan para
extender mi territorio.
Claro que hay microclimas dentro de mi zona que no son de mi
simpatía. Pero muchas veces no tenerlos puede significar estar peor… antes de
cambiarlos tengo que encontrar una posible mejora.
Querer algo y perseguirlo es primordial para el humano. En
el camino encontraremos obstáculos, algunos hasta insalvables. Trazaremos otro
camino y modificaremos los objetivos, para bien y para mal.
Debo tomar en mis manos el guía para obtener los logros que
parecen metas. Se ven distantes y quizá sean solo sueños… nunca dejemos de
soñar, ni tampoco de despertar y convertir esas fantasías en realidades. ¿Se
atreve a cambiar algo para lograr lo que sueña?
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sábado, 9 de septiembre de 2017
TRUCO PARA TENER MÁS TIEMPO (Video)
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martes, 5 de septiembre de 2017
¿QUÉ ES UN PROBLEMA?
“Tengo demasiados problemas” me expresó un lector hace unos
días. Desde verse empujado a salir de su país, no tener papeles para poder
trabajar en donde hoy vive, relaciones tensas con su pareja, condiciones de
nacimiento y más; algunas las ha ido mejorando y otras no tiene forma.
Lo que puedo resolver:
No es tan problema, es un inconveniente que debo superar con acciones. Es
cuestión de actitud.
En ocasiones escucho a personas decir que tienen problemas
por no poder comprar lujos que quisieran. Muy típico es no poder salir de
vacaciones donde desean. ¿Son problemas todos los que consideramos y llamamos
problemas?
La palabra problema tiene una amplia acepción y mucho más
variada utilización. Tener problemas es de humanos, la pregunta es si queremos
y podemos resolverlos, o si nos quedaremos esperando que se resuelvan por sí
solos o que exploten. Veamos algunas diferencias:
Lo que no puedo
resolver: Sea porque no está en mis manos o porque no tengo la posibilidad.
No creo que sea para preocuparme si no me puedo ocupar. Vigilarlo es lo único
que puedo hacer para sentir que estoy un poco en sobreaviso. Utilizar mis
energías para lamentarme no me ayudará. Quizá por eso veo personas con
enfermedades terminales que son más felices que otros que no las tienen y quizá
nunca las tendrán… inclusive sufren menos su condición que quienes los rodeamos.
Lo que creo que no
puedo resolver: Una cosa es no poder y otra es creer que no se puede. Un
dicho reza: “Si una persona te dice que te pareces a un camello no hay por qué
preocuparte; si dos te lo expresan, corre al espejo a verte la joroba”. Si creo
que no puedo y varios me insisten en que hay solución, no es momento para
lamentarme, sino para accionar.
Lo que puedo resolver:
No es tan problema, es un inconveniente que debo superar con acciones. Es
cuestión de actitud.
Posibilidades de
mejora: Utilizamos la palabra problema para situaciones que podemos
mejorar. Es un buen inicio ponerle ese nombre, nos ayuda a focalizarnos en
acciones. Querer unas vacaciones y sentir que existe un problema nos puede
ayudar a encaminarnos a su realización.
Como enseño en mi libro Migomismo,
es cuestión de hacernos protagonistas de las situaciones y no quedarnos como
víctimas de ellas, cambiando lo que puedo para lograr lo que quiero.
¿Se atreve a ver en profundidad el próximo evento que llame
problema y tomar acciones propias para mejorar lo que puede cambiar?
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