lunes, 25 de junio de 2012

SEGUNDO ASPECTO PARA MORIR EN PAZ


Continúo con la serie de cinco artículos sobre lo que más lamentan no haber hecho en su vida las personas en estado terminal. Basado en la experiencia de Bronnie Ware y visto desde mi filosofía de vida.



2. NO HABER VIVIDO A MI MANERA


¿Queremos que otras personas hagan cosas a nuestro gusto? Así mismo otros quieren que hagamos las cosas de la manera que a ellos más les place. ¿Queremos que nuestros hijos sean como nosotros o de una forma particular? Puede ser que nuestros padres quisieran lo mismo de nosotros.

La cuestión es que no podemos estar contentos con cada persona si no las aceptamos como son. Dicen que un amigo no es el que está contigo por cómo eres, sino a pesar de como eres.

En nuestra lucha por cambiar a los demás no nos damos cuenta que también nosotros hemos sido y seguiremos siendo influidos por otros. Terminamos buscando un comportamiento que agrade a la mayoría. Posiblemente nos convirtamos en muchos personajes diferentes que agradan a diferentes personas o grupos en las diversas actuaciones de nuestra vida diaria.

La mala noticia es que será muy difícil agradar a todos. Y tengo una noticia peor: Tratando de agradar a todos, arribamos al final de nuestra vida y nos damos cuenta entonces de que no llegamos a agradar a la persona más importante en nuestra existencia... al que llamo mi mejor amigo: a “migomismo”.

Aclaro algunas cosas para que no me citen fuera de contexto. Vivir a mi manera no es hacer lo que quiera sin pensar en las consecuencias; no es hacer daño a otras personas por imponer mis conceptos; no es olvidarme de los demás para dedicarme a mí; no es matarme antes viviendo una vida sin controles e insana...

Tenemos sueños que si no los convertimos en objetivos nunca los viviremos. Deberíamos definir la vida que queremos vivir. Si nos dedicamos a nuestros hijos cuando están con nosotros, ése debe ser l disfrute. Si queremos lograr algo en la vida, al lograrlo deberíamos disfrutarlo. Si decidimos vivir un amor, debemos vivirlo. Todas estas cosas y muchas más deben ser definidas en nuestra vida para saber lo que es vivir a nuestra manera.

Claro, hay personas que se desviven por hacer que los demás vivan sus sueños... entonces, defina eso como su sueño y disfrútelo. No es hora de pensar en pasar facturas a los que le hemos dedicado nuestra vida. Es quizá el momento de estar felices por haber vivido el entregar nuestra vida a otros.

Existen otros elementos muy importantes a tomar en cuenta. Los sueños pueden ser múltiples y muy variados. No tenemos tiempo para vivirlos todos, y probablemente tampoco los recursos necesarios para vivir algunos de ellos. Siempre tendremos la posibilidad de soñar más de lo que podemos vivir. Lo primordial es saber que es así. Muchos viven una gran cantidad de sueños, pero los oigo inconformes por los que no han vivido. ¡Caramba! Lo importante es lo que hemos hecho y estamos haciendo... lo que no se logró, se quedó en sueño y no vivirlo no debe ser motivo de tristeza.

La felicidad no es un logro material... es una condición mental. Vivir la vida a nuestra manera es un simple decir. Lo que quiero dejar claro en mi filosofía es que lo importante es decidir cómo quiero vivirla y luego podré disfrutar cada minuto que viva y cada minuto vivido.



Más sobre el tema de calidad de vida en mis libros:

– ¡Alcanza la Cumbre!

– Mi Binomio



FRASE DE LA SEMANA

“Primero defino cómo quiero ser, luego puedo vivir como quiero vivir; eso es construir el camino de la felicidad propia”.

Diego A. Sosa

Coach, Escritor, Conferencista y Consultor



miércoles, 20 de junio de 2012

REALICE DE PRIMERO UNA TAREA NO PLACENTERA

TAREA DE LA SEMANA


Hay tareas que nos martillean el cerebro durante todo el día, posiblemente semanas y hasta meses. Tenemos que hacerlas, pero no son nuestras favoritas. La forma de realizarlas sin dolor es simple, hágala de primero... sí, como quiera tendrá que realizarla. Lo mejor es salir de ella con el menor estrés posible, sin provocar llamadas de reclamos que nos hacen perder tiempo y llamamos interrupciones. Hoy le pido que tome una tarea de esas que no le gusta hacer y la realice de principio a fin. Si es muy larga póngase una meta, ya sea realizar una parte o un límite de tiempo que le dedicará. Sólo saliendo de ella dejará de ser incómoda y estresante.

Más en mis libros:

– ¿No tienes tiempo?
– Tú Eres la Estrella



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lunes, 18 de junio de 2012

PRIMER ASPECTO PARA MORIR EN PAZ

Bueno, la palabra morir no es la más bonita, pero sí es buena para hacernos reflexionar. Hace unos días, mi amigo Roberto me envió un escrito muy interesante. Estaba basado en la experiencia de Bronnie Ware con pacientes terminales. Su libro “Regrets of the dying” (Lamentos del moribundo) ha sido un éxito por abarcar los aspectos deficitarios de la gente que va a morir. Claro que el sexo o un viaje a Las Vegas no salieron en esos momentos. Tampoco tener más dinero o una casa mayor o quizá un vehículo de lujo. Pero sí cinco aspectos que analizaré en una serie de cinco artículos. Daré sugerencias para no tener que lamentarnos al final. Para saber a tiempo lo que es más importante en nuestras vidas.


1   HABER TRABAJADO TAN DURO

Una de las cosas que la gran mayoría de los hombres lamentaba, según la autora, era haber trabajado tanto. No diría tan duro, pero sí demasiado tiempo. Muchas damas también coincidieron en este aspecto.

Es una paradoja, tenemos que trabajar mucho para ganar dinero y poder hacer y tener las cosas que queremos. Pero si trabajamos en demasía, al final no hacemos las cosas que quisiéramos.

La cuestión es, ¿dónde está el equilibrio? El deseo de hacer cosas puede ser infinito; una vez logrado algo, ya buscamos el próximo reto. Si no soñamos con más, podríamos ser conformistas. Tiendo a preguntarme nuevamente: ¿Dónde está el equilibrio?

Cuando ganamos más dinero, realizamos más sueños. Una casa, un viaje, una mejor educación para los hijos, vehículos, hobbies, etc. Pero, ¿qué nos perdemos? Esto es lo primero a definir. Si sabemos lo que nos perderíamos, quizá acomodaríamos nuestro tiempo mejor y quizá algunos sueños no fueran tan importantes como las cosas que poseemos. Haga una lista de las cosas que realmente son importantes para usted, así podrá poner la base para encontrar el equilibrio del que vengo hablando.

Decía Ware que los enfermos terminales, en su experiencia vivida, se lamentaban mucho más de no haber pasado suficiente tiempo con sus hijos, sus parejas y allegados. Increíblemente esas cosas no cuestan, pero valen tanto que deberíamos ponerles más atención.

Con el dinero del trabajo compramos una casa, pero no la convertimos en hogar. Cumplido ese sueño, no la disfrutamos por trabajar para terminar de pagarla y seguir cumpliendo sueños.

Otra cosa que he notado es la costumbre de intercambiar regalos por el tiempo no otorgado. Desde pequeños, les damos algo a los hijos cuando llegamos de viaje, como para que se olviden del tiempo que no nos tuvieron a su lado. Creo que los niños terminan alegrándose de que salgamos, así recibirán un regalo. Cuando lloran porque nos vamos, le prometemos un regalo. Cuando no los acompañamos a sus actividades, le prometemos un viaje. Cuando nos pasamos todos los días trabajando hasta tarde, le prometemos estar con ellos en las vacaciones.

¿Dónde está el equilibrio? Toca a cada uno de nosotros encontrarlo. Los hijos crecen rápido, los nietos aún más. Los trabajos nos causan estrés. Las relaciones se deterioran. No esperemos llegar a los últimos días para arrepentirnos de no estar con los nuestros... y que esos momentos sean de calidad, pero en la mayor cantidad posible. Hijos, padres, abuelos, parejas, amigos, familiares... podemos dedicarle tiempo a los que en realidad nos hacen felices.


Más sobre el tema de calidad de vida en mis libros:

– ¡Alcanza la Cumbre!
– ¿No tienes tiempo?


FRASE DE LA SEMANA

“No esperar para hacer las cosas antes de morir es hacerlas a tiempo”.

Diego A. Sosa

Coach, Escritor, Conferencista y Consultor



lunes, 4 de junio de 2012

¿ TENER RAZÓN O SER FELIZ ?


La respuesta parece simple, pero no siempre lo es. Para muchos tener la razón los hace felices... o por lo menos, lo ven así. Las discusiones suelen ser frecuentes en muchas relaciones, ya sean de trabajo o personales. En el trabajo, tener la razón puede significar conseguir el resultado deseado y, por lo tanto, ser eficiente. En las relaciones personales es diferente. Hoy me concentraré en estas últimas.

Hay circunstancias que tener la razón no es de importancia. Escucho y vivo discusiones banales que sólo llevan a malos momentos y desencuentros que suelen durar horas, días y hasta semanas.

- ¿Es importante ganar una discusión? Creo que casi nunca lo es. Tener la razón no me trae nada positivo si la otra persona no acepta que la tengo. La mayoría de las discusiones terminan con un ganador virtual y un perdedor que sabe que no perdió. Ya lo dijo Galileo cuando perdió su más famosa discusión: “El sol gira alrededor de la tierra, pero la tierra seguirá girando alrededor del sol.” O sea, tres perdedores reales: Los dos pierden a la vista del contrario y también pierde la relación.

- ¿Qué pierdo si no la gano? Muchas veces sólo puedo perder mi orgullo. Simplemente algo que aparenta ser más importante que mi tranquilidad y la relación. Demostrar nuestro punto de vista no sirve de mucho en la mayoría de las discusiones. Gran parte de las personas se empecina en tener la razón, no en encontrar la verdadera solución.

- ¿Qué vale más, una victoria o la paz en mi vida? Cada uno debe decidir. Hay personas que sienten que su paz es ganar cada discusión. La mía es diferente y la trato de construir con cada acción.

- ¿Es esa relación tan poco importante que mi orgullo vale más? No todas las relaciones son importantes. Si quiero mantener una relación con una persona que sienta que me aporta a mi vida, entonces aprenderé hasta donde puedo dialogar con ella y hasta ese punto llegaré. Si es una persona que no me aporta y emocionalmente me desequilibra, entonces evitaré ese contacto. No seré enemigo, sólo tendré el contacto necesario para no colocar en mi vida emociones que no quiero tener.

Conocemos personas con las que no se puede dialogar; ellos gustan de tener la razón y terminamos discutiendo... ¿Vale la pena? Para mí no la vale. Prefiero abandonar el diálogo cuando aseguran que el sol gira alrededor de la tierra. Pero no entraré en una discusión que no me aportará nada y destruirá la relación que pueda tener con esa persona.

Las relaciones son tierra fértil para los conflictos, lo ideal es no poner semillas conflictivas en esa tierra.



FRASE DE LA SEMANA

“Ganar una discusión no me hace más inteligente; mantener una buena relación sí.”

Diego A. Sosa
Coach, Escritor, Consultor y Conferencista





lunes, 14 de mayo de 2012

¡UN POQUITO DE TIEMPO PARA MÍ... POR FAVOR!

¿Para quién? Bueno, “mí” pueden representar diversas personas. Yo me puedo decir eso, pero me lo puede exigir mi pareja, mis hijos, mis padres, mi abuela, mis colaboradores, etc. Todos queremos tiempo de mí. ¿Qué puedo hacer? El truco es fácil, atendernos a todos.

Habrá personas más importantes que otras, definitivamente. El mejor legado para mis hijos es el tiempo que les puedo otorgar ahora. Hoy tienen quince y diecisiete años. Luego serán adultos y no podré darles tanto tiempo porque ellos no lograrán recibirlo. Hace un tiempo decidí que son mi prioridad máxima en la repartición de tiempo.

Ya sé, no tenemos tanto tiempo, por eso muchos dicen que le otorgan tiempo de calidad. Yo me he preguntado siempre ¿qué es tiempo de calidad? Analizo a muchos que piensan así y veo que es: Pasar las vacaciones con ellos, darle viajes, regalos, llevarlos donde los padres piensan que es mejor para ellos... “luego comprenderán”.

¿Qué recordamos como buenos momentos con nuestros padres? ¿Los grandes momentos? Sí, seguro que le agradecemos todos esos grandes momentos. Fueron fantásticos y quedaron en nuestra mente tallados.

Sin embargo, los pequeños momentos de cada día hacen algo diferente. Crear una relación intensa durante la juventud y la adolescencia sólo se logra con tiempo... en primer lugar. Claro, el tiempo es el ingrediente básico, pero luego tenemos que condimentarlo con: Comunicación asertiva, paciencia, comprensión, recuerdos (sí, recordar cómo éramos y actuábamos cuando teníamos su edad), liderazgo, credibilidad, tolerancia, amor de actuación, reconocimiento, estar presentes... entre otras especias que le debemos poner a ese menjurje que estamos cocinando. El plato más delicioso que podemos crear... la crianza de nuestros hijos.

¿Qué haremos un esfuerzo? Entonces lo que tenemos que cambiar es la actitud mental. Si creemos que ayudar o acompañar a nuestros hijos es un sacrificio, entonces debemos sumergirnos en nosotros y ver si realmente queremos lo mejor para nuestros hijos. Querer lo mejor y considerarlo un sacrificio no es congruente. Si pienso que podría estar haciendo alguna cosa mejor para mí, entonces no le he dado la prioridad 1 a mis hijos.

Lo que hago es aprovechar cualquier oportunidad que mis hijos me dan para hacer algo con ellos o para ellos... insisto, llegará la época en sus vidas donde no tendré esos momentos.

Otra actitud mental que intento desarrollar es la de no esperar nada a cambio. No sólo con mis hijos, sino con cualquiera. Me ha resultado fácil, cuando hago algo por alguien o con alguien, porque disfruto haciéndolo y nunca pienso que es un sacrificio. Acompañar a una persona, dar un consejo, visitar a un ser querido, etc, me da una gran satisfacción a mí. No pienso que me retornarán el favor o la visita, disfruto haciendo lo que hago y no espero ser desilusionado. No “tengo que...” Mi mentalidad es “quiero...”

Como me satisface el tiempo que le dedico a mi prioridad uno, podría decir que yo también paso a ser prioridad uno. Digamos que soy 1b. Dedicándome tiempo a mí también le dedico a mis seres queridos. Mi salud física y mental, mi desarrollo personal y profesional, mi falta de estrés o tiempo para “desconstruirlo”, etc. Siendo mejor y estando mejor podré también colaborar mejor. Esa razón me lleva a dedicar tiempo a mí con una gran prioridad.

El tiempo está ahí y debemos decidir a quién y a qué otorgarlo. Lo importante es cómo tomamos mentalmente la actividad que ejecutamos. Si creemos que trabajar es un sacrificio, entonces no estamos viendo los beneficios de trabajar, mucho menos estamos disfrutando cada minuto de nuestro tiempo. Cada actividad puede ser tediosa o entretenida, dependerá sólo de la forma en que la veamos.


Más en mi libro:

– Mi Binomio (Contiene 2 libros: ¿Forastero yo? Y Click ¿Quién tiene el control de tu vida?)



FRASE DE LA SEMANA

“Sacrificar mi tiempo no vale la pena; mejor hago todas mis tareas con un gran disfrute.”

Diego A. Sosa
Coach, Escritor, Conferencista y Consultor

lunes, 7 de mayo de 2012

AUTOESTIMA

¿Qué es? ¿Cómo llega a nosotros? ¿Podemos controlarla?

Son muchas las personas que sienten que su autoestima o la de algún ser querido es baja. Con los menores debemos trabajar cuidadosamente para que crezcan con una autoestima sana.

La autoestima es la valoración que tenemos de nosotros mismos. Puede ser una valoración por encima de lo que realmente somos, neutral, o por debajo. Los extremos suelen ser riesgosos. La mayoría de las personas que tiene problema de autoestima se encuentran en la parte que los lleva a sentirse menos de lo que realmente son e incapaces de muchísimas cosas que realmente pueden.

No nacemos con autoestima, eso no viene en el paquete genético ni se nos contagia en el canal de parto. Después de nacidos el comportamiento de la sociedad nos va impregnando de muchos juicios de valores y eso nos lleva a formar la valoración que tenemos sobre nosotros y los demás.

Uno de los factores más comunes que he visto en las personas que sufren de baja autoestima es que vienen de un ambiente sumamente competitivo. El colegio, los amigos, los primos, los hermanos y los padres. Cuando no logran ser primeros en alguna competencia o en alguna materia, suelen haber comparaciones y hasta críticas... muchas veces denigrantes.

Siempre queremos que nuestros hijos sean mejores, y eso es muy sano, lo que les puede afectar es que les exijamos ser “los” mejores.

Todos tenemos nuestro valor y nuestras fortalezas. También tenemos nuestras debilidades. Concentrarnos en lo que no podemos hacer de la mejor forma puede llevarnos a pensar que valemos menos. Compararnos con los demás siempre nos llevará a encontrar alguien que puede ser mejor en algo. Exigirnos siempre superar a alguien será un factor primordial para sentir más frustraciones que momentos felices. Es que seremos menos veces el ganador.

Sí, siempre habrá una mejor nota; si tenemos la mejor nota otro será mejor en un deporte; otro tendrá la sonrisa que más le gusta al género complementario; otro podrá ser más alto o tener las manos más bonitas; quizá otros tengan más dinero para darse algunos lujos... En fin, si queremos sentirnos menos, tenemos muchas posibilidades de encontrar excusas para considerarnos así.

No somos malos cuando no tenemos las mejores notas, cuando no resultamos ser los más simpáticos, cuando no somos el mejor deportista, cuando no ganamos la mayor cantidad de dinero, cuando no ganamos en un juego de mesa, cuando no tenemos la mayor habilidad para responder, cuando no tenemos la mayor cantidad de conocimientos, cuando no tenemos la pareja más hermosa, cuando las cosas no salen como quisiéramos...

Una corta anécdota: Mi lectora más joven, Alexa, de 8 años, preguntó en medio de una conversación qué era una tableta. Algunos se rieron por ella no saber. Ella le contestó que Diego dice en su libro Mi Binomio que no podemos saberlo todo, que todos somos ignorantes de muchas cosas. Todos enmudecieron y le explicaron lo que era el moderno equipo. Esas burlas la podían llevar a desarrollar un complejo, pero en ese instante demostró que no le importa no conocer algo, que eso no la haría sentir menos.

Los que tienen baja autoestima tienden a exigirse más de lo que nadie puede ser. Se concentran en compararse con los demás y competir contra cada uno en una categoría individual. Si quiere competir contra alguien, hágalo en el todo, verá que usted sale ganando en una gran cantidad de categorías ante cualquiera que se quiera comparar.

El valor de nosotros no se ve en la ropa que usamos y lo que podemos comprar. No valemos por el dinero, sino por lo que somos. Superarnos cada día a nosotros mismos es lo que en realidad llamo superación. Autoestima es una herramienta que necesitamos tener en equilibrio. Debemos dejar de analizarnos, es mejor dedicarnos a vivir. Progresar, aprender, ser felices... nadie es menos, nadie es más... simplemente somos la pieza más importante del rompecabezas propio que se llama VIDA.


Más sobre este tema puede encontrarlo en mis libros:

¡Alcanza la Cumbre!
Mi Binomio


FRASE DE LA SEMANA

“Buscar mi valor comparándome con los demás sería una estupidez infinita.”
Diego A. Sosa
Coach, Consultor, Escritor y Conferencista





lunes, 30 de abril de 2012

¿NOS PROGRAMAN PARA TENER HAMBRE?

¿Podemos programar nuestro cerebro para tener hambre? Muchos quisiéramos lo contrario, pero algunas cosas que ingerimos logran el efecto de programación que nos lleva a comer más de lo que el cuerpo en realidad necesita.

Dentro de mis investigaciones sobre cómo mantener un cuerpo sano, encontré informaciones científicas que me parece interesante compartirlas.

· El azúcar de las frutas (fructosa) se convierte rápidamente en grasa: Esta azúcar se encuentra también en muchos productos dietéticos. El problema es que el cerebro no la reconoce en su sistema de control, por eso no la acepta como producto dañino y ella termina alojándose en nuestros depósitos de reserva de grasa con agilidad. Otro efecto es que estimula la creación de reservas de células de grasa.

· Las bebidas dietéticas hacen engordar más que las regulares: Los productos sintéticos utilizados para endulzar alimentos dietéticos son bajos en calorías. Al igual que el azúcar natural son también estimulantes del apetito... pero por el contrario, no le surten al cerebro ningún elemento que le indique la satisfacción del hambre mientras se ingieren. El cerebro piensa que le hacen falta nutrientes ya que falta el azúcar como fuente de energía y nos da el comando de comer más; o sea, estos alimentos nos abren el apetito. Así terminamos buscando en otros alimentos las calorías que nos ahorramos al ingerir productos dietéticos dulces.

· Los alimentos empacados en plástico pueden provocar ataques de hambre: El ftalato es un producto utilizado para los empaques artificiales, como bolsas de plástico y tapas. Éste elemento químico no se queda fijo en el plástico y al liberarse puede pasar directamente al alimento por lo tanto a nuestro organismo. Se ha comprobado que el ftalato puede desatar ansiedad por comer. El cerebro se confunde y reduce la emisión de la hormona de la saturación, encargada de hacer sentir la satisfacción por la suficiencia de comida.

· Los chips (como las papitas fritas) nos pueden convertir en déspotas de la glotonería: El glutamato está en casi todo lo que es salado y conservado. El sabor artificial del glutamato no resalta el sabor de los alimentos como lo hacen los azúcares, los salados, los agrios y lo ácidos, éste químico cambia el sabor de los alimentos creando una confusión en el cerebro. El cerebro reduce la emisión de la hormona leptina (llamada también hormona del adelgazamiento) por esta confusión y el centro de saturación de nuestro cerebro se desactiva. Nuestro cerebro continúa dando el mandato de seguir comiendo. No importa cuántos chips hayamos ingerido, nuca llega la sensación de “estamos satisfechos”.

Pienso que hoy no hacen falta conclusiones adicionales, cada uno puede hacer sus propias conclusiones y decidir cómo y qué ingerir en el que yo llamo “Mi Hotel”, el que cuido y mantengo, porque me alojará toda mi vida.


Más sobre el tema de cómo cuidar nuestro cuerpo en mi libro:

– Tú Eres la Estrella

FRASE DE LA SEMANA

“Saber más de lo que me hace mal es importante; tomar medidas con lo que me hace daño es imprescindible”.

Diego A. Sosa
Escritor, Coach, Conferencista y Consultor