lunes, 6 de diciembre de 2010

¿QUÉ ME REGALO?

El cambio de año trae mucha felicidad. Son tiempos muy emotivos: disfrutamos mucho, damos mucho y recibimos... no sé si mucho, pero recibimos. Luego llega enero y muchas personas se encuentran con sus tarjetas de crédito hasta el tope. Los bancos se frotan las manos y el sufrimiento para los que no se supieron controlar durará once meses.

Hay costumbres que nos van creando estrés. No sabemos controlar esas costumbres y al final de cuenta pagamos con el deterioro de nuestra preciada calidad de vida. Nos pasamos un mes rompiéndonos la cabeza buscando los regalos y once meses sufriendo por habernos salido del presupuesto. No creo que esto se una buena costumbre, creo que cometemos excesos y debemos controlarnos si queremos tener la calidad de vida que merecemos.

Llenar la tarjeta de crédito es una de las reacciones típicas. Casi todos sabemos que uno de los créditos más caros que hay es el de las tarjetas. Al llegar la factura muchos abonan el mínimo y comienzan a pagar intereses. Ya los regalos que compró crecieron en costo. Ya los especiales que aprovechó, salieron más caros. Ya las oportunidades que encontró, resultaron pérdidas. Ya los gustos que se dio, resultaron en dolores de cabeza.

Otros utilizan todo lo que les entra para satisfacer el ego, tratar de hacer feliz a otro o cumplir con una ley de intercambio de regalos. Los regalos que recibe no le sirven para nada y los que da son regalados más adelante o utilizados por simple compromiso. Sólo un 10% de los regalos son de provecho, el resto no sabemos qué hacer con ellos. Por lo regular respondemos con una cara de alegría y nos alegramos realmente de la intención.

Otros toman créditos para poder cubrir su presupuesto de diciembre –paradójicamente en diciembre solemos tener los mayores ingresos del año–. Estos pueden ser con un sobregiro en el banco, con un retraso en el pago de alguna cuenta, con un préstamo informal o hasta con una promesa de pago. El dolor es retrasado con la posibilidad de un pago tardío.

No quiero que piensen que mi intención es que no regalen... eso nunca lo propondría. Mi intención es que esté consciente de lo que le cuesta cada regalo. No es lo que usted paga, sino lo que termina pagando, incluyendo sus emociones futuras y los recargos. Quiero que sea maduro al regalar, que su regalo no sea un simple compromiso. Estoy interesado en que la importancia del regalo no sea su costo, sino su intención y utilidad.

¿Y yo qué me regalo? Aquí quiero llegar. Le regalamos a todos y no nos regalamos a nosotros. Nunca sobra para reglarnos, nunca nos damos la importancia que merecemos. Es lo mismo que explico en mi libro “Arco Iris Financiero”, para ahorrar uno tiene que sacar lo del ahorro antes de gastar, no de lo que sobre. Si se quiere regalar (que debe hacerlo) hágalo de primero. Su mejor regalo puede ser un abono extra al préstamos de la casa. Terminar de pagar por adelantado el crédito que tiene. Comprarse lo que en mi libro mencionado llamo “gallinas”. O sea, comprar algo que le produzca dinero (fondos de inversión, certificados de depósitos, acciones, etc.). Guardar dinero para eventualidades. Comprar calidad de vida al hacer un plan de gastos para diciembre y no pasarse, para no estar el siguiente año buscando dinero extra para poder pagar hasta el colegio de los hijos.

En definitiva, regálese a usted... recuerde que esa es la persona más importante en su vida. Regálese de primero. Le aseguro que los que lo quieren le agradecerán más una vida sin estrés que cualquier costoso regalo que usted le pueda hacer.


Nos vemos en la próxima entrega.



Mis libros están de venta en todo el mundo en www.lulu.com/mercurio y en la Rep. Dominicana en la Librería Rodali de Puerto Plata y Librerías Cuesta de Santo Domingo y Santiago.



FRASE DE LA SEMANA

“El mejor regalo para los que me rodean, es mi tranquilidad y felicidad.”
Diego Sosa
Conferencista, Coach, Consultor y Escritor Dominicano

lunes, 22 de noviembre de 2010

QUERER NO ES HACER

Llega diciembre y comienzan a llover los deseos para el próximo año. Deseos que muchas veces se vienen mudando de año en año y pocas veces los vemos realizados, por no decir que no los vemos ni comenzados. Muchas personas se envuelven en las festividades y la presión de cierre de año y no consiguen planificar el año próximo. Llegará enero y en un abrir y cerrar de ojos estará por mitad el primer mes del año y algunos tendrán la excusa de no planificar porque ya no lo hicieron. En mi tierra decimos “la carga se acomoda en el camino”. Craso error si se quiere lograr algo con eficiencia y eficacia, sin desperdiciar recursos ni energías.


Bueno, la realidad es que tener un plan es sólo “querer”. Sí, yo quiero algo o hacer algo, lo pongo en un papel o en la pantalla de mi computadora. La diferencia está en llevar ese “querer” al estado de “realizado”. Sólo cuando el plan sea ejecutado, usted tendrá la satisfacción del resultado.

Para lograr lo que uno quiere yo siempre digo que hay que tener un plan individual para cada objetivo. Muchas veces ponemos deseos en nuestra lista, pero no pensamos cómo llegaremos a ellos. Yo recomiendo además de la lista de resumen, hacer un detalle para cada deseo. Por ejemplo, si desea cambiar su vehículo el próximo año, tendrá que saber cuál será su presupuesto, cómo llegará e él, cuál es la mejor forma para pagar menos, cuáles alternativas tiene, cuánto tendrá que ahorrar mensualmente, comenzar a ahorrarlo o aumentar lo que viene ahorrando...

O sea, hace falta un mapa que nos haga llegar al objetivo. Sólo al tener el mapa podremos ser capaces de comenzar a realizar esos deseos, que ahora pasaron a llamarse “metas”. Si tengo que ahorrar, no puedo esperar a septiembre para darme cuenta que es el mes de mi cumpleaños y quiero comprar el auto, pero no ahorré nada... el deseo sigue siendo un sueño.

La mayoría de las metas no se logran porque se quedan en la categoría de deseo, no llegan a ser vistas como algo que puedo lograr, mucho menos como algo que creo poder lograr.

Noviembre es un mes sensacional para planificar el próximo año. Aún tiene esa hora que necesita para hacer el plan... sí, en una hora usted puede hacer un plan completo de deseos y rutas para convertirlos en metas. En diciembre hay demasiadas excusas para no sentarse a hacerlo, por eso recomiendo hacerlas en noviembre y en su defecto planificar en enero para doce meses, o sea, de febrero a febrero.

Entre sus metas debe tener claras las partes de su vida que quiere fortalecer. Yo recomiendo que piense en su parte emocional, su parte física, su tiempo, sus relaciones y sus finanzas. El orden de los factores no altera el producto, todas son prioritarias y ninguna le quitará fuerzas para realizar las otras... la idea es llevarlas a tener bajo su control absoluto.

Sé que son muchas, pero no puede abandonar su vida a lo que el mundo exterior decida hacer con una vida que usted quiere vivir. Es mucho lo que hay que hacer para convertir una vida en una obra de arte, por eso mis siete libros tratan estos temas en detalle, porque hay material suficiente para pasarse toda una vida disfrutando de un camino que se llama FELICIDAD.



Hasta la próxima entrega.





FRASE DE LA SEMANA

“El día que no me encargo de mi destino, ese día soy víctima de la mala suerte”.

Diego Sosa

Consultor, Escritor, Conferencista y Coach dominicano.

miércoles, 27 de octubre de 2010

LOGRAR MIRANDO LO LOGRADO

En muchas ocasiones nos desmotivamos en medio del trayecto. Hemos salido en busca de un objetivo y aún no llegamos. Muchas veces creemos que no hemos avanzado nada.

Ya sabemos que un deseo no es un objetivo, mucho menos una meta. En gran parte de los casos, nos ocurre que deseamos algo, pero sólo lo queremos. Muchos dicen que querer es poder, aunque para mí, no es suficiente. Sin un plan, sin comenzar a ejecutarlo y sin creer en su realización, para mí no es posible llegar. En otros casos, somos perfeccionistas, nunca estamos conformes con lo que hemos logrado, queremos más y mejor. Y en ocasiones, nos desmotivamos por el hecho de no saber ni donde estamos.

Si tenemos un deseo, armemos el plan para lograrlo. Ya estará en la categoría de objetivo, y al ejecutar el plan, pasa a la categoría de meta. Ya estamos caminando, o sea, llegamos al lugar donde inicia este artículo… en la mitad del camino.

Nos sentamos, miramos adelante: “Uff, nos falta demasiado”. El perfeccionista no está contento, el que arrancó sin plan está desmotivado y el que tiene el plan está dudando… El paso a dar lo describiré con una frase de mi libro “¡Alcanza la Cumbre!”:

“Cuando caminas y miras lo que falta, te puedes desmotivar; observa lo que has logrado y sabrás de lo que eres capaz.”

Es como el tiempo, mientras más breve parece, es porque más hemos logrado. Ver la meta a lo lejos, o sentir que debimos tenerla más cerca, nos lleva a pensar que no seremos capaces de conseguir lo que nos planteamos. Cuando subí al Pico Duarte, en cada subida me concentraba, un paso tras otro quitaba metros entre la meta y mi cuerpo, pero muchas veces sentía que no avanzaba, la subida era interminable y el oxígeno parecía no querer llegar a mis pulmones. Mi mente perdía el objetivo de su visión y mis fuerzas me abandonaban. Hasta que, por casualidad y observación, descubrí un truco: miré hacia atrás y vi lo alto que estaba, me di cuenta que en pocos minutos había logrado un gran ascenso… ¡Qué alegría! No era verdad que no avanzaba, no era cierto que no llegaría, estaba convencido de que era capaz de seguir el camino y de que me faltaba mucho menos que al inicio.

En mi vida no me gustaba mirar para atrás (quizás ya lo conocen de mi libro “¿Forastero yo?”), pensaba que el pasado era un camino recorrido y que eso era sólo pasado (sacando los buenos recuerdos, esos sí me encanta revivirlos). Sin embargo, en momentos de desmotivación, revivir el pasado y usarlo como aditivo, es una buena forma de saber que somos capaces de lograr cosas.





FRASE DE LA SEMANA

“No siempre uno sabe si llegará, pero tiene la obligación de estar convencido de que el objetivo será alcanzado.”

Diego A. Sosa

De “¡Alcanza la Cumbre!”

viernes, 24 de septiembre de 2010

CAMBIAR ES MI DESICIÓN

“En ocasiones sentimos que la vida se estanca, que todo está en contra nuestra”. Nuestro presente lo consideramos una basura, no es el futuro que una vez planificamos, ni mucho menos creemos que la vida cambiará... “hasta llegamos a creer en la mala suerte”.

Los pensamientos negativos nos invaden y hasta nos ponemos depresivos. Tenemos momentos que no sabemos qué hacer y la tristeza se convierte en nuestra fiel acompañante.

La realidad es que hay momentos en nuestra vida que no hemos planificado y otros que nos han salido al contrario de lo que quisimos conseguir... eso no nos lo evitará nadie; no todo sale como queremos, y no todo estará en el momento preciso en el lugar indicado.

Lo bueno es que aprendemos más de las malas experiencias que de las buenas. Y la otra buena noticia es que nuestra vida depende más de lo que nosotros hagamos, que de lo que otros hacen. Nuestro presente es lo que tenemos y no podemos cambiarlo; pero ese estado dura tan poco tiempo, que es mejor concentrarse en construir el futuro.

Una conclusión lógica: el futuro es lo que podemos construir, y dependerá más de nosotros que de manos ajenas. ¿Quiere mejor noticia que esa? El futuro está en sus manos, y no sólo el futuro lejano, estamos hablando del mañana y del hoy.

“El mejor día que tienes es el que posees, EL HOY”. No hay que buscar muy lejos para empezar a construir la felicidad, es comenzar a disfrutar de “el día que hoy te han regalado”. No es una obsesión de los próximos diez años. El próximo segundo es el futuro... éste es el momento de darme cuenta de todo lo que tengo para ser feliz.

“Sonríe, que tu corazón se alegrará”. No es medirse con los demás lo que nos hará feliz o infeliz, es una propia decisión lo que nos dará el estado deseado. Hay millones de personas que están peor que nosotros, aunque existan millones que estén mejor. Eso no debe influir en nuestra felicidad... nuestra felicidad debe depender de nuestro interior, de lo que yo decido.

Muchas veces nos sujetamos al pasado y no queremos dar el paso que nos ayudará a modificar nuestro estado de insatisfacción; “suelta las amarras y hazte al mar, que nadie te cierre el camino. Corta las cuerdas que te atan al pasado y construye un futuro mejorado”.

La mayoría de los que no cambian, es porque se concentran en las ventajas de quedarse igual y sólo ven lo malo de mudar lo que tienen. Para hacerse cargo de los cambios hay un truco muy certero: “mira las ventajas de cambiar” y observa las desventajas de quedarte igual.

No dejes en manos ajenas lo más preciado, no pienses que el destino dicta lo que tendrás... al nacer te han dado las oportunidades y el libre albedrío, eso es para que tu elijas a qué lado girar al llegar a cada intersección de tu vida... así que: “toma el control de tu vida, esa será tu misión”.

Cada momento de nuestra vida es nuevo, cada instante nos pide una decisión, cada paso construye nuestro futuro, y cada cosa que nos pasa es la última vez que nos sucederá, lo que pasó ya es pasado. “En la vida todo ocurre por primera vez”. La canción la puede escuchar y bajarla en sus dos versiones en http://www.diegososa.info/sonrie/


Nos vemos la próxima semana, de seguro que con un futuro mejorado.


                         FRASE DE LA SEMANA

       “Caminar hacia delante depende de ti; no dejes tu futuro en manos ajenas”.
                             Diego Sosa (1966 – )
           Escritor, Coach, Conferencista y Consultor dominicano


© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.

e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info

lunes, 13 de septiembre de 2010

LEVANTARSE TRAS LA CAÍDA

Si fuera por lo que se ha filosofado al respecto, nadie quedaría en el piso cuando tiene un tropiezo. Sin embargo, podemos ver cómo mucha gente tarda en levantarse después de una caída, mientras otros se ocupan de cavar un hueco en el que pasarán el resto de sus vidas y otros simplemente se sacuden el polvo y siguen su trayecto.


En mi escalada al Pico Duarte, en la Rep. Dominicana, pude notar que hay diferentes caídas y diferentes actitudes ante estas. Al hacer un símil con la vida real, me pude dar cuenta de lo que nos pasa a los humanos en las diferentes situaciones.

Cuando iba subiendo tropecé en algunas ocasiones, pero el ímpetu no me dejaba quedarme lamentando el traspié, miraba al frente y con mucho ánimo y decisión seguía mi camino a la cima, olvidando rápidamente la piedra que me había hecho tropezar. En esas horas de regocijo que me ofreció la naturaleza, pude darme cuenta que las personas en el diario vivir actuamos de la misma forma, un traspié cuando estamos subiendo en nuestra carrera profesional, casi no duele, nos hace fuertes y nos motiva a conseguir el objetivo. Puede ser un revés en un deporte o en una conquista, pero por lo regular lamemos nuestras heridas y seguimos adelante con más fuerza.

En un momento casi me caigo en una bajada que me presento el ascenso. Y la vida es así, encontramos descensos cuando vamos subiendo, pero tampoco representan un gran obstáculo, la emoción de llegar a la meta era más poderosa que cualquier contratiempo que me pudiera llevar al piso.

Una vez alcanzada la cima, comenzó el descenso. En esta etapa conocería el piso con muchos detalles. Es que caemos más cuando estamos bajando que cuando ascendemos, por muchas razones. El caso es que en esas caídas el ánimo no subía, sino que me desmotivaba, tenía que ser fuerte para volver a pararme y mantener la cabeza en alto. Mi mente se ocupaba más de la caída que había pasado, que del camino que tenía por recorrer... es que para mí la meta estaba ya alcanzada y esto era simplemente el camino de regreso. Pero la ironía de la vida es que la cima no es la meta, sino el camino lo es. El objetivo no podía ser llegar arriba, sino hacer todo el camino.

En la vida vamos recorriendo un camino y cada caída nos representa algo, pude aprender que subiendo las caídas son fáciles de tratar y se olvidan con rapidez, porque tenemos un objetivo en mente. Mientras que cuando estamos en un momento de descenso, nuestra mente no tiene un propósito bien definido y eso nos hace quedarnos más tiempo en el piso y nos motiva a acomodarnos en lo más profundo del hueco que cavamos o que nos han cavado.

En medio de la lluvia que nos atrapó descendiendo y después de varias caídas, me tracé una nueva meta, que era terminar el viaje en el punto cero. Sí, es que mi mente había terminado el viaje al coronar el Caribe, cuando alcancé los 3,087 metros de altitud. Sin embargo, el disfrute no había terminado, la bajada no era un castigo, sino parte del paseo. Las condiciones no eran ideales, pero la naturaleza me brindaba tanto, pero yo no podía ver el bosque por la cantidad de árboles que me lo ocultaban.

La vida no se termina cuando perdemos un empleo o cuando alguien nos quita algo; cuando un amor se separa o cuando alguien nos pone una piedra en el camino. Tendremos descensos que nos llevarán al valle, para poder iniciar la próxima escalada, o para enseñarnos que la vida en la planicie puede ser mejor que en las alturas. La vida no para cuando caemos, ni es mejor si nos quedamos lamentándonos, la vida sigue, y seremos parte de ella.

En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! Cuento completa mi experiencia de ese ascenso maravilloso, que no terminó en lo más alto, sino que aún continúa.

Cada día tropezaremos, pero un propósito de vida nos hará levantar rápidamente y nos invitará a convertir en experiencia el traspié, no importa que estemos subiendo o creamos que estamos bajando... una meta que nos guíe nos enseñará que siempre ascendemos en esta bella vida que hemos decidido vivir con intensidad.



Nos vemos en la próxima entrega.



© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.



e-mail: Diego@DiegoSosa.info

WEB: www.DiegoSosa.info



FRASE DE LA SEMANA

“No te preocupes ante una dificultad; mejor ocúpate de ella”.

Diego Sosa

Escritor, Consultor, Coach y Conferencista dominicano

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ?

¿POR QUÉ?

Quizás esta es la pregunta que podríamos llamar “donde todo comienza”. En muchos casos también “donde todo termina”. Es que los niños son muy curiosos y comienzan una etapa que hemos llamado la de los “¿por qué? Todos la conocemos y muchos hemos pasado por momento de desespero con algún sobrino, hijo o criatura allegada.
De adultos podemos volver a esa etapa, pero por lo general la experiencia de la infancia puede influir en ahogar esos deseos de seguir aprendiendo o de preguntar para hacer las cosas bien. Veremos primero el origen de la pregunta en los niños y luego la influencia que nos causa el tratamiento que nos han dado. Seguiremos con las consecuencias, y como siempre en mis artículos, al final, algunas recomendaciones para mejorar, en este caso la comunicación y la eficacia.
Los infantes preguntan por varias razones, entre las principales están: Para comparar lo que imaginan o han investigado, con lo que le puedan decir; Para poner en práctica sus habilidades lingüísticas; Para aprender.
Los niños no le preguntan mucho a cualquier persona, para aprender cuestionan a personas que ellos consideran que lo saben todos, principalmente a los padres. Por otro lado le hacen preguntas a personas que quieren poner a prueba; ellos ya tienen una información previa y preguntan nuevamente. Por eso es tan peligroso hablarles mentira.
Paso a los adultos, sin dejar fuera el niño que fuimos. Por lo regular muchos adultos nos desesperamos con los pequeños y les respondemos buscando una forma que evitar la próxima pregunta... ya sea con una rápida y tajante respuesta, esto hace que el pequeño pierda el deseo por seguir aprendiendo o demostrando lo que sabe; o si no sabemos la respuesta con una gran mentira. Esto hace que el día que el niño descubra la verdad, pierda la confianza en la persona y posiblemente en muchas respuestas. En ambos casos influenciamos al infante para que no haga preguntas, lo que posiblemente marque el resto de su vida. O sea, que por lo regular de adultos somos un espejo de nuestra niñez.
Llegar a una etapa de universidad y de trabajo sin la chispa del “¿por qué?” Puede llevarnos a cometer demasiados errores y a no avanzar en nuestro desarrollo profesional y personal. La duda es la madre del aprendizaje, el que no duda no busca más allá de lo aparente, no se preocupa por inventar la lámpara incandescente o el teléfono. El que no duda no consigue respuestas. El que no pregunta comete más errores y pierde más tiempo. Contrario a lo que muchas sociedades creen, el que pregunta no es el más tonto, sino el que más quiere aprender. Mientras que el que menos pregunta puede ser simplemente el que esconde sus dudas y se hace el sabio... ese es el que luego oculta los errores, interrumpe a los compañeros en procura de ayuda, busca a quien endosarle la culpa de lo que no hizo por no entender y por ende no hacer la pregunta pertinente. En definitiva, prefiero a los que no entienden y preguntan no importando aparentar tonto, que a los que se hacen los que entienden y parecen sabios.
Los que dirigen equipos tienen la posibilidad de hacer que sus colaboradores pregunten y se lleven la menor cantidad de dudas posibles. Una mirada eficaz puede descubrir dudas en los ojos de muchos, la gran diferencia en la ejecución de las órdenes la constituirá la forma de uno hacer que esa pregunta salga. Me gusta motivar a las preguntas y a las dudas, quizás porque odio la ineficacia por ser presumido y la ignorancia por el deseo muerto de seguir aprendiendo.
La etapa en que mis hijos preguntaban a todo “¿por qué?”, fue una de las que más he disfrutado, ellos me ponían a prueba y les aseguro que no siempre tenía las respuestas, como un día que el menor me preguntó que distancia había desde la orilla del mar hasta donde uno dejaba de ver el agua y comenzaba a ver el cielo. No tenía la respuesta, pero después de preguntarle a mis lectores, pude dársela. Creo que decirle que no lo sabía y conseguir la respuesta más tarde, me dio más credibilidad que haberle dicho alguna mentira que a la postre hubiese sido confirmada o lo hubiera hecho pasar vergüenza al defender una teoría inventada por un padre que se hizo pasar por sabio por no aceptar su ignorancia.
No paro de preguntar, no sólo “¿por qué?”, sino todo lo que puede interesarme y enriquecerme, lo que me hará menos ignorante, lo que me ayudará a resolver tareas o problemas. Preguntar es una forma fantástica que nos regala la comunicación. Responder preguntas es una manera extraordinaria de poner nuestro cerebro en movimiento... Entonces puedo concluir diciendo que “adoro las preguntas”.

Hasta la próxima entrega.



FRASE DE LA SEMANA
“¿Por qué? No es una pregunta, es una puerta a la sabiduría.”
Diego Sosa
Conferencista, Coach, Consultor y Escritor dominicano.

lunes, 30 de agosto de 2010

MI LUZ PROPIA


Cuando nacemos se dice que nuestras madres han alumbrado o han dado a luz. Creo que no hay cosa más real; ellas se encargan de traer al mundo una nueva lumbrera, una que iluminará durante muchos años, aún después de despedirse físicamente de este mundo.
Luego de unos meses los recién nacidos comenzamos a ser influenciados por el mundo exterior, y nuestra luz comienza a desvanecerse o a fortalecerse. La diferencia está en quién nos rodea o de quién nos rodeamos. Algunos tenemos “suerte” y otros “mala suerte”. Unos somos vistos como estrellas y nuestra luz interna alumbra cada día con más brillo, mientras a otros nos tapan con malos presagios, como colocándonos capas que van cubriendo nuestra luz.
La realidad es que creo que todos tenemos una luz propia, y como dice la canción, “nada la puede apagar”. Estoy convencido que todos brillamos en el firmamento y que depende de nosotros quitarnos esas cubiertas que familiares, amigos, no tan amigos y profesores han puesto sobre nosotros. Y las peores, las que nosotros mismos terminamos colocando para que el último rayito de luz no pueda salir.
Lo que pasa es que dependemos de nuestra autoestima... sí, esa que tanta falta nos hace; esa que nos lleva a parecer arrogantes cuando la tenemos; esa que es tan difícil mantener en equilibrio entre lo sumiso y lo pedante.
Diría que cada uno es una luz y no que tiene una luz. Creo que los niños deben ser influenciados para que desarrollen esa luz y no para que la oculten. Y los adultos que ya tenemos esa luz oculta, necesitamos vernos por dentro y sentir esa luz que quiere salir. Entonces podremos quitar esas capas que nos cubren.
Todos tenemos muchas cosas buenas, aunque en otras quizás no seamos los más desarrollados. Hablo de la realidad que “somos” y no de lo que “tenemos”. Y más aún, quiero que seamos conscientes de lo que podemos llegar a ser. Insisto: “ser”, no “tener”.
El principal inconveniente inicia con la comparación... sí, la malvada comparación. Desde niños nos comparan con los hermanos, los primos, los compañeros del colegio, los hijos de otros y hasta los niños que son o han sido famosos. ¿Y saben lo peor? Otros padres comparan a sus hijos con los nuestros... que paradoja. Y así crecemos y nos acostumbramos a compararnos con otros para sentirnos menos. Pero, ¿saben la realidad? En verdad no nos comparamos con otros, nos comparamos sólo con una parte de los otros. Sí, tomamos una parte buena de cada uno y la comparamos con la de nosotros y así vamos por la vida comparando y comparándonos con un ser humano perfecto, uno que no existe.
Es que un niño es bueno para las matemáticas y otro para el deporte; otro es bien educado y otro disciplinado; uno es cariñoso y otro es inteligente... pero no todos son todo. Sin embargo, queremos que nuestros hijos sean como todos ellos juntos (pero sólo las partes buenas de cada uno) y no como lo que son y pueden llegar a ser.
Así mismo, queremos nosotros ser mejor que lo mejor de muchas personas juntas y no nos concentramos en vivir lo que realmente somos y en conseguir ser cada día mejores.
Nos vemos la próxima semana.

© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.

e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info

FRASE DE LA SEMANA
“No quiero ser el mejor en todo, estoy feliz con ser cada día mejor que el anterior”.
Diego Sosa