“En ocasiones sentimos que la vida se estanca, que todo está en contra nuestra”. Nuestro presente lo consideramos una basura, no es el futuro que una vez planificamos, ni mucho menos creemos que la vida cambiará... “hasta llegamos a creer en la mala suerte”.
Los pensamientos negativos nos invaden y hasta nos ponemos depresivos. Tenemos momentos que no sabemos qué hacer y la tristeza se convierte en nuestra fiel acompañante.
La realidad es que hay momentos en nuestra vida que no hemos planificado y otros que nos han salido al contrario de lo que quisimos conseguir... eso no nos lo evitará nadie; no todo sale como queremos, y no todo estará en el momento preciso en el lugar indicado.
Lo bueno es que aprendemos más de las malas experiencias que de las buenas. Y la otra buena noticia es que nuestra vida depende más de lo que nosotros hagamos, que de lo que otros hacen. Nuestro presente es lo que tenemos y no podemos cambiarlo; pero ese estado dura tan poco tiempo, que es mejor concentrarse en construir el futuro.
Una conclusión lógica: el futuro es lo que podemos construir, y dependerá más de nosotros que de manos ajenas. ¿Quiere mejor noticia que esa? El futuro está en sus manos, y no sólo el futuro lejano, estamos hablando del mañana y del hoy.
“El mejor día que tienes es el que posees, EL HOY”. No hay que buscar muy lejos para empezar a construir la felicidad, es comenzar a disfrutar de “el día que hoy te han regalado”. No es una obsesión de los próximos diez años. El próximo segundo es el futuro... éste es el momento de darme cuenta de todo lo que tengo para ser feliz.
“Sonríe, que tu corazón se alegrará”. No es medirse con los demás lo que nos hará feliz o infeliz, es una propia decisión lo que nos dará el estado deseado. Hay millones de personas que están peor que nosotros, aunque existan millones que estén mejor. Eso no debe influir en nuestra felicidad... nuestra felicidad debe depender de nuestro interior, de lo que yo decido.
Muchas veces nos sujetamos al pasado y no queremos dar el paso que nos ayudará a modificar nuestro estado de insatisfacción; “suelta las amarras y hazte al mar, que nadie te cierre el camino. Corta las cuerdas que te atan al pasado y construye un futuro mejorado”.
La mayoría de los que no cambian, es porque se concentran en las ventajas de quedarse igual y sólo ven lo malo de mudar lo que tienen. Para hacerse cargo de los cambios hay un truco muy certero: “mira las ventajas de cambiar” y observa las desventajas de quedarte igual.
No dejes en manos ajenas lo más preciado, no pienses que el destino dicta lo que tendrás... al nacer te han dado las oportunidades y el libre albedrío, eso es para que tu elijas a qué lado girar al llegar a cada intersección de tu vida... así que: “toma el control de tu vida, esa será tu misión”.
Cada momento de nuestra vida es nuevo, cada instante nos pide una decisión, cada paso construye nuestro futuro, y cada cosa que nos pasa es la última vez que nos sucederá, lo que pasó ya es pasado. “En la vida todo ocurre por primera vez”. La canción la puede escuchar y bajarla en sus dos versiones en http://www.diegososa.info/sonrie/
Nos vemos la próxima semana, de seguro que con un futuro mejorado.
FRASE DE LA SEMANA
“Caminar hacia delante depende de ti; no dejes tu futuro en manos ajenas”.
Diego Sosa (1966 – )
Escritor, Coach, Conferencista y Consultor dominicano
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
Artículos de crecimiento personal y profesional. También los puedes encontrar en mi página www.diegososa.info al igual que mis libros.
viernes, 24 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
LEVANTARSE TRAS LA CAÍDA
Si fuera por lo que se ha filosofado al respecto, nadie quedaría en el piso cuando tiene un tropiezo. Sin embargo, podemos ver cómo mucha gente tarda en levantarse después de una caída, mientras otros se ocupan de cavar un hueco en el que pasarán el resto de sus vidas y otros simplemente se sacuden el polvo y siguen su trayecto.
En mi escalada al Pico Duarte, en la Rep. Dominicana, pude notar que hay diferentes caídas y diferentes actitudes ante estas. Al hacer un símil con la vida real, me pude dar cuenta de lo que nos pasa a los humanos en las diferentes situaciones.
Cuando iba subiendo tropecé en algunas ocasiones, pero el ímpetu no me dejaba quedarme lamentando el traspié, miraba al frente y con mucho ánimo y decisión seguía mi camino a la cima, olvidando rápidamente la piedra que me había hecho tropezar. En esas horas de regocijo que me ofreció la naturaleza, pude darme cuenta que las personas en el diario vivir actuamos de la misma forma, un traspié cuando estamos subiendo en nuestra carrera profesional, casi no duele, nos hace fuertes y nos motiva a conseguir el objetivo. Puede ser un revés en un deporte o en una conquista, pero por lo regular lamemos nuestras heridas y seguimos adelante con más fuerza.
En un momento casi me caigo en una bajada que me presento el ascenso. Y la vida es así, encontramos descensos cuando vamos subiendo, pero tampoco representan un gran obstáculo, la emoción de llegar a la meta era más poderosa que cualquier contratiempo que me pudiera llevar al piso.
Una vez alcanzada la cima, comenzó el descenso. En esta etapa conocería el piso con muchos detalles. Es que caemos más cuando estamos bajando que cuando ascendemos, por muchas razones. El caso es que en esas caídas el ánimo no subía, sino que me desmotivaba, tenía que ser fuerte para volver a pararme y mantener la cabeza en alto. Mi mente se ocupaba más de la caída que había pasado, que del camino que tenía por recorrer... es que para mí la meta estaba ya alcanzada y esto era simplemente el camino de regreso. Pero la ironía de la vida es que la cima no es la meta, sino el camino lo es. El objetivo no podía ser llegar arriba, sino hacer todo el camino.
En la vida vamos recorriendo un camino y cada caída nos representa algo, pude aprender que subiendo las caídas son fáciles de tratar y se olvidan con rapidez, porque tenemos un objetivo en mente. Mientras que cuando estamos en un momento de descenso, nuestra mente no tiene un propósito bien definido y eso nos hace quedarnos más tiempo en el piso y nos motiva a acomodarnos en lo más profundo del hueco que cavamos o que nos han cavado.
En medio de la lluvia que nos atrapó descendiendo y después de varias caídas, me tracé una nueva meta, que era terminar el viaje en el punto cero. Sí, es que mi mente había terminado el viaje al coronar el Caribe, cuando alcancé los 3,087 metros de altitud. Sin embargo, el disfrute no había terminado, la bajada no era un castigo, sino parte del paseo. Las condiciones no eran ideales, pero la naturaleza me brindaba tanto, pero yo no podía ver el bosque por la cantidad de árboles que me lo ocultaban.
La vida no se termina cuando perdemos un empleo o cuando alguien nos quita algo; cuando un amor se separa o cuando alguien nos pone una piedra en el camino. Tendremos descensos que nos llevarán al valle, para poder iniciar la próxima escalada, o para enseñarnos que la vida en la planicie puede ser mejor que en las alturas. La vida no para cuando caemos, ni es mejor si nos quedamos lamentándonos, la vida sigue, y seremos parte de ella.
En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! Cuento completa mi experiencia de ese ascenso maravilloso, que no terminó en lo más alto, sino que aún continúa.
Cada día tropezaremos, pero un propósito de vida nos hará levantar rápidamente y nos invitará a convertir en experiencia el traspié, no importa que estemos subiendo o creamos que estamos bajando... una meta que nos guíe nos enseñará que siempre ascendemos en esta bella vida que hemos decidido vivir con intensidad.
Nos vemos en la próxima entrega.
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
FRASE DE LA SEMANA
“No te preocupes ante una dificultad; mejor ocúpate de ella”.
Diego Sosa
Escritor, Consultor, Coach y Conferencista dominicano
En mi escalada al Pico Duarte, en la Rep. Dominicana, pude notar que hay diferentes caídas y diferentes actitudes ante estas. Al hacer un símil con la vida real, me pude dar cuenta de lo que nos pasa a los humanos en las diferentes situaciones.
Cuando iba subiendo tropecé en algunas ocasiones, pero el ímpetu no me dejaba quedarme lamentando el traspié, miraba al frente y con mucho ánimo y decisión seguía mi camino a la cima, olvidando rápidamente la piedra que me había hecho tropezar. En esas horas de regocijo que me ofreció la naturaleza, pude darme cuenta que las personas en el diario vivir actuamos de la misma forma, un traspié cuando estamos subiendo en nuestra carrera profesional, casi no duele, nos hace fuertes y nos motiva a conseguir el objetivo. Puede ser un revés en un deporte o en una conquista, pero por lo regular lamemos nuestras heridas y seguimos adelante con más fuerza.
En un momento casi me caigo en una bajada que me presento el ascenso. Y la vida es así, encontramos descensos cuando vamos subiendo, pero tampoco representan un gran obstáculo, la emoción de llegar a la meta era más poderosa que cualquier contratiempo que me pudiera llevar al piso.
Una vez alcanzada la cima, comenzó el descenso. En esta etapa conocería el piso con muchos detalles. Es que caemos más cuando estamos bajando que cuando ascendemos, por muchas razones. El caso es que en esas caídas el ánimo no subía, sino que me desmotivaba, tenía que ser fuerte para volver a pararme y mantener la cabeza en alto. Mi mente se ocupaba más de la caída que había pasado, que del camino que tenía por recorrer... es que para mí la meta estaba ya alcanzada y esto era simplemente el camino de regreso. Pero la ironía de la vida es que la cima no es la meta, sino el camino lo es. El objetivo no podía ser llegar arriba, sino hacer todo el camino.
En la vida vamos recorriendo un camino y cada caída nos representa algo, pude aprender que subiendo las caídas son fáciles de tratar y se olvidan con rapidez, porque tenemos un objetivo en mente. Mientras que cuando estamos en un momento de descenso, nuestra mente no tiene un propósito bien definido y eso nos hace quedarnos más tiempo en el piso y nos motiva a acomodarnos en lo más profundo del hueco que cavamos o que nos han cavado.
En medio de la lluvia que nos atrapó descendiendo y después de varias caídas, me tracé una nueva meta, que era terminar el viaje en el punto cero. Sí, es que mi mente había terminado el viaje al coronar el Caribe, cuando alcancé los 3,087 metros de altitud. Sin embargo, el disfrute no había terminado, la bajada no era un castigo, sino parte del paseo. Las condiciones no eran ideales, pero la naturaleza me brindaba tanto, pero yo no podía ver el bosque por la cantidad de árboles que me lo ocultaban.
La vida no se termina cuando perdemos un empleo o cuando alguien nos quita algo; cuando un amor se separa o cuando alguien nos pone una piedra en el camino. Tendremos descensos que nos llevarán al valle, para poder iniciar la próxima escalada, o para enseñarnos que la vida en la planicie puede ser mejor que en las alturas. La vida no para cuando caemos, ni es mejor si nos quedamos lamentándonos, la vida sigue, y seremos parte de ella.
En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! Cuento completa mi experiencia de ese ascenso maravilloso, que no terminó en lo más alto, sino que aún continúa.
Cada día tropezaremos, pero un propósito de vida nos hará levantar rápidamente y nos invitará a convertir en experiencia el traspié, no importa que estemos subiendo o creamos que estamos bajando... una meta que nos guíe nos enseñará que siempre ascendemos en esta bella vida que hemos decidido vivir con intensidad.
Nos vemos en la próxima entrega.
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
FRASE DE LA SEMANA
“No te preocupes ante una dificultad; mejor ocúpate de ella”.
Diego Sosa
Escritor, Consultor, Coach y Conferencista dominicano
lunes, 6 de septiembre de 2010
¿POR QUÉ?
¿POR QUÉ?
Quizás esta es la pregunta que podríamos llamar “donde todo comienza”. En muchos casos también “donde todo termina”. Es que los niños son muy curiosos y comienzan una etapa que hemos llamado la de los “¿por qué? Todos la conocemos y muchos hemos pasado por momento de desespero con algún sobrino, hijo o criatura allegada.
De adultos podemos volver a esa etapa, pero por lo general la experiencia de la infancia puede influir en ahogar esos deseos de seguir aprendiendo o de preguntar para hacer las cosas bien. Veremos primero el origen de la pregunta en los niños y luego la influencia que nos causa el tratamiento que nos han dado. Seguiremos con las consecuencias, y como siempre en mis artículos, al final, algunas recomendaciones para mejorar, en este caso la comunicación y la eficacia.
Los infantes preguntan por varias razones, entre las principales están: Para comparar lo que imaginan o han investigado, con lo que le puedan decir; Para poner en práctica sus habilidades lingüísticas; Para aprender.
Los niños no le preguntan mucho a cualquier persona, para aprender cuestionan a personas que ellos consideran que lo saben todos, principalmente a los padres. Por otro lado le hacen preguntas a personas que quieren poner a prueba; ellos ya tienen una información previa y preguntan nuevamente. Por eso es tan peligroso hablarles mentira.
Paso a los adultos, sin dejar fuera el niño que fuimos. Por lo regular muchos adultos nos desesperamos con los pequeños y les respondemos buscando una forma que evitar la próxima pregunta... ya sea con una rápida y tajante respuesta, esto hace que el pequeño pierda el deseo por seguir aprendiendo o demostrando lo que sabe; o si no sabemos la respuesta con una gran mentira. Esto hace que el día que el niño descubra la verdad, pierda la confianza en la persona y posiblemente en muchas respuestas. En ambos casos influenciamos al infante para que no haga preguntas, lo que posiblemente marque el resto de su vida. O sea, que por lo regular de adultos somos un espejo de nuestra niñez.
Llegar a una etapa de universidad y de trabajo sin la chispa del “¿por qué?” Puede llevarnos a cometer demasiados errores y a no avanzar en nuestro desarrollo profesional y personal. La duda es la madre del aprendizaje, el que no duda no busca más allá de lo aparente, no se preocupa por inventar la lámpara incandescente o el teléfono. El que no duda no consigue respuestas. El que no pregunta comete más errores y pierde más tiempo. Contrario a lo que muchas sociedades creen, el que pregunta no es el más tonto, sino el que más quiere aprender. Mientras que el que menos pregunta puede ser simplemente el que esconde sus dudas y se hace el sabio... ese es el que luego oculta los errores, interrumpe a los compañeros en procura de ayuda, busca a quien endosarle la culpa de lo que no hizo por no entender y por ende no hacer la pregunta pertinente. En definitiva, prefiero a los que no entienden y preguntan no importando aparentar tonto, que a los que se hacen los que entienden y parecen sabios.
Los que dirigen equipos tienen la posibilidad de hacer que sus colaboradores pregunten y se lleven la menor cantidad de dudas posibles. Una mirada eficaz puede descubrir dudas en los ojos de muchos, la gran diferencia en la ejecución de las órdenes la constituirá la forma de uno hacer que esa pregunta salga. Me gusta motivar a las preguntas y a las dudas, quizás porque odio la ineficacia por ser presumido y la ignorancia por el deseo muerto de seguir aprendiendo.
La etapa en que mis hijos preguntaban a todo “¿por qué?”, fue una de las que más he disfrutado, ellos me ponían a prueba y les aseguro que no siempre tenía las respuestas, como un día que el menor me preguntó que distancia había desde la orilla del mar hasta donde uno dejaba de ver el agua y comenzaba a ver el cielo. No tenía la respuesta, pero después de preguntarle a mis lectores, pude dársela. Creo que decirle que no lo sabía y conseguir la respuesta más tarde, me dio más credibilidad que haberle dicho alguna mentira que a la postre hubiese sido confirmada o lo hubiera hecho pasar vergüenza al defender una teoría inventada por un padre que se hizo pasar por sabio por no aceptar su ignorancia.
No paro de preguntar, no sólo “¿por qué?”, sino todo lo que puede interesarme y enriquecerme, lo que me hará menos ignorante, lo que me ayudará a resolver tareas o problemas. Preguntar es una forma fantástica que nos regala la comunicación. Responder preguntas es una manera extraordinaria de poner nuestro cerebro en movimiento... Entonces puedo concluir diciendo que “adoro las preguntas”.
Hasta la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“¿Por qué? No es una pregunta, es una puerta a la sabiduría.”
Diego Sosa
Conferencista, Coach, Consultor y Escritor dominicano.
Quizás esta es la pregunta que podríamos llamar “donde todo comienza”. En muchos casos también “donde todo termina”. Es que los niños son muy curiosos y comienzan una etapa que hemos llamado la de los “¿por qué? Todos la conocemos y muchos hemos pasado por momento de desespero con algún sobrino, hijo o criatura allegada.
De adultos podemos volver a esa etapa, pero por lo general la experiencia de la infancia puede influir en ahogar esos deseos de seguir aprendiendo o de preguntar para hacer las cosas bien. Veremos primero el origen de la pregunta en los niños y luego la influencia que nos causa el tratamiento que nos han dado. Seguiremos con las consecuencias, y como siempre en mis artículos, al final, algunas recomendaciones para mejorar, en este caso la comunicación y la eficacia.
Los infantes preguntan por varias razones, entre las principales están: Para comparar lo que imaginan o han investigado, con lo que le puedan decir; Para poner en práctica sus habilidades lingüísticas; Para aprender.
Los niños no le preguntan mucho a cualquier persona, para aprender cuestionan a personas que ellos consideran que lo saben todos, principalmente a los padres. Por otro lado le hacen preguntas a personas que quieren poner a prueba; ellos ya tienen una información previa y preguntan nuevamente. Por eso es tan peligroso hablarles mentira.
Paso a los adultos, sin dejar fuera el niño que fuimos. Por lo regular muchos adultos nos desesperamos con los pequeños y les respondemos buscando una forma que evitar la próxima pregunta... ya sea con una rápida y tajante respuesta, esto hace que el pequeño pierda el deseo por seguir aprendiendo o demostrando lo que sabe; o si no sabemos la respuesta con una gran mentira. Esto hace que el día que el niño descubra la verdad, pierda la confianza en la persona y posiblemente en muchas respuestas. En ambos casos influenciamos al infante para que no haga preguntas, lo que posiblemente marque el resto de su vida. O sea, que por lo regular de adultos somos un espejo de nuestra niñez.
Llegar a una etapa de universidad y de trabajo sin la chispa del “¿por qué?” Puede llevarnos a cometer demasiados errores y a no avanzar en nuestro desarrollo profesional y personal. La duda es la madre del aprendizaje, el que no duda no busca más allá de lo aparente, no se preocupa por inventar la lámpara incandescente o el teléfono. El que no duda no consigue respuestas. El que no pregunta comete más errores y pierde más tiempo. Contrario a lo que muchas sociedades creen, el que pregunta no es el más tonto, sino el que más quiere aprender. Mientras que el que menos pregunta puede ser simplemente el que esconde sus dudas y se hace el sabio... ese es el que luego oculta los errores, interrumpe a los compañeros en procura de ayuda, busca a quien endosarle la culpa de lo que no hizo por no entender y por ende no hacer la pregunta pertinente. En definitiva, prefiero a los que no entienden y preguntan no importando aparentar tonto, que a los que se hacen los que entienden y parecen sabios.
Los que dirigen equipos tienen la posibilidad de hacer que sus colaboradores pregunten y se lleven la menor cantidad de dudas posibles. Una mirada eficaz puede descubrir dudas en los ojos de muchos, la gran diferencia en la ejecución de las órdenes la constituirá la forma de uno hacer que esa pregunta salga. Me gusta motivar a las preguntas y a las dudas, quizás porque odio la ineficacia por ser presumido y la ignorancia por el deseo muerto de seguir aprendiendo.
La etapa en que mis hijos preguntaban a todo “¿por qué?”, fue una de las que más he disfrutado, ellos me ponían a prueba y les aseguro que no siempre tenía las respuestas, como un día que el menor me preguntó que distancia había desde la orilla del mar hasta donde uno dejaba de ver el agua y comenzaba a ver el cielo. No tenía la respuesta, pero después de preguntarle a mis lectores, pude dársela. Creo que decirle que no lo sabía y conseguir la respuesta más tarde, me dio más credibilidad que haberle dicho alguna mentira que a la postre hubiese sido confirmada o lo hubiera hecho pasar vergüenza al defender una teoría inventada por un padre que se hizo pasar por sabio por no aceptar su ignorancia.
No paro de preguntar, no sólo “¿por qué?”, sino todo lo que puede interesarme y enriquecerme, lo que me hará menos ignorante, lo que me ayudará a resolver tareas o problemas. Preguntar es una forma fantástica que nos regala la comunicación. Responder preguntas es una manera extraordinaria de poner nuestro cerebro en movimiento... Entonces puedo concluir diciendo que “adoro las preguntas”.
Hasta la próxima entrega.
FRASE DE LA SEMANA
“¿Por qué? No es una pregunta, es una puerta a la sabiduría.”
Diego Sosa
Conferencista, Coach, Consultor y Escritor dominicano.
lunes, 30 de agosto de 2010
MI LUZ PROPIA

Cuando nacemos se dice que nuestras madres han alumbrado o han dado a luz. Creo que no hay cosa más real; ellas se encargan de traer al mundo una nueva lumbrera, una que iluminará durante muchos años, aún después de despedirse físicamente de este mundo.
Luego de unos meses los recién nacidos comenzamos a ser influenciados por el mundo exterior, y nuestra luz comienza a desvanecerse o a fortalecerse. La diferencia está en quién nos rodea o de quién nos rodeamos. Algunos tenemos “suerte” y otros “mala suerte”. Unos somos vistos como estrellas y nuestra luz interna alumbra cada día con más brillo, mientras a otros nos tapan con malos presagios, como colocándonos capas que van cubriendo nuestra luz.
La realidad es que creo que todos tenemos una luz propia, y como dice la canción, “nada la puede apagar”. Estoy convencido que todos brillamos en el firmamento y que depende de nosotros quitarnos esas cubiertas que familiares, amigos, no tan amigos y profesores han puesto sobre nosotros. Y las peores, las que nosotros mismos terminamos colocando para que el último rayito de luz no pueda salir.
Lo que pasa es que dependemos de nuestra autoestima... sí, esa que tanta falta nos hace; esa que nos lleva a parecer arrogantes cuando la tenemos; esa que es tan difícil mantener en equilibrio entre lo sumiso y lo pedante.
Diría que cada uno es una luz y no que tiene una luz. Creo que los niños deben ser influenciados para que desarrollen esa luz y no para que la oculten. Y los adultos que ya tenemos esa luz oculta, necesitamos vernos por dentro y sentir esa luz que quiere salir. Entonces podremos quitar esas capas que nos cubren.
Todos tenemos muchas cosas buenas, aunque en otras quizás no seamos los más desarrollados. Hablo de la realidad que “somos” y no de lo que “tenemos”. Y más aún, quiero que seamos conscientes de lo que podemos llegar a ser. Insisto: “ser”, no “tener”.
El principal inconveniente inicia con la comparación... sí, la malvada comparación. Desde niños nos comparan con los hermanos, los primos, los compañeros del colegio, los hijos de otros y hasta los niños que son o han sido famosos. ¿Y saben lo peor? Otros padres comparan a sus hijos con los nuestros... que paradoja. Y así crecemos y nos acostumbramos a compararnos con otros para sentirnos menos. Pero, ¿saben la realidad? En verdad no nos comparamos con otros, nos comparamos sólo con una parte de los otros. Sí, tomamos una parte buena de cada uno y la comparamos con la de nosotros y así vamos por la vida comparando y comparándonos con un ser humano perfecto, uno que no existe.
Es que un niño es bueno para las matemáticas y otro para el deporte; otro es bien educado y otro disciplinado; uno es cariñoso y otro es inteligente... pero no todos son todo. Sin embargo, queremos que nuestros hijos sean como todos ellos juntos (pero sólo las partes buenas de cada uno) y no como lo que son y pueden llegar a ser.
Así mismo, queremos nosotros ser mejor que lo mejor de muchas personas juntas y no nos concentramos en vivir lo que realmente somos y en conseguir ser cada día mejores.
Nos vemos la próxima semana.
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
FRASE DE LA SEMANA
“No quiero ser el mejor en todo, estoy feliz con ser cada día mejor que el anterior”.
Diego Sosa
martes, 24 de agosto de 2010
¿Y DE MI CARRERA QUÉ?

Siempre queremos crecer en nuestra carrera profesional… el principal problema es que el puesto que está encima del nuestro no tiene las mismas tareas. Entonces llega el momento de pensar que la preparación para un nuevo puesto conlleva aprender cosas que no nos servirán para lo que hoy hacemos.
Parece un trabalenguas, pero lo que quiero decir es que prepararse para el futuro conlleva una visión de futuro. Si soy un buen gerente, tengo que aprender cosas para ser un buen director, no sólo para ser un excelente gerente. Así mismo los que promueven al personal deben fijarse en las posibilidades que tiene ese gerente de ser un buen director, y no de ser el mejor de los gerentes.
Las empresas tienen que preparar a los futuros directores, y no estar siempre preparando las personas sólo para que sean excelentes en sus propios puestos… eso sólo llevará a inconformidad en un futuro. Siempre recomiendo tener un grupo reconocido y elegido para desempeñar funciones de mando en un futuro, con un programa de preparación y adiestramiento especial para los que en un futuro dirigirán la empresa.
Una de las principales atribuciones de los cargos más altos es que tendrá que comandar personas... si piensa asumir posiciones de mando, lo primero que tiene que trabajar son sus relaciones humanas, entonces tendrá la piedra angular para ser un líder, característica indispensable de toda gestión de dirección.
Muchas veces conseguimos el máximo de nuestra competencia en un puesto y al no prepararnos para pasar al próximo peldaño, pasamos de ser un excelente colaborador a un inepto director. Posiblemente en ese puesto pasemos el resto de nuestra vida, será el puesto que encontró el límite de nuestra capacidad.
El problema de muchas empresas estriba en que van subiendo personas por sistema de escalafón y se llenan de buenas personas en puestos equivocados. Lo que nos trae una inoperancia parcial en la empresa. Sin embargo, no reconocer el esfuerzo de un excelente trabajador traerá desmotivación por parte de quien desempeña su trabajo con niveles de excelencia, por ver parado su crecimiento.
El truco no es dejar a cada cual donde está bien, sino prepararlo para donde se merece estar, pero seguirlo preparando hasta que llegue a un nivel de excelencia superior en ese nuevo puesto. Aunque necesitamos prepararnos para perder excelentes colaboradores, esto es así porque la empresa nunca tendrá suficientes puestos para promover a todos a una jerarquía superior, recordemos que el sistema de las empresas es piramidal.
El éxito de una empresa está en formar y dejar ir personal motivado en cuanto a esperanzas de futuro. Alguien que se pasa la vida en un puesto es un estorbo para el crecimiento de muchos, además, es difícil mantenerlo motivado, y como si eso fuera poco, cada año esa posición es más cara. En la rotación del personal puede estar el éxito de la profesionalidad de la empresa.
Me despido recomendándoles que siempre piensen en el próximo paso en su carrera, prepárese para que cuando se busque alguien para cubrir un puesto superior, sea usted el capacitado y no el por capacitar, así tendrá mejores probabilidades. Pero no olvide que para ser tomado en cuenta, usted tiene que cubrir las expectativas del puesto que hoy desempeña.
FRASE DE LA SEMANA
“El que espera ayuda para subir una escalera, llega detrás del que decide subirla por su propio esfuerzo... si es que llega”.
Diego Sosa
Consultor, Conferencista, Coach y Escritor dominicano
SI QUIERES ESCUCHAR ESTE ARTÍCULO, ESTÁ COMO POCASTE EN http://sosadiego.podbean.com/
martes, 10 de agosto de 2010
LO HARE CUANDO...

...termine la universidad; ...me case; ...tenga hijos; ...los niños crezcan; ...me retire... ¡Oh, ya es demasiado tarde, no lo hice!
Tampoco creo en la temática de “la vida es ahora” como quieren hacernos creer, esa no intenta hacernos vivir el presente, sino el futuro por adelantado.
La cuestión es que no queremos vivir el presente que tenemos y posponemos el futuro, pero no le ponemos una fecha para vivirlo. Si quiere realmente hacer o tener algo, entonces tendrá que ponérselo como propósito... tendrá que visualizarlo y decir que eso es lo que quiere y que lo logrará.
Hasta aquí vamos bien, pero solo visualizarlo y decirlo no nos hará conseguirlo. Llegó el momento de convertir el propósito en una meta, porque sin una fecha determinada para realizar su propósito, nunca será incluido dentro de sus triunfos. Decida cuándo quiere alcanzarlo y anótelo en un lugar que no se borre.
Muy bien, ¿cree entonces que lo logró? Pues le digo que si lo deja hasta ahí, no ha hecho casi nada; llegará el día anotado y sólo le quedará borrar la fecha y poner otra... la que volverá a borrar cuando llegue. Hay que proseguir. Lo siguiente será hacer un plan para llegar a su meta. Tome una hoja y comience a anotar lo que necesita para llegar; por ejemplo, si es para estudiar una carrera o maestría, necesitará dinero, ¿de dónde lo sacará? Necesitará tiempo para asistir a las clases o estudiar, ¿lo tiene o lo consigue? Y así, listar y analizar cada una de las variables que harán posible que su meta se convierta en realidad.
Ahora podrá escribir una fecha más real, tiene las variables bajo control y sabe cuándo comenzará a hacer cosas. Esas variables pasan a su agenda y, cuando llegue el día, comenzarán a ser ejecutadas. Siguiendo el ejemplo, quizás hoy tenga que llamar a la universidad para saber cuándo comienzan las inscripciones para la maestría y los requisitos. Entonces ya tiene una tarea para hoy, si no la pone en su agenda, se le puede pasar el día, o puede llegar el día de la inscripción y usted no haber reunido el dinero o los documentos necesarios.
En mi libro ¡Alcanza la Cumbre! cuento la experiencia de haber subido al Pico Duarte (3,085 msnm, en la Rep. Dominicana). Este era un propósito, lo convertí en meta y entrené para disfrutar el camino. Muchos lo tienen como propósito, pero se encuentran con el día de emprender el ascenso y simplemente maldicen 19 Km de subida y los 23 del regreso. Porque no hicieron, ni ejecutaron, un plan... no disfrutaron el camino.
Volviendo a la parte de vivir el futuro por adelantado, lo que quiero decir es que adelantar los gustos pagando más tarde, sólo es recibir antes algo que puedo tener dentro de un mes. Sí, un mes, tan simple como eso. Bueno, algunos dirán que pueden pagar luego en cuotas, la mala noticia es que el que vive por adelantado paga más. Es simplemente prever gastos y poner a un lado lo del gusto futuro, así dispondrá de más para disfrutar.
Para terminar, vivir el presente con felicidad es lo que se llama ser feliz. Recuerde que el presente no es más que el futuro del pasado, es lo que usted construyó, bien o mal, es lo único que tiene. Y mejor que eso, la mayoría de las cosas que nos hacen felices no se compran, sólo “para lo demás...”.
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
FRASE DE LA SEMANA
“Soy feliz con mi hoy, porque lo construí con mis acciones del ayer... es mi gran éxito y orgullo”.
Diego Sosa
Escritor, Consultor, Coach y Conferencista dominicano
lunes, 2 de agosto de 2010
¿ROMPER PARADIGMAS?

En estos últimos meses he vuelto a escuchar con frecuencia un tema que se puso muy de moda al final de los años noventa y que sirvió para consultores hacer mucho dinero en los primeros años de este siglo. “Romper Paradigmas” es una frase qué se le ha dado un significado en sicología y administración, pero que con su etimología no tiene nada que ver ya que un Paradigma no es más que un ejemplo.
Esta filosofía que se quiso imponer ya hace más de una década, no dio resultados positivos duraderos. Los consultores hicieron un trabajo, cambiaron todo... lo que no resultó fue “culpa” de los que no quisieron adaptarse a los cambios. Al final le dejaron el problema a los que quedaron. Estos fueron los que llevaron la empresa hasta donde estaba, los que la hicieron crecer y los que la convirtieron en grande e importante antes que a alguien se le ocurriera la genial idea de que había que cambiarlo todo, como que todo lo que se había hecho estaba mal.
Llegué a escuchar hasta barbaridades como: “Hay que aprender a desaprender lo aprendido”. Es tan absurdo todo el proceso, que le piden a las personas que se olviden de todo, que sean personas nuevas, que rompan paradigmas y esquemas, pero que acepten lo que se les está dando como la verdad más absoluta de las verdades, o sea, un nuevo y enorme paradigma. No entiendo, si debo ser revolucionario, ¿entonces debo cuestionar también lo que se me está ofreciendo? La verdad fue que cada una de esas teorías no pudo sobrevivir más de media década.
La realidad es que las empresas llegan a un punto y cuando quieren crecer más lo ideal no es cambiar, sino evolucionar. Por lo que invito siempre a mis clientes a un proceso evolutivo y no de cambio. Y ese proceso es constante.
Por lo visto, después de la crisis financiera mundial (en gran parte causada por esos procesos de cambio ideados por los consultores) se está tratando de volver a vender lo mismo que hace una década se implementó y ya estamos seguros que no funcionaba. Es que un proceso de cambio le quita la motivación a los que han logrado hacer una gran empresa, porque le quita valor a lo que se ha logrado. Mientras que un proceso evolutivo le otorga los méritos a los colaboradores y a los clientes, logrando un integración y colaboración.
Ya vi como las empresas gastaron sumas impresionantes en un proceso de cambio y al final buscaron charlistas para subirles la motivación a los colaboradores... entonces estaba claro que el proceso estaba hecho sin considerar lo más importante de una empresa, su personal. Como se dice popularmente en el área rural, “son lo último que mete la vaca al monte”. O sea, al final hay que tratar de contar con ellos.
Ya por mis escritos y libros las personas saben que no creo en la motivación externa, sólo erijo la automotivación. Muchas veces quieren que me pare frente a cientos de personas a decirles que sí se puede y a pintarles pajaritos en el aire, como que eso funcionará para que las personas acepten todo lo que se les quiere imponer. A lo que me rehúso, porque sé que la motivación sólo dura cuando el individuo puede cubrir necesidades internas... sólo una motivación interior puede mantener el fuego encendido por mucho tiempo... aunque desde fuera necesite un viento que avive las brazas de vez en cuando.
¿Qué podrá hacer el que le toque vivir nuevamente estas viejas e inoperantes teorías? En mi tierra hay un dicho que reza: “Amarre el caballo donde el dueño le diga, aunque se ahorque”.
Sí, ya sé... no es tan fácil, existen sentimientos que entran en juego. Pues le digo que lo único que le servirá es buscar una cajita de lo más bonita, abrirla y guardar esos bellos sentimientos que tiene hacia la empresa y sus clientes; pronto los necesitará nuevamente, por eso tienen que estar muy bien guardados. Si trata de utilizarlos ahora, por lo regular sufrirá mucho, llegará agotado a su casa (cuando lo dejen llegar) y su familia sufrirá más.
Tomar el proceso sin emociones es la mejor recomendación que le puedo dar, recuerde que buscarán un chivo expiatorio... porque los que venden la idea y los que las compran, “no son responsables” de la inoperancia de la misma, sino los que se enfrentan a la realidad. Si sus emociones entran en juego, posiblemente usted salga de él.
Si está parado en la estación del tren, cuando el vagón abra las puertas tendrá dos opciones, o entra, o ya sabe que sólo llegará más tarde. Disfrute lo nuevo aunque en apariencia no tenga nada para disfrutar, las cosas nuevas sólo son eso, algo nuevo; a lo viejo no regresará. Cada día nos regalan 24 horas, cada semana 7 días... Vamos a vivirlos, la cuenta sigue abierta.
Nos vemos en la próxima entrega.
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor, Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
FRASE DE LA SEMANA
“Romper paradigmas no es más que crear nuevos paradigmas; qué dilema”.
Diego Sosa
Escritor, Coach y Conferencista dominicano
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


